Agua de Foncalada

Fons Calata, es decir, Fuente Invocada. Eso es lo que significa Foncalada, nombre de la bella edícula prerrománica, Patrimonio de la Humanidad, en Oviedo. Parece que se remonta al reinado de Alfonso II el Casto (759-842). Los especialistas se basan en el tipo de letra romana que figura en los sillares de la construcción.

Fue una fuente sagrada cristiana. Luego, tuvo otros usos. A partir de hoy, en la parroquia ovetense de San Isidoro el Real será usada para el asperges (aspersión al comienzo de la Misa) y para que los peregrinos del Camino de Santiago (San Isidoro el Real es una de las iglesias jacobeas de Oviedo) puedan hacer uso de ella tomándola de las pilas de agua bendita que hay a la entrada de la Iglesia.

Será bendecida en la Misa de 12,00 de este domingo con la plegaria que, según reconstrucción de los entendidos, y a partir de las palabras que se conservan, es la que se hallaba a ambos lados del arco por el que mana el agua:

«Santificada seas por la palabra de Dios, ola celeste;

santificada seas, agua hollada por las plantas de Cristo;

los montes que te ciñen no te encierran;

los escollos que te golpean no te quiebran;

extendida por las tierras, no te extingues.

Tú sostienes la tierra firme, soportas el peso de los montes, y no te hundes. 

Esparcida por todo en torno tuyo, te abarca el vértice de los cielos;

lavas todas las cosas y no eres lavada.

Endurecida en forma de hielo, tú te comprimes para el pueblo fugitivo de los hebreos. 

Por el contrario, disuelta en torbellinos salados, pierdes a los habitantes del Nilo y persigues a la tropa enemiga con un mar alborotado.

Eres única e igualmente salvación de los fieles y castigo para los culpables.

La peña golpeada por Moisés te expulsó y, aunque estabas retirada, no pudiste mantenerte oculta en las rocas, ya que saliste obligada por el mandato de la Majestad.

Transportada por las nubes, tú fecundas los campos con la grata lluvia.

Descienda, pues, sobre ti, ola celeste, la bendición de + Dios Padre Todopoderoso y de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo;

para que seas agua bendita, fuente viva, corriente santa, consagrada para utilidad de los hombres y remedio de sus cuerpos;

y alejes de todos aquellos que te beban o te usen cualquier malicia del enemigo, cualquier sombra de demonio o cualquier mal de enfermedad, por los siglos de los siglos. Amén».

En la parte superior de la fuente hay una preciosa cruz y una inscripción, que dice:

 “Por este signo es protegido el piadoso. Por este signo es vencido el enemigo”.

“Pon, Señor, el signo de la salvación en esta fuente, para que no permitas que entre el ángel golpeador”. Es una clara evocación de la noche de Pascua en Egipto, según se refiere en el libro bíblico del Éxodo.

Feliz Rosh Hashaná

En la tradición judía, el comienzo de cada año es un tiempo de reconciliación con uno mismo, con los demás y con Dios. Rosh Hashaná (Año nuevo hebreo), que se celebra desde la puesta del sol del viernes 11 de septiembre hasta el anochecer del domingo 13 de septiembre, presenta el desafío de la reinvención personal a través de un proceso de introspección en el que se reconocen los errores y las transgresiones y se realizan los cambios necesarios para evitar repetirlos.

En la Biblia hebrea y la literatura rabínica, este proceso se denomina teshuvá, que suele traducirse como «contrición». Para emprender este camino, es necesario aceptar la idea de que los seres humanos poseen libre albedrío, que dentro de cada persona reside la fuerza para elegir entre los diferentes caminos que ofrecen las circunstancias de la vida, y lo mismo ocurre con las sociedades constituidas por hombres (Maimónides, Hiljot Teshuvá 5, 1-4).

Como pastor de la comunidad católica de San Isidoro el Real de Oviedo, felicito a los miembros de la sinagoga de El Fontán, nuestros vecinos en el corazón de Oviedo, con motivo de las celebraciones de Rosh Hashaná, y ruego al Eterno, Bendito sea, que guíe nuestros pasos hacia la amistad recíproca en esta Ciudad, que ha iniciado, por otra parte, los festejos que culminarán el 21 de septiembre, festividad de san Mateo, apóstol, con el gozo de la gracia jubilar del perdón en la Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana de «San Salvador y los Doce Apóstoles».

Shaná tová, feliz Año nuevo

Jorge Juan Fernández Sangrador

Párroco de San Isidoro el Real de Oviedo

Anthony Hopkins

La leyenda de Hollywood Anthony Hopkins ha hablado abiertamente sobre el punto de inflexión espiritual que experimentó durante una de las etapas más oscuras de su vida.

Mucho antes de convertirse en uno de los actores más aclamados de Hollywood, Hopkins luchaba contra el alcoholismo. Él mismo se ha descrito en aquella época como una persona destructiva, difícil de tratar y encaminada al desastre.

Todo cambió en diciembre de 1975.

Tras un aterrador episodio conduciendo bajo los efectos del alcohol, Hopkins comprendió que necesitaba ayuda y acudió a Alcohólicos Anónimos. Allí, una mujer le hizo una pregunta sencilla:

«¿Por qué no confías simplemente en Dios?»

Algo cambió en su interior tras aquel momento y su deseo irrefrenable de consumir alcohol comenzó a atenuarse.

También ha hablado de cómo dejó atrás el ateísmo para abrazar la fe en Dios, describiendo cómo la vida le parece cada vez más milagrosa a medida que envejece.

Hoy, tras décadas de sobriedad, Hopkins sigue recordando aquella etapa como el momento en que su vida tomó un rumbo completamente distinto.

En fin, que incluso quien se siente lejos de Dios puede experimentar un cambio profundo, que la adicción no tiene por qué ser el final, y el fracaso no tiene por qué ser el último capítulo de una vida.

Prueba a acercarte a Dios.

Enzo Bianchi

Ha fallecido Enzo Bianchi, fundador de la comunidad monástica de Bose. Mantuvimos una relación muy cercana y cordial en el Sínodo de Obispos sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, en el año 2008, en el que los dos éramos consultores. Ya antes habíamos coincidido en las sesiones plenarias del Pontificio Consejo de la Cultura, en las que participábamos también como consultores.

Formamos juntos parte de la comisión que había de redactar las propuestas que toda la asamblea de obispos debía presentar a Benedicto XVI, como síntesis de las deliberaciones sinodales y como materia con la que el Papa pudiera escribir después una exhortación postsinodal, como así sucedió con la exhortación “Verbum Domini”.

Enzo y yo hacíamos horas extraordinarias y exhaustivas trabajando sobre los textos escritos que los obispos iban entregando a la Secretaría de Sínodo. Redactábamos las propuestas en mi ordenador portátil. Conservo aún los archivos, que releeré ahora con la nostalgia de aquellos días maravillosos en los que, no sólo poníamos en común, escribíamos y comentábamos, sino que gozábamos de unas sobremesas inolvidables.

Me invitó en repetidas ocasiones a visitarle en Bose. Nunca me fue posible. Leía sus escritos semanalmente, que me llegaban gracias a una suscripción que inicié hace ya tiempo para estar al tanto de lo que escribía. En los días del Sínodo, sus observaciones sobre la vida de la Iglesia, que compartía conmigo en los momentos de descanso, me han sido de gran ayuda en estos últimos años, en los que he debido reflexionar permanentemente, como vicario episcopal en Oviedo, sobre el acontecer diario de la diócesis.

Descanse en paz y que Dios premie su servicio a Él, a la Iglesia y a la humanidad deseosa de escuchar a profetas que la guíen con su palabra en las oscuridades de este mundo.

Jorge Juan Fernández Sangrador

Vicario Episcopal de Cultura y de Relaciones Institucionales del Arzobispado de Oviedo

Nada de torres

A 5 de diciembre de 1725 los regidores de Oviedo «son noticiosos que el Colegio de la Compañía pretende hacer y fabricar ciertas obras sobre las paredes de su Yglesia, fronteando con la plaza pública y casas de la Ciudad en que viven los Regentes y se dice que dicha fábrica es para hacer dos torres levantadas sobre las paredes de dicho frontispicio lo cual si se ejecutase es en gravísimo perjuicio de la plaza pública y casas referidas y otras de las calles de esta Ciudad y de sus vecinos y lo sombrío que queda dicha plaza y las dichas casas de a dicha Ciudad aonde habitan los señores rexentes sin luz ni sol».

Así se lee en un documento del Archivo del Ayuntamiento de Oviedo. Las autoridades civiles no querían que se levantasen las torres de la Iglesia de San Matías (hoy San Isidoro). Decían que les iban a quitar el sol. Ponían palos en las ruedas a los jesuitas en cuanto se les presentaba la ocasión.

Así que edificaron la que estaba junto al colegio; la otra, seguramente la dejaron sin construir para no buscarse enemistades y problemas con los vecinos de ese lado de la plaza. Y si, además, andaban mal de dinero, un quebradero menos de cabeza. Yo nunca creí que los jesuitas, que jamás hicieron a medias los proyectos y las tareas que debían acometer, renunciaran a ella solamente por falta de dinero, visto todo lo que lograron levantar ahí a pesar de las dificultades que tuvieron que vencer.

Si la hubieran construido, habrían dejado mal al ayuntamiento, que tiene una torre, raquítica, y a las iglesias de alrededor, que tienen todas una sola torre, incluida la catedral. Habría quedado patente así su superioridad respecto a las instituciones civiles y religiosas de Vetusta, a las que Clarín, feligrés de la parroquia, caricaturizó magistralmente en «La Regenta».

Cuarenta años después de este affaire que recojo, los expulsaron de España. ¿Razón? Por listos, libres y eficientes. Pero nada, peor para España; los quiso, sin embargo, Catalina la Grande en Rusia. Por algo era Grande.

Stijn Lansdaal

Era diciembre de 2023 cuando se celebró la que todos creían que sería la última misa en la iglesia dedicada a San Lamberto de Maastricht, en Haren, un pequeño pueblo de la provincia holandesa de Brabante Septentrional.

Para este espléndido edificio sagrado, construido en 1867, un ejemplo del florecimiento de la arquitectura católica en los Países Bajos tras la restauración de la jerarquía episcopal en 1853, el destino de muchas otras iglesias del país parecía cernirse sobre ella: debido a la disminución del número de fieles y a los limitados recursos financieros de la parroquia, sería vendida.

Un empresario local ya había planeado transformarla en un centro de fisioterapia, y la venta parecía un hecho. Pero el acuerdo fracasó, y a principios de 2025, la iglesia fue adquirida por Stijn Lansdaal, un programador de 22 años, creador de BloedCheckup.nl, una plataforma digital para reservar análisis clínicos.

De acuerdo con la diócesis y la parroquia, pretende mantenerla como lugar de culto. Donde parecía destinado a construirse un centro de salud, ahora jóvenes de la zona acuden a rezar juntos, algunos en discernimiento vocacional. El objetivo, según declaró el nuevo propietario al periódico Brabants Dagblad, es devolverle su vitalidad y atractivo espiritual.

Stijn Lansdaal no recibió educación católica. Fue bautizado el 19 de mayo de 2024. Forma parte del muy comentado grupo de nuevos conversos en Francia, donde el fenómeno ha alcanzado proporciones sorprendentes, pero que también afecta, en distintos grados, a Bélgica y los Países Bajos. En los Países Bajos, 630 adultos se convirtieron al catolicismo en 2024, frente a los 455 del año anterior: casi un 40 % más. La historia de Stijn es un ejemplo espectacular.

La colección Mena Sánchez

En Espinosa de los Monteros, por donde desciende el río Trueba, en Burgos, los hermanos Mena Sánchez han habilitado un antiguo hotel para exponer algunas de las obras (unas 100) de su colección particular (unas 500).

La generosidad que estos dos hermanos, Enrique y Nieves, han tenido para, primero, honrar la memoria de sus padres, y, segundo, crear un museo en ese hermoso unpueblo castellano, a expensas de su patrimonio particular, para poner a disposición del público de toda España el conjunto de obras (Picasso, Dalí, Miró, Tapies, Guayasamin, Barjola, Guinovart,….) que adquirieron durante tres décadas, merece, no sólo el reconocimiento y la gratitud de todos, sino que ser ensalzado como un referente de cómo, cuando hay voluntad y convicciones, se puede crear algo grande y perdurable, como es esta colección y el edificio que la alberga.

Gracias, pues, Enrique y a Nieves, y enhorabuena, Espinosa de los Monteros.

Los Padres Hispanos y la Biblia

Los escritores cristianos de Hispania, al igual que otros autores eclesiásticos de la antigüedad, compusieron, a partir del siglo IV, tratados en los que se proponían comentar la Sagrada Escritura. Este legado literario y teológico ha llegado a constituirse en un rico fondo patrimonial que puede, con todo derecho, ser contado entre los capítulos importantes de la historia de la exégesis bíblica.

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Hispania, que el apóstol Pablo esperaba visitar (Romanos 15,24), se incorporó plenamente a la historia de la literatura cristiana a partir del siglo IV. Aunque existen alusiones a ella en escritos del siglo II, habrá que esperar al III para tener noticia de unas cartas dirigidas a la iglesia africana por cristianos de las comunidades de León, Astorga, Mérida y Zaragoza, tal como da a entender Cipriano de Cartago en la que él, junto con otros obispos, les envía en correspondencia (Epístola 67). El texto de la misiva hispana no se conserva.

Poco más tarde, con motivo de la persecución de Valeriano, murieron el obispo de Tarragona, Fructuoso, y los diáconos Augurio y Eulogio. Su acta martirial es el primer escrito hagiográfico de la península ibérica, al que, años después, en tiempos de Diocleciano, se sumará el de Vicente, diácono de Zaragoza. Ahora bien, teniendo en cuenta las discusiones de carácter crítico que existen respecto al valor histórico, al tiempo de composición o al género literario de estas passiones, al hablar de literatura cristiana propiamente dicha nos referimos a la que se generó como resultado de la reflexión bíblica o teológica, de la actividad poética y también de la epistolar.

El objetivo de este artículo es presentar sucintamente las obras que han sido redactadas en suelo hispano con el propósito de desarrollar una línea de pensamiento a partir de unos enunciados bíblicos antepuestos a modo de título. El uso de la Sagrada Escritura no ha quedado reducido sólo a los tratados que aquí se enuncian, pues, con motivo de la controversia arriana o la priscilianista, por ejemplo, son empleados con frecuencia versículos bíblicos que fortalecen el discurso dogmático. Lo mismo ocurre en las epístolas, escritas a variados destinatarios, y en la producción poética. Llegaremos hasta el tiempo de Isidoro de Sevilla.

El primer tratado sobre un argumento bíblico, atribuido a un escritor cristiano de la antigüedad hispana, fue De interpretatione vestium sacerdotalium quae sunt in Veteri Testamento de Osio (256 ca. – 357/358 ca.). La noticia es referida por Isidoro de Sevilla en De viris illustribus 1, en donde alaba al autor, obispo de Córdoba, y sus cualidades literarias; el texto, sin embargo, no ha llegado hasta nosotros.

En otro De viris illustribus 84, esta vez el de San Jerónimo, se dice que Juvenco “compuso cuatro libros …: casi a la letra los cuatro evangelios en versos hexámetros”. En efecto, este autor hispano escribió, hacia el año 330, Evangeliorum libri IV. La obra, a la que se da también el nombre de Historia evangelica, trata, en cuatro libros y 3.200 versos, de la vida de Jesús. Aunque, posteriormente, haya habido, como es el caso del igualmente hispano Aurelio Prudencio Clemente, mejores versificadores que Juvenco, éste es el primer poeta cristiano de occidente.

En cambio, el primer escritor hispano en prosa del que se pueden leer en la actualidad algunas obras es Potamio, obispo de Lisboa (fl. en la segunda mitad del siglo IV). Desde el siglo XVIII se le adjudican dos homilías, que anteriormente se pensaba podían ser de Zenón de Verona: De Lazaro (también atribuida a Juan Crisóstomo) y De martyrio Esaiae prophetae. La primera describe la muerte y resurrección de Lázaro; la segunda, la muerte del profeta Isaías. Ésta se inspira en el apócrifo Ascensión de Isaías 63.

Mas será Gregorio de Elvira el primero que se dedique a comentar en toda regla libros y pasajes de la Sagrada Escritura. A finales del siglo IV, Jerónimo cuenta, en De viris illustribus 105, que Gregorio, bético y obispo de Elvira, escribió diversos tratados y un libro sobre la fe. Aún vivía por entonces. Tras haber realizado un detenido estudio de diferentes manuscritos se ha llegado a establecer que Gregorio de Elvira es el primer comentarista en occidente del libro bíblico Cantar de los Cantares. El título de su obra es In canticum canticorum libri quinque, o también Tractatus V de epithalamio. Hace teología a base de alegorías y a partir de un edición bíblica prejeronimiana del Cantar sumamente apreciada por los especialistas en critica textus del Antiguo Testamento copiado en latín.

De entre las obras asignadas a Gregorio de Elvira hay una en torno a la cual ha corrido tinta abundante antes de determinar quién ha sido su autor: Tractatus Origenis de libris Sacrarum Scripturarum. Al final parece que es el obispo de Elvira, aunque no todos lo den por bueno. De los veinte tratados sobre la Sagrada Escritura, sólo el último está dedicado a comentar pasajes del Antiguo Testamento; los seis primeros versan sobre Génesis; el siete, ocho y nueve sobre Éxodo; el décimo, sobre Levítico; el once, sobre Números; el doce, sobre Josué; el trece y catorce, sobre Jueces; el quince, sobre Reyes; el dieciséis, sobre Isaías; el diecisiete, sobre Ezequiel; el dieciocho, sobre Daniel; el diecinueve, sobre Zacarías.

También se cree que son de Gregorio de Elvira otras cuatro obras con títulos bíblicos: De Archa Noe, que es un tratado sobre la Iglesia a partir de varios pasajes sobre Noé y la construcción del arca; Expositio Origenis de Psalmo nonagesimo primo, en que se comenta el principio y el final del salmo noventa y uno, que es donde el autor halla una referencia alegórica a Cristo y a la Iglesia; Fragmentum tractatus in Genesin (3,22), sobre el pecado de Adán, sobre la encarnación de Cristo y la deificación del hombre; Item de eiusdem senis tractatibus in Genesin, en el que parece comentar Génesis15,9-11, sobre la cabra partida antes de establecer la alianza abrahámica.

Entre las obras dudosas de Gregorio de Elvira se cuentan: Fragmenta in Ecclesiasten, en que se comentan Eclesiastés 3,2 y 3,6, aplicados al nacimiento y muerte de Cristo, el primer versículo; a su pasión y encarnación, el segundo; De Salomone, en que, tomando como referencia Proverbios 30,19, se construye un tratado de cristología y eclesiología; De diversis generis leprarum, en que se interpretan alegóricamente los pasajes del Levítico sobre la lepra, lo que sirve al autor para mostrar la variedad y gravedad del pecado, así como los medios para remediar sus efectos; De duobus filiis frugi et lujurioso, que versa sobre la parábola del hijo pródigo.

Prisciliano (340/345 ca. en adelante) es conocido, además de por lo que deja entrever acerca de sí mismo en sus tratados, también por lo que Sulpicio Severo (Crónica II,46), Jerónimo (De viris illustribus 121; Epístola 133,3-4; In Isaiam 64) e Isidoro de Sevilla (De viris illustribus 2) cuentan de él. Obispo de Ávila, es autor de varios tratados. Con el III (De fide et apocryphis) se inicia una serie de consideraciones hechas desde la Biblia o sobre ésta: Tractatus Paschae (IV), Tractatus Genesis (V), Tractatus Exodi (VI), Tractatus primi psalmi (VII), Tractatus psalmi tertii (VIII), Tractatus ad populum I(IX, es probablemente un comentario al salmo 14), Tractatus ad populum II (X, es una reflexión sobre el salmo 59). El último, Benedictio super fideles (XI), que es de tipo litúrgico, aunque también de carácter bíblico-teológico, no es sin embargo como los anteriores.

Entre los opúsculos que Jerónimo atribuye a Prisciliano se cuentan los cánones, que han llegado hasta nosotros retocados por el obispo Peregrino: Canones in Pauli Apostoli epistulas. La obra es la primera sistematización que se ha llevado a cabo de la teología paulina y la primera división que se ha realizado para poder manejar con mayor facilidad el texto bíblico. Aunque los críticos literarios se hallan divididos, algunos atribuyen a Prisciliano unos prólogos monarquianos a los evangelios, atribuidos también a Jerónimo.

Peregrino, mencionado en el párrafo anterior, anterior a Isidoro de Sevilla y posterior a Jerónimo, y supuestamente obispo español de la segunda mitad del siglo V, puso un prólogo a los cánones de Prisciliano -que corrigió- sobre las epístolas de Pablo. Debió de realizar además una edición completa de la Vulgata.

Si Dámaso (papa en el año 366) es español, tenemos en él al gran promotor de la traducción latina de la Vulgata.

Aurelio Prudencio Clemente (nacido en el año 348). En el Dittochaeum se hallan escenas del Antiguo y Nuevo Testamento destinadas a surtir de motivos bíblicos a los pintores.

A finales del siglo IV, Egeria, si es hispana, opinión que no todo el mundo comparte, emprendió un viaje a oriente, a los Santos Lugares, legando a la posteridad, en un Itinerario, una valiosísima fuente documental para el conocimiento del mundo bíblico y de la antigüedad cristiana. También a finales del siglo IV, en el año 398, Lucinio Bético introdujo la Vulgata en España (ver la Epístola 75 de San Jerónimo).

Dictinio, hijo de Simposio, obispo de Astorga, y luego obispo él también de esta diócesis, seguidor de las tesis priscilianistas, escribió un tratado, Libra, que aún se leía en el año 447 y que fue condenado en el año 561 por el concilio I de Braga. Se trata de una suma moral inspirada, según algunos autores, en la obra apócrifa Passio Thomae.

Avito, presbítero de Braga, vivió en Jerusalén en el año 409. Indujo a un tal Luciano a que pusiera por escrito las visiones que éste había tenido acerca del lugar en que se hallaba sepultado el cuerpo del protomártir Esteban. Él mismo tradujo, para los cristianos bracarenses, la carta escrita por Luciano a todas las iglesias: Epistula de revelatione corporis Stephani. En el año 460, la emperatriz Eudoxia construyó una basílica para venerar dichos restos y en ese lugar se alza actualmente l’École Biblique et Arquéologique Française (PL 41,807-18). Hay, no obstante, tres Avitos, dos de los cuales traen a Hispania el pensamiento de Victorino (¿de Pettau?) y de Orígenes, con el correspondiente uso, tanto en un caso como en el otro, de la Sagrada Escritura.

Eutropio, un presbítero del que se dice que ejerció su ministerio a principios del siglo V en el nordeste de Hispania, escribió, entre otros, un tratado en el que explicaba el rito judío de la circuncisión, interpretado alegóricamente: De vera circumcisione.

Severo, obispo de Menorca, es el primer escritor eclesiástico balear. En el año 417 escribió la Epistula ad omnem ecclesiam, en la que consideraba el recurso a la Sagrada Escritura como el mejor medio para que los judíos de Mahón se convirtieran al cristianismo.

Toribio, obispo de Astorga (445 ca.) escribió una carta a Hidacio de Chaves y a Ceponio (Epistola ad Hidatium et Ceponium) en la que daba cuenta de los libros apócrifos que leían los priscilianistas: Hechos de Santo Tomás, Hechos de San Andrés, Hechos de San Juan, Memoria de los Apóstoles (PL 54,694). A Ceponio se atribuye De fabula Phaetontis, sobre la caída de Luzbel, y el Hexameron, sive de sex dierum opificio, sobre el Génesis y en hexámetros.

Ya en el siglo VI, Apringio, obispo pacense (¿Pax Julia = Beja de Portugal?, ¿Pax Augusta = Badajoz de España?), escribió Tractatus in Apocalypsin, que constituye una muestra representativa de la exégesis hispana de ese siglo y de la defensa de la fe católica frente al arrianismo, así como merecedora de grandes elogios por parte de Isidoro de Sevilla.

Justo de Urgel, promovido al episcopado en el año 517, escribió In Cantica Canticorum explicatio mystica, un comentario alegórico, verso a verso, del Cantar de los Cantares, con abundante doctrina cristológica, eclesiológica, mariológica y ascética.

Finalmente, Isidoro de Sevilla (560 ca. – 636), considerado por muchos como el último de los Padres de la Iglesia en occidente, escribió, entre otras obras, algunas de tema bíblico: In libros veteris et novi Testamenti proemia, en que se tratan cuestiones relativas al contenido, finalidad y autores de los libros de la Biblia; se ofrece además una lista de los que componen el canon escriturario (véase también Etimologías VI); De ortu et obitu Patrum describe 86 personajes del Antiguo (64) y Nuevo Testamento (22), de Adán a los Macabeos, de Zacarías a Tito; Liber numerorum, en el que se ofrecen interpretaciones místicas de los números que se contienen en la Sagrada Escritura; Allegoriae quaedam sacrae Scripturae, en que se explican teológicamente los nombres de 127 personajes del Antiguo Testamento y 119 del Nuevo; De fide catholica ex veteri et novo Testamento contra judaeos libri duo, en el que, a petición de su hermana Florentina, hace uso de pasajes bíblicos para explicar la fe católica; Mysticorum expositiones sacramentorum seu quaestiones in vetus Testamentum versan sobre los acontecimientos más importantes referidos en el Antiguo Testamento e interpretados alegóricamente a la luz del Nuevo.Como puede apreciarse, la contribución de los autores cristianos hispanos a la historia de la exégesis bíblica no es en absoluto desdeñable. Isidoro de Sevilla ha sido el último de los autores seleccionados, pero aún puede proseguirse la indagación entre otros escritores que no sólo han redactado comentarios a la Sagrada Escritura sino que emprendieron iniciativas que habrían de contribuir notablemente a un mayor conocimiento y a una más amplia difusión de la Palabra de Dios, pero que, por razones editoriales, ha de quedar emplazada para un próximo artículo.

Jorge Juan Fernández Sangrador, «Los Padres Hispanos y la Biblia», en: Fernández Sangrador, J.J. (coord.), Los Padres Latinos y la Biblia. Reseña Bíblica, 55 (Estella: Verbo Divino 2007) 49-55.