
The King I serve


En la Navidad del 2000, Elizabeth II, como cada año desde el inicio de su reinado, se dirigió a la nación en estos términos:
«La Navidad es el cumpleaños tradicional, si no el real, de un hombre que estaba destinado a cambiar el curso de nuestra historia. Y hoy estamos celebrando el hecho de que Jesucristo nació hace dos mil años; este es el verdadero aniversario del Milenio.
Los simples hechos de la vida de Jesús nos dan pocas pistas sobre la influencia que iba a tener en el mundo. De niño aprendió el oficio de carpintero. Luego se convirtió en predicador y reclutó a doce seguidores para que lo ayudaran.
Pero su ministerio solo duró unos pocos años y él mismo nunca escribió nada. Cuando tenía poco más de treinta años, fue arrestado, torturado y crucificado con dos criminales. Su muerte pudo haber sido el final de la historia, pero luego vino la resurrección y con ella el fundamento de la fe cristiana.
Incluso en nuestra era material, el impacto de la vida de Cristo está a nuestro alrededor. Si quieres ver una expresión de la fe cristiana, solo tienes que mirar nuestras imponentes catedrales y abadías, escuchar su música o mirar sus vidrieras, sus libros y sus cuadros.
Pero la verdadera medida de la influencia de Cristo no está sólo en la vida de los santos, sino también en las buenas obras realizadas silenciosamente por millones de hombres y mujeres día tras día a lo largo de los siglos.
Muchos se habrán sentido inspirados por la sencilla pero poderosa enseñanza de Jesús: ama a Dios y ama a tu prójimo como a ti mismo; en otras palabras, trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti. Su gran énfasis fue dar a la espiritualidad un propósito práctico.
Ya sea que creamos en Dios o no, creo que la mayoría de nosotros tenemos un sentido de lo espiritual, ese reconocimiento de un significado y propósito más profundos en nuestras vidas, y creo que este sentido florece a pesar de las presiones de nuestro mundo.
Esta espiritualidad se puede ver en las enseñanzas de otras grandes religiones. Por supuesto que la religión puede dividir, pero la Biblia, el Corán y los textos sagrados de judíos e hindúes, budistas y sikhs, son fuentes de inspiración divina y guía práctica que se transmiten de generación en generación.
Para muchos de nosotros, nuestras creencias tienen una importancia fundamental. Para mí, las enseñanzas de Cristo y mi propia responsabilidad personal ante Dios proporcionan un marco en el que trato de llevar mi vida. Yo, como muchos de vosotros, he obtenido un gran consuelo en tiempos difíciles de las palabras y el ejemplo de Cristo.
Creo que el mensaje cristiano, en las palabras de una bendición familiar, sigue siendo profundamente importante para todos nosotros:
“Id en paz por el mundo,
tened buen ánimo,
retened lo bueno,
no devolváis a nadie mal por mal,
fortaleced a los pusilánimes,
sostén a los débiles,
ayuda a los afligidos,
honra a todos los hombres”.
Es un mensaje simple de compasión… y, sin embargo, tan poderoso como siempre hoy, dos mil años después del nacimiento de Cristo.»

Va uno y me dice que es que ya nadie se arrodilla en Misa. ¡Y mira! ¡En Covadonga! ¡Este verano! ¡Jóvenes en peregrinación a Santiago de Compostela!

«Qualcuno, qui in Curia, mi ha definito una figura insignificante. Non è una scoperta. Io l’ho sempre saputo e Nostro Signore prima di me. Non sono stato io a voler diventare Papa. Io, come Albino Luciani, sono una ciabatta rotta, ma come Giovanni Paolo I è Dio che opera in me» (Giovanni Paolo I)
[Alguno, aquí en la Curia, me ha definido como una figura insignificante. No es un descubrimiento. Yo lo he sabido siempre y Nuestro Señor antes que yo. No he sido yo el que ha querido llegar a ser Papa. Yo, como Albino Luciani, soy una zapatilla rota, pero como Juan Pablo I es Dios quien obra en mí]
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«Stammi ancor vicino, Signore. Tieni la tua mano sul mio capo, ma fa che anch’io tenga il capo sotto la tua mano. Prendimi come sono, con i miei difetti, con i miei peccati, ma fammi diventare come tu desideri e come anch’io desidero»
[Estate junto a mí, Señor. Mantén tu mano sobre mi cabeza, pero haz que también yo mantenga mi cabeza bajo tu mano. Tómame como soy, con mis defectos, con mis pecados, pero haz que llegue a ser como deseas Tú y también yo]

Escudo cardenalicio de Albino Luciani
En el diario «El Mundo» de hoy (4 de septiembre de 2022), Karen Armstrong, experta en el entendimiento entre las tres grandes religiones monoteístas, asesora de la ONU, miembro del grupo de expertos de la Alianza de Civilizaciones, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2017 y ex monja de clausura, confiesa que no sabe que el Papa Francisco haya hablado sobre ecología y medio ambiente. Extraño, ¿no?


La inigualable Venecia es, en estos días, escenario de la “Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica”, que, tras haber tenido un exitoso inicio en 1932, ha llegado, en el presente año, a su septuagésima novena edición.
Los galardonados recibirán una figurilla de un león, que es el símbolo del evangelista san Marcos y que la ciudad de los canales exhibe como emblema, con la leyenda: “Pax tibi, Marce, evangelista meus”. En el otro festival internacional de cine, el de Cannes, a los premiados se les entrega una palma, que es el emblema de la abadía cisterciense de Lérins.
Como puede apreciarse, lo de apropiarse de unos símbolos de origen cristiano, tratar de eliminar cualquier elemento que indique esa procedencia y desfigurarlos con nuevos diseños, hasta que, después de estropearlos, no se sepa qué son realmente, es un modo de proceder ya tipificado en la taxonomía de las ideologías resignificadoras. Solo que, al final, no logran que la desnaturalización cuele del todo, pues nunca ha de faltar quién haga cuanto esté en su mano para que no se olvide la matriz de proveniencia.
En Venecia, la obra verdaderamente monumental es la Basílica de San Marcos. No muy grande, en cuanto a la superficie del templo, pero magnífica en su conjunto. En la fachada de un edificio anejo a San Marcos hay dos placas en las que se rinde homenaje a dos patriarcas que moraron en él: Angelo Giuseppe Roncalli y Albino Luciani.
El primero salió para el cónclave romano en 1958 y ya se quedó a vivir en el Vaticano. Adoptó el nombre de Juan XXIII. Al segundo, en 1978, le sucedió lo mismo. Éste eligió el nombre de Juan Pablo I. El primero fue beatificado en 2000 y canonizado en 2014. El segundo será beatificado hoy.
De Albino Luciani se dice en la inscripción de la arriba mencionada lápida: «En esta sede patriarcal, el cardenal Albino Luciani vivió, gobernando su grey con bondad y operosa humildad, de 1970 a 1978, cuando, elegido Papa Juan Pablo I, durante treinta y tres días como Padre y Maestro universal abrió el camino hacia una nueva esperanza».
Aunque su pontificado romano fue breve («magis ostentus quam datus»), ni la Iglesia ni el mundo han podido olvidar su bondad y su humildad a lo largo de los cuarenta y cuatro años transcurridos desde su muerte. Y especialmente en las diócesis vénetas en las que ejerció su ministerio sacerdotal y episcopal. Fue precisamente su diócesis natal, Belluno, la que abrió, cuando debería haber sido el Vaticano el que la iniciase, la investigación sobre la vida, las virtudes y la fama de santidad de Albino Luciani.
De las cosas que he leído acerca de él, hay una que me ha parecido particularmente interesante y que da una idea de cómo era el amor que sentía por los sacerdotes. Y es ésta: A mediados de los años 70, un periodista le hizo una entrevista para una publicación local. Luciani era patriarca de Venecia. Y muchísimos sacerdotes abandonaban por entonces el ministerio. El periodista va y le pregunta:
«Patriarca serenísimo, ¿qué siente Usted ante los sacerdotes que fallan, caen o desean dejar el ministerio? ¿cómo se comporta Usted?». Y Luciani respondió: «¿Ve Usted esos vasos que hay sobre el aparador? ¿de quién son?». El periodista contestó: «Suyos, Eminencia». Prosiguió el patriarca: «Y si uno de esos vasos cae y se rompe, ¿de quién son los fragmentos?». «Siempre suyos, Eminencia», replicó el entrevistador. «Pues bien, los sacerdotes, arreglados o rotos, ¡son siempre míos!», concluyó Albino Luciani.
Y si esta conversación del patriarca con el periodista captó particularmente mi atención fue porque percibí, en esa serena actitud suya, un rasgo de Jesús, quien, en un momento de extremada dificultad, por parte de los apóstoles, para seguirlo, aun así dijo: «No he perdido a ninguno de los que me diste» (Juan 18,9). Y en esto, en lo de la unión con los sacerdotes, como en otras tantas cosas, Juan Pablo I quiso parecerse lo más posible a Cristo, como la Iglesia va a proclamar hoy, en el rito de beatificación, ante el mundo y los siglos.
Jorge Juan Fernández Sangrador
La Nueva España, domingo 4 de septiembre de 2022, pp. 24-25

Pablo VI se despoja de su estola papal y se la impone a Albino Luciani en Venecia
He conocido, en este verano, dos lugares de especial referencia editorial:
1) El lugar del taller, en Vigo, en el que fueron impresos por primera vez, en 1863, «Cantares gallegos», de Rosalía de Castro (2 de agosto de 2022).
2) Y, en Venecia, el del gran impresor de caracteres griegos e inventor de la cursiva (itálica): Aldo Manuzio (1449-1515) (2 de septiembre de 2022).

Vigo


Venecia


Pasado mañana será canonizado en Roma el cardenal John Henry Newman, figura colosal de la Iglesia en el siglo XIX y profeta de lo que iba a acaecer en el siglo XXI, pues, ya en 1873, advirtió que el cristianismo se adentraría en una etapa nueva en su historia, nunca experimentada anteriormente: la de vivir en un mundo simplemente irreligioso. El cristianismo, que en períodos pretéritos mantuvo tensiones y conflictos con otras religiones, no había llegado nunca a conocer un mundo privado totalmente de religión como ahora. Pero Newman ha indicado también la vía por la que se ha de transitar para que el encuentro entre la fe cristiana y la indiferencia religiosa no derive en un choque frontal, sino que discurra con serenidad y razonabilidad, y esa vía no es otra que la del coloquio respetuoso y honesto, que tiene lugar de tú a tú y de corazón a corazón.
(Jorge Juan Fernández Sangrador, en «El Espejo de la Iglesia», en Cope Asturias, 11 de octubre de 2019)
Escucha el audio. Dura solo 58 segundos:

Hace sesenta años que Juan XXIII promulgó su encíclica sobre el rezo del Rosario, titulada “Grato recuerdo”. Fue el 26 de septiembre de 1959. El “Papa bueno” comenzó a darle forma después de anunciar al mundo, el 25 de enero de aquel mismo año, que tenía intención de convocar un Concilio ecuménico. La recitación de la oración mariana sostuvo los trabajos de preparación, desarrollo y aplicación del Concilio Vaticano II, tan importante para la Iglesia en nuestro tiempo, y esa misma oración ha de sostener constantemente los afanes de los bautizados en Cristo, enviados por él mismo a anunciar su Evangelio de salvación a la humanidad entera, y esto ha de hacerse con nuevos y ardorosos bríos, formándose bien, y, en este mes de octubre, que el Papa Francisco ha declarado “mes misionero extraordinario”, rezando el Rosario.
(Jorge Juan Fernández Sangrador, en «El Espejo de la Iglesia», en Cope Asturias, 4 de octubre de 2019)
Escucha el audio. Dura solo 58 segundos:

Ha fallecido, con 88 años, el sociólogo estadounidense, agnóstico y luterano Rodney Stark (1934-2022), que ha defendido al catolicismo con un empeño que ya quisiera la Iglesia católica contar con unos cuantos así. Y eso que ha dejado, en ella, algún que otro epígono, pero no se le parecen en nada.
Stark, que primeramente trabajó como reportero de prensa y sirvió en el ejército, se doctoró en la Universidad de Berkeley, enseñó en las de Washington y Baylor, fue profesor invitado en la de Pekín, perteneció a diferentes institutos de investigación, ganó varios premios y adquirió notoriedad por sus publicaciones acerca de la religión.
Fue autor de más de cuarenta libros y de ciento sesenta artículos. Enunciaré solo algunas de las tesis que sostuvo en éstos sin que se le rechistase. ¡Ay como hubiese sido creyente y católico! Habría sido tildado de apologista. Él, sin embargo, lo dejó muy claro desde el principio: «No soy católico y no he escrito este libro para defender a la Iglesia. Lo he escrito para defender a la historia», afirmó en la presentación de una de sus obras, “Falso testimonio. Denuncia de siglos de historia anticatólica”. El prólogo de la edición española es de Fernando García de Cortázar.
Según Stark, ni el gran crecimiento del cristianismo se debió a Constantino ni el cristianismo eliminó al paganismo. El emperador se aprovechó de la circunstancia de que el cristianismo iba, por sí mismo, desde hacía décadas, a más, y el paganismo perduró, languideciendo, también por sí mismo, hasta los siglos VIII y IX. Pero se acabó él solo por apagamiento.
Además, eso de que la Edad Media fue un período de oscuridad, tal como se dijo en el Renacimiento y en el Iluminismo, no se sostiene ya en modo alguno. En el Medioevo nacieron las universidades, se popularizó la cultura, avanzó la tecnología, se sistematizó el pensamiento y emergieron grandes personalidades del arte, la música y la literatura.
Y eso de que la religión es opio del pueblo, un factor de retraso personal y social, y algo que va a acabar desapareciendo, nada de nada. Es un bien para todos, motor de desarrollo y progreso, practicada de diferentes modos por el setenta y cuatro por ciento de la población del planeta y está, como siempre lo estuvo, cargada de futuro.
Además, la fragmentación en diversidad de nuevas agrupaciones religiosas no perjudica a las históricas, sino que vigoriza y hace crecer a éstas. No es que, cuantas más haya, menos se crea en ninguna, sino que, cuantas más haya, más se espiritualizan y se consolidan todas. La competencia las beneficia.
Stark estudió también los estratos antiguos de la historia de las religiones y llegó a la conclusión de que, en las manifestaciones primitivas, había un Dios supremo que reinaba sobre una corte de dioses menores. De aquí el que considerase que el abandono de la idea del Dios supremo en favor de elaborados politeísmos fuera una decadencia antes que un progreso de la religiosidad natural. Y es que, para establecer una relación personal con Dios fue siempre mejor el tener un solo Tú que no una desordenada variedad de deidades menores interlocutoras.
Finalmente, la difusión del cristianismo, desde aquellos pocos centenares de adeptos del siglo I hasta los casi dos mil quinientos millones de cristianos de hoy, de los que mil trescientos sesenta millones son católicos, y en aumento, ha hecho pensar a Stark que, en China, va a producirse algo semejante, siendo la minoría cristiana, en torno al cinco por ciento, una potente levadura en aquella masa de población.
Así que la Iglesia católica y las otras confesiones cristianas disponen de unos estudios extraordinariamente interesantes realizados por un sociólogo agnóstico, Rodney Stark, por el que lo menos que pueden hacer para agradecérselo, ahora que ya se encuentra ante la Suma Verdad, es rezar por él y leer sus libros. Y tratar de superar esa especie de complejo que las paraliza y amilana ante la sarta de tópicos infundados y maledicentes que circulan por ahí para flagelarlas.
Jorge Juan Fernández Sangrador
La Nueva España, domingo 28 de agosto de 2022, p. 22
