Hace sesenta años que Juan XXIII promulgó su encíclica sobre el rezo del Rosario, titulada “Grato recuerdo”. Fue el 26 de septiembre de 1959. El “Papa bueno” comenzó a darle forma después de anunciar al mundo, el 25 de enero de aquel mismo año, que tenía intención de convocar un Concilio ecuménico. La recitación de la oración mariana sostuvo los trabajos de preparación, desarrollo y aplicación del Concilio Vaticano II, tan importante para la Iglesia en nuestro tiempo, y esa misma oración ha de sostener constantemente los afanes de los bautizados en Cristo, enviados por él mismo a anunciar su Evangelio de salvación a la humanidad entera, y esto ha de hacerse con nuevos y ardorosos bríos, formándose bien, y, en este mes de octubre, que el Papa Francisco ha declarado “mes misionero extraordinario”, rezando el Rosario.
(Jorge Juan Fernández Sangrador, en «El Espejo de la Iglesia», en Cope Asturias, 4 de octubre de 2019)
Ha fallecido, con 88 años, el sociólogo estadounidense, agnóstico y luterano Rodney Stark (1934-2022), que ha defendido al catolicismo con un empeño que ya quisiera la Iglesia católica contar con unos cuantos así. Y eso que ha dejado, en ella, algún que otro epígono, pero no se le parecen en nada.
Stark, que primeramente trabajó como reportero de prensa y sirvió en el ejército, se doctoró en la Universidad de Berkeley, enseñó en las de Washington y Baylor, fue profesor invitado en la de Pekín, perteneció a diferentes institutos de investigación, ganó varios premios y adquirió notoriedad por sus publicaciones acerca de la religión.
Fue autor de más de cuarenta libros y de ciento sesenta artículos. Enunciaré solo algunas de las tesis que sostuvo en éstos sin que se le rechistase. ¡Ay como hubiese sido creyente y católico! Habría sido tildado de apologista. Él, sin embargo, lo dejó muy claro desde el principio: «No soy católico y no he escrito este libro para defender a la Iglesia. Lo he escrito para defender a la historia», afirmó en la presentación de una de sus obras, “Falso testimonio. Denuncia de siglos de historia anticatólica”. El prólogo de la edición española es de Fernando García de Cortázar.
Según Stark, ni el gran crecimiento del cristianismo se debió a Constantino ni el cristianismo eliminó al paganismo. El emperador se aprovechó de la circunstancia de que el cristianismo iba, por sí mismo, desde hacía décadas, a más, y el paganismo perduró, languideciendo, también por sí mismo, hasta los siglos VIII y IX. Pero se acabó él solo por apagamiento.
Además, eso de que la Edad Media fue un período de oscuridad, tal como se dijo en el Renacimiento y en el Iluminismo, no se sostiene ya en modo alguno. En el Medioevo nacieron las universidades, se popularizó la cultura, avanzó la tecnología, se sistematizó el pensamiento y emergieron grandes personalidades del arte, la música y la literatura.
Y eso de que la religión es opio del pueblo, un factor de retraso personal y social, y algo que va a acabar desapareciendo, nada de nada. Es un bien para todos, motor de desarrollo y progreso, practicada de diferentes modos por el setenta y cuatro por ciento de la población del planeta y está, como siempre lo estuvo, cargada de futuro.
Además, la fragmentación en diversidad de nuevas agrupaciones religiosas no perjudica a las históricas, sino que vigoriza y hace crecer a éstas. No es que, cuantas más haya, menos se crea en ninguna, sino que, cuantas más haya, más se espiritualizan y se consolidan todas. La competencia las beneficia.
Stark estudió también los estratos antiguos de la historia de las religiones y llegó a la conclusión de que, en las manifestaciones primitivas, había un Dios supremo que reinaba sobre una corte de dioses menores. De aquí el que considerase que el abandono de la idea del Dios supremo en favor de elaborados politeísmos fuera una decadencia antes que un progreso de la religiosidad natural. Y es que, para establecer una relación personal con Dios fue siempre mejor el tener un solo Tú que no una desordenada variedad de deidades menores interlocutoras.
Finalmente, la difusión del cristianismo, desde aquellos pocos centenares de adeptos del siglo I hasta los casi dos mil quinientos millones de cristianos de hoy, de los que mil trescientos sesenta millones son católicos, y en aumento, ha hecho pensar a Stark que, en China, va a producirse algo semejante, siendo la minoría cristiana, en torno al cinco por ciento, una potente levadura en aquella masa de población.
Así que la Iglesia católica y las otras confesiones cristianas disponen de unos estudios extraordinariamente interesantes realizados por un sociólogo agnóstico, Rodney Stark, por el que lo menos que pueden hacer para agradecérselo, ahora que ya se encuentra ante la Suma Verdad, es rezar por él y leer sus libros. Y tratar de superar esa especie de complejo que las paraliza y amilana ante la sarta de tópicos infundados y maledicentes que circulan por ahí para flagelarlas.
Jorge Juan Fernández Sangrador
La Nueva España, domingo 28 de agosto de 2022, p. 22
La ONU ha lanzado un Plan de Acción para Salvaguardar los Lugares Religiosos, a petición del Secretario General de las Naciones Unidas, que los ha definido como “potentes símbolos de la conciencia colectiva”, y, sin embargo, son atacados por los enemigos de la libertad y de la religión. El Plan ha sido elaborado en conformidad con el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el que se reconoce el de la libertad de conciencia, pensamiento y religión. El Plan, además, ofrece orientaciones para que los sitios religiosos sean seguros, de modo que los creyentes puedan cumplir con los ritos y prácticas de sus respectivos cultos en paz. Y es que, como ha dicho el Secretario General de la ONU, cada vez que a las personas se las ataca a causa de su religión, es a la sociedad entera a la que se la cercena, mutila y damnifica.
(Jorge Juan Fernández Sangrador, en «El Espejo de la Iglesia», en Cope Asturias, 27 de septiembre de 2019)
En Hong Kong, las madres tienen que explicar a sus hijos que, por encima de las nubes y de la reverberación de la contaminación lumínica, existen las estrellas, que los niños de aquella megalópolis no han visto nunca, y, sin embargo, las estrellas están. Y la primera imagen de un agujero negro, difundida el pasado mes de abril, ha mostrado que las teorías de los científicos de la primera mitad del siglo XX, respecto a la posibilidad de la existencia de esa concentración de masa densa, generadora de un campo gravitatorio irresistible, era verdad y que los agujeros negros no se veían, pero estaban. También en abril, en Lerma, fue inaugurada una nueva edición de “Las Edades del Hombre”, que permanecerá abierta hasta el próximo mes de noviembre, dedicada a los Ángeles, que tampoco se ven, y, sin embargo, están.
(Jorge Juan Fernández Sangrador, en «El Espejo de la Iglesia», en Cope Asturias, 20 de septiembre de 2019)
Decía el pensador español Julián Marías que, en la medida en que se ama, se necesita seguir viviendo o volver a vivir después de la muerte. Y cuando, en 1977, falleció su esposa, Dolores, con 65 años, a causa de un cáncer, el discípulo de Ortega y Gasset confesó: “Sólo me sostenía la profunda fe en la resurrección, la evidencia de que la persona que era Lolita no podía haberse destruido por un proceso corporal, de que volvería a verla y a estar con ella”. Y lo que se celebra hoy, en esta fiesta de Todos los Santos, es justamente eso: la victoria del amor sobre la muerte y el afianzamiento en la esperanza de que, un día, nos encontraremos de nuevo con aquellos a quienes hemos amado con toda nuestra alma en esta vida, fundiéndonos gozosos, más allá del espacio y del tiempo, en un abrazo infinito.
(Jorge Juan Fernández Sangrador, en «El Espejo de la Iglesia», en Cope Asturias, 1 de noviembre de 2019)
Casi dos millones de niños no podrán volver a la escuela este año en África central y occidental, y ya se eleva a cuarenta millones la cifra de los que se hallan, en aquella parte del mundo, privados del derecho a la educación. Los ataques a profesores y alumnos, disparando contra ellos, y la destrucción de las escuelas, se incrementan de año en año. Grupos armados perpetran esa barbarie porque consideran que la educación impartida es de estilo occidental, y, en definitiva, cristiana. Y es que las categorías de raigambre evangélica como libertad, autonomía, desarrollo y futuro han de abrirse camino ellas solas siempre, pues las ideologías totalizantes que persiguen aminorarlas no solo existen en África sino también en los demás continentes, incluido, por tanto, el nuestro.
(Jorge Juan Fernández Sangrador, en «El Espejo de la Iglesia», en Cope Asturias, 13 de septiembre de 2019)
El área inmensa de chabolas “Dharavi slum”, en Mumbai, es el destino más demandado por los turistas que viajan a la India este año. Mucho más que Taj Mahal, una de las 7 maravillas del mundo moderno. El afán por dárselas de “viajero alternativo”, frente al convencional, figura entre los múltiples motivos que conducen a muchos a esta nueva modalidad de viaje, que los ingleses denominan “poorism”, es decir, “pobrismo”, porque el visitante desea conocer los lugares más pobres del país elegido, por lo general la India, Etiopía, Kenia, Namibia, Sudáfrica o Brasil, entre otros. Aunque puede que, en su habitual lugar de residencia, ese viajero no muestre el mismo interés por saber cómo viven o de qué carecen los hijos de los inmigrantes que provienen de aquellas barracópolis que planea visitar, para fotografiarse en ellas, este verano.
(Jorge Juan Fernández Sangrador, en «El Espejo de la Iglesia», en Cope Asturias, 26 de julio de 2019)
La NASA rogó a los primeros astronautas que iban a pisar la luna, hace 50 años, que se reservasen para sí los sentimientos religiosos y que no manifestasen, durante la operación, sus convicciones cristianas, pues, unos meses antes, una activista del ateísmo en América había denunciado a la Agencia Espacial ante los tribunales de justicia porque consideraba inconstitucional el que los tripulantes de la misión Apolo 8 hubieran recitado unos versos de la Biblia, mientras contemplaban la magnífica desolación de la luna, en torno a la cual orbitaban, y el bellísimo color azul de la tierra. El enojo solo logró poner de relieve una cosa: que el pequeño paso para el hombre, pero grande para la humanidad, se había dado nada más que con un pie, y que aún quedaba por dar, con el otro, uno no menos importante: el de la libertad desposada con el perdón.
(Jorge Juan Fernández Sangrador, en «El Espejo de la Iglesia», en Cope Asturias, 19 de julio de 2019)
El fútbol femenino no deja de crecer en España. En 2010 se habían concedido 24.000 licencias; en 2018, 42.000. Y lo mismo está sucediendo en otros países. Incluso el Vaticano tiene un equipo de fútbol compuesto por mujeres, que fueron invitadas hace unos días a jugar su primer partido internacional en Viena. Se trataba de un encuentro amistoso con el Club de Fútbol Mariahilf. Mas cuando, al inicio, sonó el himno de Vaticano, jugadoras del equipo austriaco levantaron sus camisetas para exhibir pintadas sobre el vientre en favor del aborto y del movimiento LGBT. Fue tal el grado de provocación que las italianas tuvieron que abandonar el campo. Y hasta el presente nadie ha salido a reprobar el hecho de que un equipo híper ideologizado invitase a otro, formado por mujeres ilusionadas con el deporte, para amedrentarlas.
(Jorge Juan Fernández Sangrador, en el programa «El Espejo de la Iglesia», en Cope Asturias, 12 de julio de 2019)
El cantante británico Eric Clapton se retira de los escenarios a causa de la neuropatía periférica y del acúfeno que padece. Dentro de poco ya no podrá rasgar en absoluto las cuerdas de la guitarra con las que llegó incluso a hacernos llorar. Y si en los días de alcohol y drogas compuso aquella sentida canción que era una plegaria a la Madre del cielo, “Holy Mother”, ahora se ha hecho ésta, de nuevo, oración en su alma de poeta: “Siento que ha llegado el fin y que ya no podré correr nunca más. Sin embargo, tú sabes cuánto, cuánto, deseo estar entre tus brazos esta noche. Y cuando con mis manos ya no pueda volver a tocar, y mi voz se apague, y yo me muera, entonces, Madre santa, entonces, yo, descansaré seguro entre tus brazos”.
(Jorge Juan Fernández Sangrador, en el programa “El espejo de la Iglesia”, en Cope Asturias, 5 de julio de 2019)