«La religión de Santa Teresa no es elevada, si no la más cotidiana posible»
La co-creadora de «Cardo», que ya ultima su segunda temporada, recomienda un libro lejos del caos de su serie
La Razón (24 de septiembre de 2022), por Matías G. REBOLLEDO
Santa Teresa de Jesús, en un retrato realizado en el taller de José de Ribera
Los planos son preciosistas y la historia, tremendamente caótica. «Cardo», la serie de ATRESPlayer y revelación de la pasada temporada televisiva, epató en la juventud por su pulso firme a la hora de retratar la crisis de identidad, desde el exceso, de buena parte de la juventud española contemporánea. Por eso llama la atención que su cocreadora Claudia Costafreda (escribe la serie junto a su protagonista, Ana Rujas), dirija su recomendación hacia uno de los libros clave de la teología. ¿Hay en ello, quizá, una reivindicación «punk»? Nada más lejos de la realidad.
¿Por qué el «Libro de la vida»?
Ha sido muy significativo para mí como creadora porque nos ha inspirado mucho a la hora de levantar la segunda temporada de la serie. Lo he visitado muchas veces para entender la relación de nuestra protagonista con la religión y con la espiritualidad, pero también para encontrar ahí un nexo de lo teológico con lo terrenal, con lo físico. La religión de Santa Teresa de Jesús no es esa elevada y lejana, es la más cotidiana. Seas cristiano o no, que yo no lo soy, hay muchas reflexiones ahí que, en realidad, son increíbles, placenteras de leer.
¿Qué puede haber en ese libro para alguien joven?
Es curioso, pero es mucho más «de calle», mucho más simple de lo que podría parecer. Es religión sencilla. Va más allá de lo cristiano. Y a mi generación, que está pegada a las pantallas, a lo digital y a lo que, en realidad, no es material, siempre le puede venir bien ese aislamiento momentáneo. Esa pausa para la reflexión, por llamarla así.
¿Se considera buena lectora?
Creo que, hoy en día, todos leemos menos de lo que nos gustaría. Sobre todo durante este último año, en el que nos han pasado tantas cosas y todas tan buenas. Una serie es muy exigente.
¿Cuándo suele leer Claudia Costafreda?
Siempre de noche, aunque en el verano es cuando más tiempo tengo para obsesionarme con los libros, como me ocurrió con este. La culpa es de Lluís Sellarès, guionista también de la serie, que es un experto en Santa Teresa.
¿Quién debería leer a Santa Teresa de Jesús?
Quizá alguien que esté pasando por un momento de especial ansiedad. Por eso digo que es realmente recomendable para los jóvenes, para la gente de mi generación. Hay una especie de resignación positiva, por ponerle un nombre, sobre la paz en el caos.
Esta maravillosa historia nos la refiere, con una indagación a fondo y la seriedad que le caracteriza, Luis Santamaría del Río, en Portaluz.org (23 de septiembre de 2022):
«De mormonas a carmelitas descalzas: la importante conversión a Cristo de dos valientes mujeres»
«Salt Lake City, la capital de Utah (Estados Unidos), es considerado el corazón del mormonismo. Efectivamente, esta ciudad alberga el templo más importante de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IJSUD), la secta de origen cristiano que, fundada por el “vidente” Joseph Smith en 1830, se asentó en la zona. De manera que, casi dos siglos después, en torno al 60 % de la población de Utah son mormones.
Contemplativas en un “desierto espiritual”
Según cifras del año 2014, sólo el 5 % de los habitantes del estado son católicos. Sin embargo, se trata de una minoría muy significativa en un contexto tan peculiar. Pero hay un lugar casi desconocido que cobra una importancia singular: el convento del Inmaculado Corazón de María, fundado en 1952 en Salt Lake City por una comunidad de Carmelitas Descalzas procedentes de California.
Por la misma época, los Monjes Trapenses se habían establecido en otra ciudad del estado, Huntsville. Según cuentan las monjas, “en aquel tiempo Utah se consideraba un desierto espiritual y la población católica era una minoría”. Con el tiempo pudieron construir su convento actual, que “se erige allí como un ‘árbol de la vida’, humilde pero orgulloso, pobre pero magnífico, oculto pero poderoso”.
En efecto, como comunidad cristiana de vida contemplativa, este grupo de mujeres consagradas “permanece allí en el corazón de la Iglesia, enviando el mensaje de amor y oración al mundo entero”. Sí: “permanece allí como imagen del mismo Dios. Casi oculto, el Carmelo continúa su apostolado y misión de oración en la Iglesia”.
La monja que fue mormona y es hermana de un “apóstol” mormón
No es extraño que, en esta zona de mayoría mormona, alguna de las carmelitas hubiera tenido alguna relación con la secta fundada por Smith. Lo que sí resulta sorprendente es el grado de dicha relación: se trata de Lurlene Romney Cheney (1900-1982), la hermana de un importante líder mormón, Marion G. Romney (1897-1988), considerado “apóstol” y miembro de la Primera Presidencia de la IJSUD.
Marion y Lurlene nacieron y crecieron en una familia mormona de 10 hermanos. Su padre, George S. Romney (1874-1935), era natural de Utah, pero tuvo que trasladarse a México en su juventud, a las colonias de la secta que se habían establecido en aquel país cuando aumentaron los problemas para seguir viviendo su “matrimonio plural” (es decir, la poligamia) en los EE.UU.; una práctica aberrante que los mormones abolieron en 1890.
Ésta es la razón por la que tanto Marion como Lurlene nacieron en territorio mexicano. Él viajó a Australia para ejercer allí su servicio como misionero mormón y, a su regreso a los EE.UU., desempeñó diversos trabajos y realizó estudios superiores. Fue ascendiendo en la secta hasta ser elegido en 1951 miembro del Quórum de los Doce (un órgano de gobierno mormón) y nombrado “apóstol”. En las décadas siguientes llegó a ser consejero de la Primera Presidencia de la secta y, en sus últimos años de vida, presidente del Quórum de los Doce.
Una de las monjas fundadoras
Lurlene se casó con otro miembro de la secta y tuvieron hijos, pero más tarde abandonó el mormonismo para hacerse católica. No sólo eso: fue una de las hermanas fundadoras del Carmelo de Salt Lake City, dedicado al Sagrado Corazón de María, cambiando su nombre por el de sor Mary Catherine, y celebró su profesión perpetua en 1961. Así, a una edad ya avanzada, se entregó a Cristo en la Orden Carmelitana Descalza, siguiendo los pasos de Santa Teresa de Jesús, Santa Teresa de Lisieux y otras grandes figuras de la Historia de la Iglesia. Dos décadas después, en 1982, falleció.
Curiosamente, y como revela su apellido, sor Mary Catherine era familiar de uno de los mormones más influyentes en los últimos tiempos: Mitt Romney (n. 1947), que, a sus diversos cargos dentro de la secta, se unen los de haber sido gobernador de Massachusetts y senador por el Estado de Utah, además de luchar por la candidatura a la presidencia de los EE.UU. en 2008 por el Partido Republicano (que finalmente logró John McCain, quien perdió en las urnas frente a Barack Obama).
La enfermera que pensó: “mi Dios es mayor que eso”
Pero no ha sido la única carmelita descalza de Salt Lake City que procede de la secta de los mormones, IJSUD. En 2009 The Salt Lake Tribune publicó un reportaje muy interesante sobre la historia de otra monja del mismo convento. Se llamaba Barbara Whipperman y nació en 1933 en el seno de una familia convertida al mormonismo. Muy piadosa en su infancia y adolescencia, a los 14 años ya tenía claro que quería entregar su vida a Dios. Estudió Enfermería en la Universidad Brigham Young (propiedad de la secta) y se graduó en 1956.
Pero había algo que no le convencía en las doctrinas que le habían enseñado: que los hombres puedan convertirse en dioses en el cielo. En cierta ocasión, un maestro de la secta deslizó en una clase que no había ninguna base bíblica para esa doctrina y eso le hizo pensar y, con una arrogancia típicamente juvenil, reaccionó de forma crítica con la IJSUD. Aunque el asunto no quedó allí: “Yo no podía aceptar más la doctrina, su concepción de Dios. Mi Dios era mayor que eso”.
No se trataba de una cuestión teológica superficial: “una vez que esa doctrina se desmorona, todo lo demás se desmorona”. Por curiosidad, consiguió una traducción católica de la Biblia y empezó a asistir a la Misa dominical en algunas parroquias, pero con el miedo de que al volver a alguna de ellas los feligreses la convencieran de que se quedara. “Tenía un cierto resentimiento. Pensaba: ‘Ya me engañaron una vez’. No volvería a pasar”.
El camino a Jesucristo
Entonces le pidió a un sacerdote que le explicara la doctrina católica y comenzó a estudiar el Catecismo. Así descubrió una fe argumentada en la que no había agujeros, pero cuando en su casa descubrieron la deriva hacia el catolicismo, sus padres reaccionaron con enfado y tristeza. Se fue a vivir sola, pero la idea de dejar a los mormones despertaba en ella los temores del rechazo familiar, la expulsión de la comunidad y hasta la pérdida de su puesto de trabajo.
Un domingo de 1957 por la tarde, sus amigos la llevaron a un lugar novedoso en la zona: el convento carmelita de Salt Lake City. Allí conoció a una mujer que la cautivó: sor Mary Catherine Romney. “Su hermano estaba en la Manzana del Templo [el lugar que congrega los principales edificios mormones] y ella estaba aquí… ¡una monja! Y eso era todo lo que necesitaba saber”. En aquel momento, lo tuvo claro: “Di un paso adelante en la fe. Fe ciega”. En la Vigilia Pascual de 1957 recibió el bautismo. Tenía 24 años y sabía que sería religiosa.
Su modelo: Teresa de Lisieux
Finalmente, en 1963 se unió a la Orden con el nombre de sor Mary Joseph, algo que desconcertó a sus familiares y amigos, pero no la rechazaron. En 1975 hizo sus votos perpetuos. Cuando Kristen Mouton la entrevistó en 2009 para The Salt Lake Tribune, esta antigua mormona aseguraba no haberse arrepentido nunca del paso que dio. “Yo siempre digo: la mejor decisión que he tomado nunca es hacerme católica. La segunda mejor, hacerme monja carmelita”.
Preguntada por quién es su santo favorito –obviamente, además de la Virgen María–, sor Mary Joseph lo tenía claro: la monja carmelita francesa del siglo XIX Teresa de Lisieux (Santa Teresita del Niño Jesús). La norteamericana reconocía que se burló la primera vez que leyó sobre ella y conoció su mensaje espiritual. “Pensé: ¡qué almibarado!”. Pero en cuanto profundizó algo más, se dio cuenta de que Santa Teresita no era “ninguna tonta”, sino una santa “real y cotidiana”, “alguien a quien todos pueden emular”.
La necesidad de la oración
Muy popular en su entorno por ser el alma de la Feria Carmelitana, que constituía todo un acontecimiento anual mientras ella la organizó, no desaprovechaba las ocasiones de hablar en público para invitar al encuentro con el Señor, contagiando fe y alegría. En 1999 el periódico Deseret News publicaba declaraciones suyas en ese sentido. “¿Por qué no deberíamos ser felices? Tenemos todas las razones para ser las criaturas más felices”, aseguraba.
Dos años después Sor Mary Joseph aseguraba en el mismo rotativo: “Este país necesita oraciones. Necesitamos orar por la paz en el mundo, por la paz en nuestro propio corazón… Dios no necesita nuestras oraciones, obviamente. Nosotros las necesitamos. La oración nos hace conscientes de nuestras necesidades. Nos endereza”.
Esta ex mormona que acabó descubriendo a Cristo y uniéndose a él en la consagración religiosa, se reunió definitivamente con Él en 2010, cuando sumaba 77 años. En su funeral, el padre Bill Bonczewski aseguró que pudo oler una fragancia de flores antes de que la llevaran al centro asistencial donde murió. “Miré a mi alrededor para ver si podía ver alguna flor y no había alguna”, explicó. “Me pareció un indicio de que los del cielo venían a hacer sus preparativos para llevar a Mary Joseph al lugar de su descanso. Poco tiempo después, al morir, se hizo presente en la habitación una fragancia muy fuerte de rosas. Tuvo una hermosa vida y una hermosa muerte”.»
La primera persona en obtener un doctorado en Ciencias de la Computación en Estados Unidos fue una monja llamada Mary Kenneth Keller. Es considerada una de las madres de la tecnología, pues ella formó parte del equipo que desarrolló el lenguaje de programación BASIC. Mary Keller fue la primera mujer en acceder a la prestigiosa Universidad de Dartmouth, donde solo admitían a hombres. Además, se licenció en matemáticas por la Universidad de DePaul en Chicago para posteriormente, cursar un máster en matemáticas y física en el mismo centro. Compaginó su vida religiosa con su pasión por la informática y trabajó para acercar la computación a las escuelas y abrir las puertas de la ciencia a las mujeres.
«O taste and see» fue compuesto por Ralph Vaughan Williams (1872-1958) para la coronación de Isabel II en 1953.
Fue interpretado nuevamente en sus honras fúnebres, en la Abadía de Westminster
The Choir of Westminster Abbey & The Choir of His Majesty’s Chapel Royal
Leitung: James O’Donnell (Organist and Master of the Choristers, Westminster Abbey)
El texto dice: «O taste and see how gracious the Lord is: blest is the man that trusteth in him (Psalm 34: 8) (Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él)
Tienen varias estrellas. ¿Clase? Ninguna. ¿A qué juegan? ¿A incordiar? ¿A denostar la imagen de la ciudad de Oviedo? ¿A deconstruir el icono de «Asturias, paraíso natural»? ¿De dónde sacan a los asesores de imagen? ¿Piensan que, molestando, ganarán clientela? ¿O es que hacen, a su manera, política? ¡A qué niveles han descendido los balnearios! ¡Pobre Europa!
Pues, para estar tan extendido, desarrollado y avanzado el laicismo, da la impresión de que, en Inglaterra y en el planeta tierra, nadie quiere perderse el acto religioso del lunes en Westminster.
LONDRES, 17 sept (Reuters) – «El funeral de estado de la reina Isabel el lunes se proyectará en unos 125 cines de Gran Bretaña, mientras que los parques, plazas y catedrales también instalarán pantallas para el gran evento ceremonial, dijo el sábado el gobierno.
El oficio religioso en la Abadía de Westminster será transmitido en directo por la BBC, ITV y Sky, dijo el departamento de cultura en un comunicado.
La entrada a las proyecciones de cine es gratuita y muchas de las proyecciones ya están llenas, dijo el jueves la Asociación de Cine del Reino Unido.»
Se espera que unas 150.000 personas vean la transmisión del funeral en el Hyde Park de Londres.
Ayer hablé de ti en clase. Señalé con el dedo índice el sitio en el que solías sentarte, en la bancada que está, según entras en el aula, a la derecha. Lo recuerdo perfectamente. Quedaron todos impresionados de lo que les referí acerca de ti.
Tardaste en decidirte, pero lo tuyo se precipitó cuando determinaste cursar presencialmente la materia que imparto en la Universidad y renunciar al puesto de trabajo que te ofrecían fuera de la provincia.
Ni remotamente barrunté, cuando ibas a clase, que dentro de ti se estaba librando una batalla, en la que pugnabas para que saliese vencedor el «¡No!», porque te decías a ti misma: «Son imaginaciones mías», «Me están comiendo la cabeza».
Hasta que, un día, hablando del drama existencial del profeta Jeremías, proyecté en la pantalla una diapositiva con estas palabras suyas:
«Pensé en olvidarme del asunto y dije: “No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre”; pero había en mis entrañas como fuego, algo ardiente encerrado en mis huesos. Yo intentaba sofocarlo y no podía» (20,9).
Y fue entonces cuando te diste cuenta de que la cosa iba en serio, de que Cristo te estaba pidiendo que te desposaras con Él y de que debías darle una respuesta. Y ésta, por tu parte, era «¡No!».
Mas Él no desistió de su propósito, porfió infatigable y, al final, caíste rendida ante su amor. Ahora has dicho «¡Sí!». Y te consagrarás para siempre a Él en una comunidad de religiosas. Las conozco. Verás qué bien. Y bendita sea la diapositiva.
Desde que me comunicaste que vas a entrar en religión y que tu decisión fue alumbrada en un aula no se me va de la mente Edith Stein, la universitaria, la discípula de Husserl, la que se convirtió al catolicismo y profesó como monja carmelita.
Sé también de una estudiante que, fuera de España, se abrió a la fe cristiana en la escuela a la que iba. Lo curioso del caso es que quien la puso en el camino de la entrega a Cristo fue un profesor ateo. Acabó siendo, como Edith Stein, carmelita descalza.
Estimada C., en la Universidad, tomando apuntes, en horario académico, acodada sobre un pupitre, en la monotonía de las tardes del fin del verano, del otoño completo y del comienzo del invierno, en el relativo silencio que se establece entre el alboroto del principio y de la conclusión de la clase, en el capítulo del temario que menos pensabas que pudiera encerrar tanto significado para ti, en unas frases escritas en hebreo hace más de dos mil quinientos años, se produjo una inflexión en tu vida, que, a partir de ahora, será más bella, más interesante y tendrá, además, un increíble, por su inabarcable amplitud, alcance proyectivo.
Y si hasta el presente mantuviste esa experiencia tuya en secreto, solo para ti («secretum meum mihi, secretum meum mihi», Isaías 24,16), y no la compartiste nada más que con unos pocos confidentes, a partir de ahora ¡cuéntala! Prestarás así un servicio impagable a quienes te escuchen. Ya lo verás. Y ya me dirás. Quedo, como siempre, a tu disposición. Salve.
Jorge Juan Fernández Sangrador
La Nueva España, domingo 18 de septiembre de 2022, p. 24
Imagen de santa Catalina de Alejandría (siglo XVII), patrona del distrito universitario de Oviedo, que está en la capilla de la Universidad. Formaba parte del retablo que quemaron el 13 de octubre de 1934.
Como en tantos otros lugares del mundo, también es una capilla la que, al menos eso se dice en el pueblo, se halla en el centro geográfico de Asturias: San Juan Bautista, en Lamuño (en la parroquia de Santa Marta, Carbayín Bajo, Siero).
El MoMA subastará obras de Picasso, Bacon y Renoir para pagar la digitalización del museo
La institución pretende obtener entre 70 y 100 millones de dólares y adquirir más NFT
IKER SEISDEDOS (El País, 15 Sep 2022)
El Museo de Arte Moderno de Nueva York sacará este otoño a subasta 29 obras de su colección y el dinero recaudado, que los intermediarios de la venta calculan entre 70 y 100 millones de dólares —al cambio actual, la misma cantidad en euros—, se destinará a la transición digital del centro de arte. El conjunto que abandona la colección estadounidense constituye una tercera parte del legado recibido a la muerte del fundador de la CBS William Paley, que dejó al museo 81 piezas de gran valor, pinturas y esculturas que incluyen nombres como Picasso y Francis Bacon.
Esos dos artistas aportan las piezas de mayor relieve de la operación; una venta en Sotheby’s, en Londres, prevista para el 14 de octubre. Del pintor malagueño saldrá al mercado una de sus guitarras cubistas, de 1919 (a partir de 20 millones). Del británico, un tríptico de pequeño formato de 1953, titulado Three Studies for Portrait of Henrietta Moraes (35 millones). En el lote también hay pinturas de Renoir, un derain de época fauvista y un lienzo de Henri Rousseau, así como esculturas de Rodin y Maillol.
La mayor parte del dinero se destinará a ahondar en la digitalización del museo, según adelantó el Wall Street Journal, tras confirmarlo con fuentes de la fundación de Paley y con el director del centro, Glenn D. Lowry. El rotativo añade que hay planes para lanzar un canal propio de streaming y de mejorar la colección de arte digital, posiblemente sumándose a la incierta revolución de los NFT, obras de arte digital que, por emplear un símil pecuniario, son a un cuadro impresionista lo que un bitcoin a una montaña de billetes de curso legal.
El MoMA es la clase de institución que marca desde su fundación en 1929 el camino que las demás acaban recorriendo, así que el gesto trasciende a la mera operación económica. Tras la pandemia, los niveles de público del MoMA no han vuelto aún a los previos al coronavirus; las visitas han caído un 40%. La covid puso a los centros ante el espejo de su digitalización. Todos se lanzaron a ofrecer exposiciones en línea, charlas por Zoom, podcasts y recorridos guiados con comisarios por streaming. Eso les permitió también darse cuenta de que no todo vale en el mundo virtual, que es lo mismo que decir que todo cuesta. De ahí que el MoMA se disponga a cambiar joyas del viejo arte tangible por la urgencia de actualizar su imagen digital.
Con motivo de la canonización del cardenal John Henry Newman (13 de octubre de 2019), el príncipe Carlos de Inglaterra publicó el siguiente artículo en L’Osservatore Romano (12 de octubre de 2019):
«Cuando el Papa Francisco canonice mañana al cardenal John Henry Newman, el primer británico en más de cuarenta años en ser proclamado santo, será motivo de celebración no solo en el Reino Unido, ni tampoco solo para los católicos, sino también para todos aquellos que se preocupan por los valores en los que se inspiró.
En la época en que vivió, Newman representó la vida del espíritu contra las fuerzas que degradaron la dignidad humana y el destino humano. En la época en que alcanza la santidad, su ejemplo es más necesario que nunca: por la forma en que, en el mejor de los casos, pudo defenderse sin acusar, estar en desacuerdo sin faltar al respeto y quizá, sobre todo, porque sabía ver las diferencias como lugares de encuentro en lugar de exclusión.
En un momento en el que la fe fue cuestionada como no lo había sido nunca antes, Newman, uno de los más grandes teólogos del siglo XIX, aplicó su intelecto a una de las preguntas más apremiantes de nuestra era: ¿cuál debería ser la relación entre la fe y una era escéptica, secular? Su compromiso, primero con la teología anglicana, y luego, después de la conversión, con la teología católica, impresionó incluso a sus oponentes con su audaz honestidad, rigor implacable y originalidad de pensamiento.
Cualesquiera que sean nuestras creencias y cualquiera que sea nuestra tradición, solo podemos estar agradecidos a Newman por los dones, enraizados en su fe católica, que compartió con la sociedad en general: su intensa y conmovedora autobiografía espiritual y su poesía profundamente sentida en «The Dream of Gerontius», que, con música compuesta por Sir Edward Elgar –otro católico del que todos los británicos pueden sentirse orgullosos–, ha dado al mundo de la música una de sus obras maestras corales más imperecederas.
En el momento culminante de «The Dream of Gerontius», el alma, al acercarse al cielo, percibe algo de la visión divina:
Una gran armonía misteriosa:
Me inunda como el profundo
y solemne sonido
de muchas aguas
La armonía requiere diferencia. Esta idea está en el corazón mismo de la teología cristiana sobre la Trinidad. En el mismo poema, Gerontius dice:
Creo firme y verdaderamente
Que Dios es Tres
y que Dios es Uno
No hay que temer a la diferencia como tal. Newman no solo lo demostró en su teología y lo ilustró en su poesía, sino también en su vida. Bajo su liderazgo, los católicos se han convertido en parte integral de la sociedad en general, enriqueciéndose así aún más como comunidad de comunidades.
Newman está comprometido no solo con la Iglesia, sino también con el mundo. Aunque estaba totalmente dedicado a la Iglesia, a la que llegó atravesando muchas pruebas intelectuales y espirituales, sin embargo, inició un debate abierto entre católicos y otros cristianos, allanando el camino para los diálogos ecuménicos posteriores. Cuando fue elevado al cardenalato en 1879, eligió como lema “Cor ad cor loquitur” («Corazón habla al corazón»), y sus conversaciones más allá de las diferencias confesionales, culturales, sociales y económicas se basaron en esta amistad íntima con Dios.
Su fe era verdaderamente católica, ya que abarcó todos los aspectos de la vida. Es en este mismo espíritu en el que nosotros, seamos católicos o no, podemos, en la tradición de la Iglesia cristiana a lo largo de los siglos, abrazar la perspectiva única, la sabiduría y la comprensión particulares, que esta sola alma ha traído a nuestra experiencia universal. Podemos hallar inspiración en sus escritos y en su vida, al tiempo que reconocemos que, como toda existencia humana, era inevitablemente imperfecta. El propio Newman fue consciente de sus propias deficiencias, como el orgullo y el estar a la defensiva, lo que no estaba a la altura de sus ideales,; sin embargo, al final, solo sirvieron para que estuviese más agradecido por la misericordia de Dios.
Su influencia fue inmensa. Como teólogo, su trabajo sobre el desarrollo de la doctrina mostró que nuestra comprensión de Dios puede crecer con el tiempo y produjo un profundo impacto en los pensadores posteriores. Cristianos individuales se sintieron interpelados y fortalecidos en su devoción personal por la importancia que le daba a la voz de la conciencia. Las personas de todas las tradiciones que buscan definir y defender el cristianismo están agradecidas por la forma en que reconcilió a la fe y a la razón. Quienes buscan lo divino en lo que puede parecer un entorno intelectual cada vez más hostil encuentran en él un fuerte aliado que abogó por la conciencia individual contra un relativismo abrumador.
Y, quizá lo más importante de todo en este momento, cuando hemos sido testigos de demasiados ataques serios por parte de las fuerzas de intolerancia contra comunidades e individuos, incluidos muchos católicos, debido a sus creencias, él es una figura que defendió sus convicciones a pesar de las desventajas de pertenecer a una religión a cuyos seguidores se les negó la plena participación en la vida pública. Durante todo el proceso de emancipación católica y la restauración de la jerarquía eclesiástica católica, fue el guía que necesitaban su pueblo, su Iglesia y su tiempo.
Su capacidad para la calidez personal y la amistad generosa se aprecia en su correspondencia. Más de 30 volúmenes recogen sus cartas, muchas de las cuales, significativamente, no están dirigidas a colegas intelectuales y líderes prominentes, sino a familiares, amigos y feligreses que buscaron su sabiduría.
Su ejemplo ha dejado un legado perdurable. JJ Como educador, su trabajo ha sido profundamente influyente en Oxford, Dublín y más allá, mientras que su tratado «La idea de la universidad» sigue siendo un texto fundamental a día de hoy. Sus esfuerzos, a menudo olvidados, en favor de la educación de los niños testimonian su compromiso de garantizar que las personas en todas las áreas puedan participar en las oportunidades que la educación puede ofrecer. Como anglicano, condujo a esa Iglesia a sus raíces católicas y, como católico, estuvo preparado para aprender de la tradición anglicana. Así, por ejemplo, la promoción de la función de los laicos. Le dio a la Iglesia católica una renovada confianza cuando fue restablecida en una tierra de la que había sido erradicada. Hoy, la comunidad católica en Gran Bretaña tiene una deuda incalculable con su incansable trabajo, al igual que la sociedad británica tiene motivos para agradecerle a esta comunidad su inestimable contribución a la vida de nuestro país.
Esta confianza se expresó en su amor por el paisaje inglés y la cultura de su país natal, a la que él tan notablemente contribuyó. En el Oratorio que estableció en Birmingham, que ahora alberga un museo dedicado a su memoria, así como una comunidad de culto activa, vemos la realización, en Inglaterra, de una visión que tomó de Roma, descrita por él como «el lugar más maravilloso sobre la tierra». Llevando la Congregación del Oratorio de Italia a Inglaterra, Newman trató de transmitir el carisma de la educación y el servicio.
Amaba Oxford, honrándolo no solo con sermones apasionados y eruditos, sino también con la hermosa Iglesia anglicana en Littlemore, construida después de un viaje formativo a Roma, en donde, buscando orientación para su futuro sendero espiritual y meditando sobre su relación con la Iglesia de Inglaterra y con el catolicismo, escribió su amado himno «Lead Kindly Light». Cuando finalmente decidió abandonar la Iglesia de Inglaterra, su último sermón, con el que se despidió de Littlemore, hizo llorar a la asamblea. Se titulaba “The Parting of Friends”.
Mientras recordamos la vida de este gran británico, de este gran eclesiástico y, como podemos decir ahora, este gran santo, que pasa por encima de las divisiones entre tradiciones, es ciertamente justo dar las gracias por la amistad que, a pesar de la separación, no solo se ha mantenido, sino que incluso se ha fortalecido
En la imagen de la divina armonía que Newman expresó de un modo tan elocuente podemos ver cómo, en el fondo, cuando seguimos con sinceridad y valentía los diferentes senderos por los que la conciencia nos llama, todas nuestras divisiones pueden conducirnos a una comprensión más grande y todos nuestros caminos pueden llevarnos a una casa común.