Schuman

La abadía cisterciense de Nuestra Señora de las Nieves, en Ardèche, diócesis de Viviers, en Francia, fue levantada a mediados del siglo XIX por monjes procedentes de la de Nuestra Señora de Aiguebelle, en la diócesis de Valence.

El cenobio, cuya fundación fue acordada el 5 de agosto de 1850, fiesta de la Virgen de las Nieves, y de ahí su nombre, acogió entre sus silenciosos muros a tres personalidades de la historia literaria, religiosa y política de Europa.

El primero fue Robert Louis Stevenson (1850-1894), autor de “La isla del tesoro” y “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, que se alojó en el monasterio en septiembre de 1878. De la conversación que mantuvo durante la cena con otros huéspedes dio cuenta en su libro “Viajes con una burra por los montes de Cévennes”.

El segundo fue el beato Charles de Foucauld (1858-1916), que será canonizado en fecha próxima. Ingresó en la abadía, para ser monje, el 16 de enero de 1890, aunque solo residió allí unos meses, porque enseguida se trasladó a la trapa de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en Cheikhlé, cerca de Akbés, en Siria. Su nombre de religión era Marie-Albéric.

Foucauld regresó, el 10 de junio de 1901, a Nuestra Señora de las Nieves, tras recibir la ordenación sacerdotal en Viviers, para celebrar su primera Misa en el monasterio. Aún se guardan en él algunos objetos personales suyos: un paraguas, un catalejo, un bolso, un alfiler de corbata, un medallón con cabello de su madre, una casulla, un cáliz y algunos dibujos.

El tercero fue Robert Schuman (1886-1963), del que el Papa aprobó, hace unos días, sus virtudes heroicas, como requisito previo para la posible beatificación en el futuro, si es que llega a producirse la realización del preceptivo milagro.

Schuman fue apresado en Metz, a causa de su actividad política, por la Gestapo en 1941 y conducido al Kurhaus Kohler de Neustadt an der Weinstrasse, en donde estuvo detenido y de donde escapó en cuanto se le presentó la ocasión.

Y fugitivo, habiéndose adentrado en la espesura de los bosques de Cévennes, logró llegar al monasterio de Nuestra Señora de las Nieves, en el que fue acogido por los monjes. Durante el tiempo que estuvo entre ellos, aprovechó para aprender inglés leyendo a Shakespeare.

En aquel recinto de vida benedictina se forjaron y maduraron sus pensamientos acerca de la Europa que había que levantar cuando acabase la guerra. Una Europa en la que no cupiese la posibilidad de que se diese una situación como la que por entonces padecían todas las naciones que la componían.

Una Europa unida, próspera y libre. La Europa que tiene por celestial protector a san Benito. Y ningún lugar podía ser más adecuado, para iniciar la andadura que habría de llevar a Robert Schuman a ser “Padre de Europa”, que una casa de san Benito, “celeste Patrono de Europa”.

Tal vez durante las horas de meditación silenciosa y orante en la abadía fue cuando Robert Schuman concibió los puntos seminales de su famoso discurso, en el que, siendo, años más tarde, ministro de Asuntos exteriores de Francia, propuso la creación de una Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Esta sería la primera de una serie de instituciones supranacionales que se convertirían después en lo que hoy es la Unión Europea.

Schuman era de la idea de que Europa se iría haciendo, no de una vez ni en conjunto, sino gracias a realizaciones concretas, alentadas por la solidaridad de un continente entero, dirigidas hacia el restablecimiento de la paz y la justicia, impulsadas por la pasión que requiere la construcción de toda obra grande, regidas por principios morales antes que por un economicismo desaforado y animadas por el espíritu de fraternidad que se funda en la noción cristiana de la libertad y de la dignidad de la persona.

Y junto a las de Robert Schuman, el Papa reconoció, en el mismo día, las virtudes heroicas de una asturiana, María Aurora Iglesias Fidalgo (1899-1982), natural de El Barradiellu, en Colunga. Perteneció a la Congregación de Religiosas de María Inmaculada, en la que adoptó el nombre de María Stella de Jesús, y con su entrega humilde, amorosa y total, también ella, al igual que el católico Schuman, contribuyó, a su modo, a la construcción de la Europa de las verdaderas libertades, de la defensa de la vida en todas las etapas de la existencia y del respeto a la dignidad de la persona, en su singularidad y en sus inalienables derechos prepolíticos, creada a imagen y semejanza de Dios.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 27 de junio de 2021, p. 28

Abbaye Notre Dame des Neiges (Saint Laurent Les Bains – Ardèche)

Arquitectura y Teología

No cabe decir que, con el fallecimiento, a los 101 años de existencia terrena, de Gottfried Böhm, se extinga una célebre saga de arquitectos alemanes, ya que sus hijos Paul, Stephan y Peter prosiguen, en el mismo taller, el oficio de su padre. Markus, el cuarto, en cambio, se dedica a las artes pictóricas. 

Un documental, realizado por Maurizius Staerkle-Drux, muestra el tejido y las obras de la familia Böhm a partir de la presentación de distintas historias, entrelazadas y protagonizadas por Elisabeth Haggenmüller, esposa de Gottfried y muy conocida también por sus trabajos arquitectónicos, y los hijos del matrimonio.

Se titula “Die Böhms. Architektur einer Familie” (Los Böhms. Arquitectura de una familia). Es de 2014. En inglés es “Concrete Love. The Böhm Family” (Amor de hormigón), haciendo alusión al “hormigón” o “concreto”, que los Böhm emplearon habitualmente.

Gottfried Böhm, Premio Pritzker 1986, falleció, el pasado 9 de junio, en Colonia. Figura como uno de los más representativos arquitectos de edificios religiosos de después de la Segunda Guerra Mundial en Alemania, pues diseñó, además de museos, teatros, centros culturales y viviendas, una sesentena de iglesias.

La más famosa es la de Maria, Königin des Friedens (María, Reina de la Paz) un santuario, meta de peregrinaciones, en Neviges, y un neto ejemplo de estilo “brutalista”, aunque a Böhm no le gustaba el que se hiciese uso de este vocablo para referirse a sus edificaciones religiosas.

Entre 1947 y 1950 reconstruyó, en Colonia, en la iglesia católica de St. Kolumba, destruida en 1943, una capilla para la veneración de la imagen gótica de la Virgen María, que se había salvado de los bombardeos, a la que se le dio el título de “Madonna in den Trümmern” (Señora entre los escombros).

Fue ésta una obra muy emblemática en su currículum vitae, no sólo por ser la primera que realizó en solitario, sin su padre, junto al cual se había iniciado en el oficio, sino también porque aquella silenciosa capilla, rehecha para que los fieles pudiesen orar ante la Virgen, se elevaba, en medio de la desolación postbélica en la que se hallaba sumida la ciudad, como un faro de esperanza.

Con una producción tan abundante y una participación tan cualificada en la vida de la Iglesia, no ha de extrañar, pues, el que el arzobispo de Colonia, cardenal Rainer Maria Woelki, y los obispos alemanes hayan ensalzado, en términos sumamente elogiosos, la figura del Gottfried Böhm, cuya obra creadora promanaba de una vivencia muy personal de la Liturgia.

Era esto, por otra parte, lo que había visto en el hogar de su infancia, adolescencia y primera juventud. Su padre, Dominikus Böhm, fue uno de los arquitectos alemanes que trataron de materializar las ideas teológicas del Movimiento Litúrgico, tan pujante en la primera mitad del siglo XX, en templos de nueva planta, en los que el altar constituía el centro de la iglesia. La asamblea de fieles, abandonando el uso generalizado hasta ese momento, se disponía ahora en torno a él para participar activa, significativa y fructuosamente en la celebración de la Eucaristía.

Fue por entonces cuando se levantaron las primeras, monumentales y desnudas iglesias de hormigón. Dios habita también en esas construcciones de materiales no empleados anteriormente como envolventes de los espacios sagrados, respondían los arquitectos de la emergente corriente a quienes la rechazaban y denostaban.

Pero ante las críticas e incomprensiones, tanto Dominikus Böhm, como otros arquitectos de aquel tiempo, hallaron soporte intelectual, teológico y litúrgico, para seguir adelante con sus innovadoras propuestas, en la reflexión de eminentes pensadores cristianos. «Esto no es un vacío; ¡esto es silencio! Y en el silencio está Dios», decía el teólogo Romano Guardini respecto a la Fronleichnamskirche de Aquisgrán, obra de otro titán de la arquitectura sacra, Rudolf Schwarz.

«En cuanto a la falta de imágenes de este lugar santo, el vacío en sí ya es una imagen. Dicho sin contradicción: un vacío correctamente formado respecto al espacio y la superficie no es ninguna negación de ellos, sino el polo opuesto. La relación es la misma, como la del silencio con la palabra», sostenía Guardini.

De aquella colaboración entre arquitectos y teólogos, a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX, surgieron insólitos proyectos edificatorios con los que se pretendía repristinar la pureza, la esencialidad y la contemporaneidad de la fe cristiana en un mundo cuyas rápidas mutaciones ya se empezaban a apreciar en Europa Central. 

Y fueron ellos precisamente quienes, al ordenar los espacios para que la inefable realidad del “mysterion” se manifestase encarnativamente en la cruda materia, la asamblea congregada y la sublime hermosura de la Liturgia, incoaron la dinámica eclesial que habría de hallar su momento culminante en la celebración del Concilio Vaticano II y en las subsiguientes reformas en la Iglesia.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 20 de junio de 2021, p. 22

Maria, Königin des Friedens (María, Reina de la Paz), en Neviges

“Madonna in den Trümmern” (Señora entre los escombros), en en la iglesia St. Kolumba (Colonia)

Blick nach Osten

St. Fronleichnam, de Rudolf Schwarz, en Aquisgrán

Borges y Dante

Conocí a María Kodama en la sede de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, en la calle Anchorena de Buenos Aires. Fue ella quien me recomendó, al preguntarle yo cuál era, a su entender, la mejor edición de las “Obras completas” del escritor, la de Sudamericana.

Me pareció un rasgo de honestidad intelectual, porque María estaba colaborando con otro sello editorial, cuando le pedí su opinión, en la publicación de la obra de Borges.

Aún recuerdo la silueta en cartón, de tamaño casi natural, del literato, que había en el recibidor de la Fundación, con esta leyenda: «Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso». Es del prólogo de “Los Conjurados” (1985).

En el volumen 3 de las arriba mencionadas “Obras completas”, las de Sudamericana, se hallan “Nueve ensayos dantescos” (1982), en los que Borges desarrolló con brevedad las incitaciones que las sucesivas lecturas de la “Divina Comedia” habían provocado en él.

Antes, en el volumen 2, en la obra “El Hacedor” (1960), el escritor bonaerense dedicó unas líneas a “Paradiso, XXXI, 108”, en donde un peregrino de Croacia pregunta ante el paño de la Verónica: «Mi Señor Jesucristo y Dios auténtico, ¿es así como fue vuestro semblante?»; y a “Inferno, I, 32”, episodio del encuentro de Dante con «una lonza», sea ésta una pantera, sea un lince, según distintas traducciones españolas.

Pero es, como digo, en “Nueve ensayos dantescos”, en donde Borges se detuvo en destacar «la variada y afortunada invención de rasgos precisos» por parte de Dante, en cuya obra «no hay palabra injustificada», y en la que, además de trazar la topografía del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, el poeta florentino pergeñó, en cada uno de estos tres niveles, los correspondientes modos de ser de la humanidad: el vicio, la virtud y la bondad o perfección.

A esta recopilación de temas la precede, y además en el mismo volumen, otra no menos importante en cuanto a dantismo se refiere: “Siete noches” (1980). Se trata de una serie de conferencias pronunciadas por Borges en Buenos Aires. La primera llevaba por título “La Divina Comedia”. El audio está en YouTube.

Es una de las exhortaciones más hermosas que existen a la lectura de la “Divina Comedia”. Borges descubrió la obra y su belleza en los tres pequeños volúmenes, en italiano e inglés, que adquirió al azar en una librería y que leyó, cuando trabajaba en una biblioteca del barrio de Almagro, mientras viajaba en tranvía.

Desde entonces frecuentó muchas veces la “Divina Comedia”, adentrándose con su extraordinario magín en el vocabulario y el alma de los personajes de la obra y en el interior de su autor. «Creo que el ápice de la literatura y de las literaturas es la ‘Comedia’», dijo el escritor. Y añadió: «Ningún libro me ha deparado emociones estéticas tan intensas. Y yo soy un lector hedónico, lo repito; busco emoción en los libros».

Así que todo el mundo debería sumergirse, al menos una vez en la vida, en el poema de Dante. «No hacerlo es privarnos del mejor don que la literatura pueda darnos», aseveró Borges. Y formuló, a continuación, esta pregunta: «¿Por qué negarnos la felicidad de leer la ‘Comedia’?», pues, de no hacerlo, la cuestión sería entonces trasladable al ámbito moral, ya que, para él, «nadie tiene derecho a privarse de esa felicidad», la de la deleitosa ocupación de leer la “Divina Comedia”.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 13 de junio de 2021, p. 29

Patrimonio sensorial

La Semana Profesional del Arte, en Oviedo, fue inaugurada, el pasado viernes, con un concierto de campanas, que se ejecutó desde las torres de la Catedral, las Reales parroquias de San Tirso, Santa María de la Corte y San Isidoro; el también Real monasterio de San Pelayo, la Universidad, el Ayuntamiento y la espadaña de la capilla de La Balesquida

Y la protagonista fue la Wamba, la campana que, desde hace 800 años, la más antigua aún en uso en el mundo, llama a los católicos para que acudan a la oración en la Catedral.

Las campanas han acompasado la vida diaria de las personas en los pueblos desde hace siglos. Y, por ello, no hay que extrañarse de que, en 2019, el Gobierno de España declarara «el Toque Manual de la Campana como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial».

En el Real Decreto de promulgación, firmado por el Rey, se dice: «Los toques de campanas, basados en el ritmo, han sido los encargados de organizar la vida comunitaria, de delimitar el tiempo y el espacio laboral, diario, festivo y de duelo. De ahí que exista, tanto en el ámbito religioso como en el civil, un amplio repertorio, lenguaje, en definitiva, con una gran diversidad de formas y técnicas que han anunciado incendios, tormentas, rogativas, horas y acontecimientos de ciclo vital, y, en resumen, han regulado multitud de aspectos de la vida festiva, ritual, laboral y cotidiana».

Se ve, sin embargo, que no a todo el mundo le agrada el que las campanas toquen a las horas y con la intensidad de siempre. Particularmente a los nuevos residentes de aldeas y zonas rurales. Y debido a los constantes conflictos suscitados por los advenedizos respecto a los modos, sistemas y costumbres de los habitantes naturales y moradores, durante siglos, en los pueblos, el diputado francés Pierre Morel-À-L’Huissier se sintió en el deber de salir a defender el «patrimonio sensorial».

A él pertenecen el tañido de las campanas, el kikirikí de los gallos y el cacareo de las gallinas, el rebuzno de los burros, el relincho de los caballos, el mugido de las vacas, el balido de las ovejas, el ladrido de los perros, el zumbido de las abejas, el estridular de los grillos y de las cigarras, el croar de las ranas, el urajear de los córvidos, el ulular de los búhos, el crotorar de las cigüeñas, el trisar de las golondrinas, el zurear de las palomas, el gruñir de los cerdos, el parpar de los patos, el titar de los pavos y el pipiar de los polluelos.

La proposición fue aprobada por el Senado de Francia y publicada ya con el rango de Ley, firmada por el Presidente de la República, en el mes de enero. De este modo, «los sonidos y los olores» han sido reconocidos como parte del patrimonio común de la nación, junto al paisaje, la calidad del aire, los animales y la biodiversidad.

A las autoridades regionales les corresponderá ahora determinar cuáles son los elementos identificativos que es preciso preservar y defender en caso de que estalle un litigio entre vecinos a causa de los sonidos o los olores que emanan de las actividades propias del hábitat rural.

Y es que así es Francia, que, a la vez que otorga el título de bien patrimonial a los olores que exhalan las deposiciones de los animales en las granjas de su hermosa y cuidada campiña, celebra el centenario de la comercialización del perfume francés más famoso de todos los tiempos: Chanel nº 5.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 6 de junio de 2021, p. 28

European Heritage Awards

Han sido proclamados los 24 ganadores del premio European Heritage/Europa Nostra 2021, con el que la Unión Europea galardona los proyectos financiados por el programa Europa Creativa. De entre todos ellos, voy a fijarme sólo en los que tienen que ver con los bienes culturales religiosos.

De Rumanía, la iglesia de madera de Ursi, dedicada a la Anunciación y a San Miguel Arcángel. Está en un cementerio y es del siglo XVIII.  Aunque logró sobrevivir a un incendio en el XIX, fue viniéndose abajo con el paso del tiempo. Los frescos tienen más de doscientos años.

Se la incluyó, en 2009, en el programa “60 iglesias de madera rumanas”, que patrocina la Fundación Pro Patrimonio, y, en 2014, entre los 7 sitios históricos en mayor peligro. Las labores de restauración se ejecutaban en el verano y duraron hasta 2020. Participaron en ellas 250 personas, de las que 102 lo hacían como voluntarias.

Intervinieron arquitectos, restauradores, antropólogos e historiadores. Y, naturalmente, la gente del pueblo, que proporcionaba alojamiento, alimentos, electricidad, medios de transporte y mano de obra. Quedó patente que se trataba de un proyecto en el que debían implicarse todos.

De España, Art-Risk, un equipo interdisciplinar compuesto por científicos expertos en áreas del patrimonio cultural provenientes de siete universidades de diversas partes del mundo y de dos institutos de restauración españoles.

Pilar Ortiz Calderón, profesora de la Universidad Pablo de Olavide y directora del programa, dice que su trabajo consiste, al igual que el de los médicos, en una labor de triaje. En su caso, de aquellos monumentos que bien necesitan una intervención inmediata, bien una conservación preventiva.

Tienen hasta una ambulancia, equipada con aparatos que permiten conocer los movimientos de las humedades, obtener imágenes de muros y techos, o evaluar las alteraciones superficiales del edificio.

Y dado que cuentan con todos esos medios, el Arzobispado de Sevilla solicitó de Art-Risk un estudio a fondo de las iglesias Omnium Sanctorum, San Román, San Julián, San Marcos y Santa Marina de la capital hispalense con el fin de que se puedan acometer las necesarias acciones de conservación preventiva.

De Chipre, Technical Committee on Cultural Heritage, creado por líderes greco y turco-chipriotas en 2008, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, para la promoción y conservación del rico patrimonio cultural de la isla, que es impresionante: griego, fenicio, romano, bizantino, lusignan, veneciano, otomano y británico.

En el acta del jurado que le concedió el galardón, se dice: «Este único modelo de colaboración entre dos comunidades, a pesar del contexto político, es un importante ejemplo de dedicación a la conservación del patrimonio. Las actividades, incesantes y tendentes a la prosecución de la paz, por parte del Comité, formado por expertos voluntarios de las comunidades greco y turco-chipriotas, son una muestra de su valentía y de su esperanza».

Hubo intervenciones en las iglesias de Santa Ana, Santa María de los Armenios, San Miguel Arcángel y Santa María del Carmelo, en Famagusta; en la de la Panagia, en Nicosia; en la de San Miguel Arcángel, el monasterio de San Andrés Apóstol y en las del parque arqueológico de Afendrika, en Karpasia. Fueron restaurados 70 monumentos.

De Italia, el Museo diocesano de Trento por la exposición “La invención del culpable. El caso de Simonino de Trento. De la propaganda a la historia”, que tuvo lugar en 2019-2020. La muestra versaba sobre la desaparición de Simón, un niño de dos años, del que, en el Jueves Santo de 1475, se perdió todo rastro. Apareció muerto, en el Domingo de Pascua, cerca del domicilio de un judío relevante.

Los judíos fueron acusados infundadamente de “crimen ritual”, desatándose una violencia brutal contra la comunidad hebrea, y Simonino, tenido por mártir, comenzó a ser venerado a partir de entonces como santo, en contra del parecer del papa Sixto IV.

Pero como si nada. El culto a Simonino se extendió por todas partes. Hasta que, en 1965, fue derogado absolutamente, cerradas las capillas en las que se lo honraba y retiradas todas las imágenes y representaciones iconográficas suyas.

El hecho de que la diócesis de Trento montase una exposición en la que se exhibiesen obras alusivas a ese período de su historia ha sido sumamente apreciado por el jurado que otorga los premios.

De Holanda, la exposición “Holidays! In the East and West” en la torre de la iglesia de Garmerwolde, en Groninga, en la que los niños se familiarizan, realizando actividades lúdicas, con las dos grandes tradiciones religiosas actuales en los Países Bajos: la cristiana y la islámica.

Y de Finlandia, Italia, Serbia y España, el programa bienal “Heritage Hubs”, para adolescentes, que, viajando de un país a otro de los arriba mencionados, dan a conocer a sus coetáneos, por medio de imaginativas formas de expresión, sus respectivas tradiciones culturales nacionales o locales. También las religiosas.

Y es que el cuidado del patrimonio cultural consigue aglutinar regiones y generaciones cuando éstas velan y hacen lo posible, e incluso lo imposible, para que cumpla, en sus distintas realizaciones, el fin para el que fue pensado y creado. Sólo así, amando el propio pasado, será factible la construcción de un futuro realmente hermoso para la mente y para el alma de todos en la Nueva Bauhaus Europea.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 30 de mayo de 2021, p. 26

Iglesia de madera de Ursi

Art-Risk

Technical Committee on Cultural Heritage

La invención del culpable (Museo diocesano de Trento)

Holidays! In the East and West

Heritage Hubs

Battiato: La hora del despertar

Desde que la escuche por primera vez, la canción “Nomadi” (Nómadas), de Franco Battiato, no ha dejado de acompañarme. La tengo incluso en el perfil de wasap: «Nómadas que buscan los ángulos de la tranquilidad en las nieblas del Norte y en los tumultos de la civilización, entre los claroscuros y la monotonía de los días que pasan. Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo, la encontrarás al final de tu camino».

Y en una tarde brumosa de agosto, en 2017, en el convento de monjas carmelitas de la calle Bovenstestraat 48 de Echt, Holanda, del que santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) y su hermana Rosa salieron para ser llevadas a un campo de concentración en otro mes de agosto, de 1942, escuché con gran sentimiento, a través del smartphone, la canción “Il Carmelo di Echt”, que, compuesta por Roberto Juri Camisasca, interpretó y grabó Battiato:

«Y para vivir en soledad, en la paz y en el silencio, en los confines de la realidad, mientras en Auschwitz soplaba fuerte el viento y ventilaba la piedad, has dejado las cosas del mundo, el pensamiento profundo de los vuelos insondables, por una luz que sentías dentro, las verdades invisibles. ¿En dónde estará Edith Stein?».

Y hace unas semanas, durante el viaje del Papa a Iraq, muchos recordamos aquella actuación de Franco, en 1992, en el Teatro Nacional Iraquí de Bagdad, cuando cantó en árabe “L’ombra della luce” (Sombra de la luz): «Defiéndeme de las fuerzas contrarias, por la noche, en el sueño, cuando no soy consciente, cuando mi sendero se hace incierto. ¡Y no me abandones nunca!».

Y tal vez por el enunciado del título, en esta hora del despertar a una nueva vida, tras su muerte, acaecida en la mañana del lunes, no deja de circular por las redes el vídeo en el que Battiato se emocionó ante Juan Pablo II, en el Aula Pablo VI del Vaticano, en 1989, al cantar “E ti vengo a cercare” (Vengo a buscarte): «Y te vengo a buscar, aunque sólo para verte o hablar, porque necesito tu presencia para entender mejor mi esencia».

En aquella actuación en presencia del Papa, el momento de mayor intensidad fue cuando entonó la estrofa: «Emanciparme del ensueño de las pasiones, buscar el Uno por encima del bien y del mal, ser una imagen divina de esta realidad». Llegado a este punto, le resultó imposible proseguir. Hasta que recuperó el aliento.

Y cuando hizo la presentación de la primera grabación discográfica de la “Messa arcaica”, confesó: «Más allá de las diferencias formales, aquello que encuentro invariablemente presente en todos mis trabajos, desde los más vanguardistas, en los años setenta, hasta mi ‘Misa arcaica’, es la búsqueda constante de la belleza, la armonía, la fluidez de las soluciones que se mueven dentro del lenguaje previamente elegido».

Porque, para poder comunicar tantas irisaciones como se contenían en su interior, Franco Battiato necesitó, en efecto, recorrer todo un camino de belleza, «nell’attesa del risveglio», esperando el momento del despertar, que, al fin, le ha llegado, a los 76 años de edad, en Villa Grazia, su casa de Milo, en el Parque del Etna.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 23 de mayo de 2021, p. 37

Nuragas

La Conferencia Episcopal Sarda se ha adherido a la solicitud que las autoridades regionales y diversos entes administrativos y culturales de Cerdeña han cursado ante la Unesco para que los nuragas sean reconocidos como «patrimonio identitario de valor universal”. Debe de haber unos siete mil.

El complejo arqueológico de Su Nuraxi, en Barumini, habitado desde el tercer milenio hasta el siglo III antes de Cristo, había sido declarado ya, en 1997, “Patrimonio de la humanidad”. Ahora lo que se pide es que sea la totalidad de la civilización nurágica de Cerdeña la que entre en la lista.

Los nuragas, torres megalíticas circulares con forma de cono truncado, han tenido diversos usos. También el religioso. E incluso cristiano, como atestigua el hecho de que algunos lleven nombres de santos. Así, el santuario nurágico de Santa Anastasia, en Sardara, consistente en un pozo sagrado, sobre el que se levantó una iglesia. O el de Santa Cristina, en Paulilatino.

Estas construcciones, sólidas, abrazantes, silenciosas, telúricas, seguras, son, en virtud del haz luminoso que se derrama en su interior a través del tragaluz de la falsa bóveda, un espacio en el que se unen cielo y tierra, interioridad y exterioridad, oscuridad y claridad, bajura y altura, humanidad y divinidad.

La capilla campestre Bruder Klaus, de Peter Zumthor, en Mechernich-Wachendorf, Alemania, persigue, con otro estilo, efectos semejantes. Impenetrable como una torre medieval, aunque iluminada interiormente por la luz solar, que se adentra en la profundidad de ese gran cerne arbóreo a través del estrecho ojo abierto en la cubierta, por el cual penetra la lluvia, como en el Panteón de Roma, es un microcosmos comunicado con el sobrenatural, que desciende hasta la rugosidad de la tierra, embelleciéndola con su luminosidad.

Son espacios sagrados que, como alguien dijo acerca de los nuragas, enseñan a «caminar sobre la tierra, mirando hacia el cielo». Y era eso también lo que, en el siglo IV, en el monte de los Olivos, en Jerusalén, experimentaban los peregrinos que visitaban el santuario de la Ascensión de Jesús.

Allí, dentro del perímetro del “Imbomon”, un templete con pórticos y sin techumbre, podía verse el cielo, al que, cuarenta días después de su resurrección, había subido el Salvador del mundo precisamente desde aquel sitio.

Hoy, la “aedicula” existente, aunque con bóveda cerrada y arcos ciegos, nos da cierta idea de cómo era el lugar en el período bizantino. En ese santuario, que es, en la actualidad, propiedad de musulmanes, se reúnen, engalanándolo para la ocasión con colgaduras y tiendas de campaña, en la noche de la vigilia y en la mañana de la fiesta anual de la Ascensión, los franciscanos y los cristianos de Tierra Santa, para orar y celebrar la Eucaristía, memorial de la pasión, muerte, resurrección e ida al cielo de Jesucristo, quien anunció que vendría de nuevo a nuestro encuentro, y esa segunda vez en gloria, al final de los tiempos.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 16 de mayo de 2021, p. 28

Nuraga

Capilla campestre Bruder Klaus, de Peter Zumthor

«Aedícula» de la Ascensión

Merón

A los peregrinos que viajaron al monte Merón, en Israel, para celebrar los actos de Lag BaOmer no se les había pasado por la cabeza, ni siquiera un instante, el que la festividad fuese a acabar en semejante tragedia: 45 muertos y más de 150 heridos.

Ahora empieza a saberse quiénes eran los fallecidos a causa de la avalancha humana y ya se tienen noticias acerca de cómo fueron los preparativos en los lugares de origen y de la ilusión con la que miles de judíos devotos se encaminaron hacia el monte de la Alta Galilea.

Es el caso de Moshe Levy, de 14 años, quien llevaba ya tiempo pidiendo en casa que le permitiesen ir a los actos de Lag BaOmer en Merón. Al final, como premio por su buen rendimiento académico, sus padres lo autorizaron a que asistiese bajo el cuidado de su maestro, el rabino Avigdor Hayut. El joven Moshe Levy y su amigo Yedidia Hayut, de 13 años, hijo del maestro, murieron arrastrados por la multitud incontenible.

Los peregrinos cristianos a Tierra Santa han visto probablemente el monte Merón y las casas de Safed desde el barco que hace la travesía por el lago de Tiberíades o desde las ruinas de Kursi, en donde se dice que estaba la Gerasa de los evangelios, o desde el kibutz Ein Gev, en el que hay bungalós para alojarse y un restaurante en el que se sirve el típico “pez de san Pedro”.

En el monte Merón, los judíos se reúnen para las celebraciones de Lag BaOmer, que significa el día 33 del cómputo Omer, entre la fiesta de Pascua y la de las Semanas, pues en él cesó la plaga que hirió a los discípulos de rabí Akiva (siglos I-II d.C.). En esa misma fecha, décadas más tarde, murió rabí Simón bar Yojai (siglo II d.C.), autor del “Zohar”, relevante obra cabalística. Fue enterrado en el monte Merón.

Con la peregrinación de sus discípulos a la tumba, a los que el rabino rogó que no se entristeciesen por su partida, sino que se alegrasen de que, al fin, hubiese alcanzado la unión con Dios, comenzó la práctica de celebrar Lag BaOmer cerca del lugar de su enterramiento. Las hogueras que se encienden en la festividad representan la luz que el maestro irradió sobre el mundo con su sabiduría.

Y mientras las piras del monte Merón se apagaban al llegar el Sabbat hebreo, el patriarca ortodoxo de Jerusalén distribuía entre los fieles, desde el Sepulcro de Cristo, el Fuego Sagrado, en la mañana del Sábado Santo de los cristianos orientales, que celebraron la Pascua, siguiendo el calendario juliano, el domingo 2 de mayo. Fuego Sagrado que aviones transportaron desde Tel Aviv a las principales iglesias ortodoxas, llevando así la llama de Jesús Resucitado a toda la “oikouméne”.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 9 de mayo de 2021, p. 28

Fiesta de Lag BaOmer en El Monte Merón

El Santo Sepulcro, en Jerusalén

Celata Pulchritudo

La Piña de bronce, de cuatro metros de altura, ha sido repuesta en el patio homónimo del Vaticano. Fue retirada para su restauración en 2019 y ahora luce de nuevo, espléndida, en el capitel de mármol sobre el que reposa. La hizo, entre el siglo I y el II d.C., Publius Cincius Salvius. Tal vez para un edificio, una fuente o un monumento del romano Campo de Marte.

Los peregrinos de la Edad Media la vieron en el atrio de la basílica constantiniana de San Pedro, en el lugar para las abluciones conocido como “cantharos Paradisi”. Mas, a causa de las labores de construcción de la nueva basílica, fue trasladada a una de las terrazas del Belvedere y, desde el siglo XVIII, se yergue majestuosa bajo el enorme “nicchione” que actualmente la resguarda.

Dante la menciona en el Canto 31 del Infierno, en la “Divina Comedia”, al describir la faz de Nemrod, uno de los primeros gigantes que el poeta encuentra al llegar a la ciudad de Satán: «Me pareció su cara larga y gruesa como la piña de San Pedro en Roma, y de esa proporción los demás miembros».

A los visitantes de los increíbles Museos Vaticanos se les ofrece la ocasión de admirarla cuando, en el recorrido por las exuberantes galerías, encuentran un momento para descansar al aire libre en el Patio de la Piña. Sin embargo, ya de camino hacia la Capilla Sixtina, al pasar por la Sala de las Musas, deseosos de llegar cuanto antes al santuario de los frescos de Miguel Ángel Buonarroti, no suelen detenerse ante el Torso del Belvedere, que se halla justamente en el centro de la Sala, sita en el Museo Pío Clementino. 

El Torso, escultura de mármol modelada por el ateniense “Apolonio, hijo de Néstor”, como figura en la firma, es del siglo I a.C. Se cree que es la representación del héroe griego Áyax Telamonio en trance de meditar su propia muerte. Y ha sido precisamente ese Torso el que ha inspirado la anatomía de los cuerpos esculpidos o pintados por Miguel Ángel, haciéndose, así, merecedor del título de «discípulo del Torso».

Aunque no sólo de los de Buonarroti, sino también de los de otros muchos creadores, que, desde el siglo XVI, se desplazaron a Roma para, en aquella «escuela del mundo», que son las colecciones papales, dibujar los esbozos a partir de los cuales realizaron sus obras artísticas. Entre otros, Rodin, autor de “El pensador”.

En abril se ha difundido ya el primero de una serie de vídeos, editados por el Vaticano, que serán colgados en la red una vez al mes durante todo el año 2021. El que se encuentra actualmente en YouTube, con una duración de 5 minutos y 12 segundos, está dedicado al Torso del Belvedere y a su significación en la Historia del arte. El programa se titula “Celata Pulchritudo. Los secretos de los Museos Vaticanos”. Está en varios idiomas. También en español.

En los próximos meses, conoceremos, gracias a esas entregas multimedia, los secretos, las curiosidades, las anécdotas, las historias que esconden, en su belleza, las magníficas obras custodiadas en los Museos Vaticanos, cristianas y precristianas, únicas en sus respectivos géneros y cuidadas para deleite de todo el mundo, generación tras generación, en aquellas aulas regias, a la par que sobrias.

Detrás de ellas, además de los ya desaparecidos, y anónimos muchos de ellos, autores, están también silenciosos conservadores, restauradores y estudiosos, que las protegen, las tratan, las reparan y las interpretan. Y los mecenas. De éstos, cabe mencionar a los “Patrons of the Arts in the Vatican Museums”, asociación erigida en los Estados Unidos de América con el fin de financiar la restauración y la conservación de las obras de arte de la Santa Sede, dar a conocer el patrimonio cultural, espiritual e histórico de los Museos Vaticanos, así como mejorar sus instalaciones y acrecentar sus colecciones.

En la última visita al Papa de los “Patrons”, Francisco les dijo: «Contemplar el gran arte, expresión de la fe, nos ayuda, en particular, a redescubrir lo que importa en la vida. De hecho, el arte cristiano nos conduce a nuestro interior y nos eleva por encima de nosotros mismos: nos devuelve al Amor que nos creó, a la Misericordia que nos salva, a la Esperanza que nos aguarda».

Y añadió: «En nuestro mundo inquieto, hoy desafortunadamente tan desgarrado y afeado por el egoísmo y la lógica del poder, el arte representa, tal vez incluso más que en el pasado, una necesidad universal, ya que es fuente de armonía y paz y es una expresión de la gratuidad». Y a esto, tan bellamente expresado por el Papa, es a lo que aspira a contribuir el Centro Cultural Santa Ana de Oviedo.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 2 de mayo de 2021, p. 26

La Piña

El «Maestro» de Miguel Ángel: el Torso del Belvedere

Proyecto «Centro Cultural Diocesano Santa Ana» de Oviedo

La Modernidad pendiente

Son de agradecer las palabras que Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, dirigió por carta a los salesianos de Angola, con los que compartió algunos momentos de su viaje a ese país hace unos días: «Tener la oportunidad de visitar la obra social de los salesianos en Angola es una lección de vida. Su entrega a los demás, tanto en España como fuera de nuestro territorio, es ejemplar. En este barrio de Luanda cumplís con diligencia y perseverancia el mandato del fundador, san Juan Bosco: llevar la educación a los niños y niñas para construir un futuro de esperanza».

Sánchez no ahorra alabanzas: «Os felicito por la excelente labor que estáis realizando con la formación de miles de niñas y niños angoleños y de jóvenes en riesgo de exclusión social. Os felicito por vuestro incansable trabajo para atender las necesidades de los más vulnerables».

Y concluye: «Como presidente del Gobierno, siento un profundo orgullo. Os animo a que sigáis haciéndolo con esa generosidad que os caracteriza y a que la incrementéis, como siempre habéis hecho, en la medida de lo posible». 

«Un profundo orgullo». Ahí queda eso. Ahora, la ministra de Derechos Sociales y Agenda de 2030, Ione Belarra, ya puede saber por boca de un testigo directo, el presidente del Gobierno, lo importante y abnegada que es la obra social de la Iglesia con los menores, los vulnerables y los excluidos. En todo el mundo.

Son de agradecer también las palabras de José Manuel Rodríguez Uribes, ministro de Cultura, tras la visita a la Universidad Católica “San Antonio” de Murcia (UCAM), que se resumen en esta incontenida manifestación de admiración: «La UCAM es un ejemplo a seguir».

Y lo dice el que es no sólo ministro, sino también secretario de Laicidad del PSOE, quien, en una carta reciente a las ejecutivas provinciales del partido, les recordó cuál es la hoja de ruta en lo referente a la aplicación de políticas para la implantación de la plena laicidad, la autonomía moral, la dignidad personal, la amistad cívica, el respeto mutuo y la convivencia en paz.

Es de suponer que Uribes, que prodigó los elogios hacia la Universidad “San Antonio” durante un acto de presentación de deportistas de élite, conozca los objetivos que persigue el centro académico con el que se mostró tan entusiasmado: «Garantizar de una forma institucional la presencia de cristianos con vocación docente y evangelizadora en el mundo universitario, científico y cultural de nuestro tiempo, con el deseo de proporcionar un instrumento válido que dé respuesta desde la fe a los grandes problemas e interrogantes de la sociedad contemporánea, de profundo arraigo cristiano y contribuyendo con ello al desarrollo y progreso cultural, social y humano de la misma». Son palabras de José Luis Mendoza Pérez, presidente de la Fundación Universitaria “San Antonio”.

Sentirse respaldado y ser ensalzado por un ministro que dice estar comprometido con las causas del progreso, la libertad, la igualdad y la laicidad es como para dar saltos de alegría, porque ello significa que una Universidad católica puede llegar a ser el espejo en el que se miren otras instituciones afines que trabajen también, como lo están haciendo las de la Iglesia, en el proceso que conduzca a la culminación de ese proceso que, en la carta que les escribió a las ejecutivas provinciales del PSOE, el ministro de Cultura y Deporte denomina de «la Modernidad pendiente».

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 25 de abril de 2021, pp. 26-27

Pedro Sánchez en el colegio de los salesianos de Angola