Adiós a John Paul Meier

John Paul Meier, biblista y teólogo estadounidense, profesor en la Universidad «Notre Dame», uno de los principales estudiosos, a nivel internacional, de la figura de Jesús, falleció el 18 de octubre. Es muy conocida y apreciada su obra en cinco volúmenes: Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. Era sacerdote diocesano y natural de Nueva York (1942).

En el capítulo 5 de su libro sobre Jesús de Nazaret, Benedicto XVI escribió esto acerca de la cronología de la muerte y resurrección de Jesucristo:

«La evaluación mas precisa de todas las soluciones ideadas hasta ahora la he encontrado en el libro sobre Jesús de John P. Meier, quien, al final de su primer volumen, ha presentado un amplio estudio sobre la cronología de la vida de Jesús. Él llega a la conclusión de que hemos de elegir entre la cronología de los Sinópticos y la de Juan, demostrando que, ateniéndonos al conjunto de las fuentes, la decisión debe ser en favor de Juan.

Juan tiene razón: en el momento del proceso de Jesús ante Pilato las autoridades judías aún no habían comido la Pascua, y por eso debían mantenerse cultualmente puras. Él tiene razón: la crucifixión no tuvo lugar el día de la fiesta, sino la víspera. Esto significa que Jesús murió a la hora en la que se sacrificaban en el templo los corderos pascuales. Que los cristianos vieran después en esto algo más que una mera casualidad, que reconocieran a Jesús como el verdadero Cordero y que precisamente por eso consideraran que el rito de los corderos había llegado a su verdadero significado, todo esto es simplemente normal».

Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. II. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección (Editorial Encuentro: Madrid 2011) 135-136.

Fe, ciencia y amor

Ha fallecido César Nombela (1946-2022), microbiólogo toledano, catedrático de la Universidad Complutense, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de la Fundación “Carmen y Severo Ochoa” y del Comité de Bioética; rector de la Universidad Internacional “Menéndez Pelayo”, asiduo conferenciante en los Cursos de Verano de La Granda y miembro del jurado, en varias ocasiones, del Premio “Príncipe/Princesa de Asturias” de Investigación Científica y Técnica.

Fue discípulo del luarqués Severo Ochoa, aunque le gustaba decir que también lo había sido de otro asturiano, Julio Rodríguez Villanueva, de Villamayor; sin embargo, sería su matrimonio con Nohelly Arrieta, natural de Pola de Laviana, y con la que se casó en Covadonga, el que forjase el más íntimo, fuerte y determinante vínculo de unión entre el eminente científico y Asturias.

En 2008, siendo yo el director del Secretariado para la Cultura del Arzobispado de Oviedo lo invité a que pronunciara una conferencia en el Palacio de Congresos–Auditorio “Príncipe Felipe” de la capital del Principado, en un ciclo que llevaba por título “La cruz, árbol de vida”. César Nombela disertó sobre “Valor de la vida humana en la investigación biomédica actual”. Gustó muchísimo al público, que ocupaba todos los asientos de la sala grande del Palacio-Auditorio ovetense.

Se le invitó porque Nombela era capaz de conjugar, en el discurso, sus acreditados conocimientos, resultado de una reconocida y prestigiosa labor investigadora, y su fe en Cristo, cuya resurrección era, para él, «la mejor noticia, la única importante. Significa que mi vida tiene sentido, como lo tiene mi libertad; es un don que debo merecer. No estamos abocados al vacío ni al absurdo, sino a la esperanza. La justicia histórica se consumará para todos. Y no desde las estrechas categorías de un sentir meramente humano, sino desde la redención que brota del corazón de Dios, Padre Bueno, que ha querido hacerse presente en la Historia del Hombre. Es proyecto, presencia e invitación que requiere una respuesta libre y comprometida, con toda una vida para hacerla realidad».

Mas de la relación existente entre la fe cristiana y la ciencia se ha pronunciado también en estos días, no una científica, sino una popular directora de programas de televisión: Ana Rosa Quintana (1956-). Anunció hace un año que padecía cáncer de mama. Tuvo que someterse a un tratamiento, pasar por el quirófano y sobrellevarlo como pudo. ¿Y cómo pudo? Con la ayuda de la fe: «Creo en Dios y creo en la ciencia. Son las dos cosas más importantes. A mí me ha salvado la ciencia y me ha consolado creer en Dios».

Contó, además, con el apoyo y el cariño de su familia. Al igual que la actriz María José Cantudo (1951-), quien, en un momento muy difícil de su vida, ha sabido conjugar la fe cristiana con la ciencia, como ha manifestado en unas declaraciones recientes. Sufrió una reacción alérgica, de consecuencias imparables, hasta que quedó postrada en la cama, sin poder moverse y sin encontrar el médico que la atendiese como era debido. Cuando dio con el que habría de operarla y hacer posible el que saliese adelante, confesó: «Caí en las manos de una eminencia que me salvó la vida y que me envió Dios».

María José no lo oculta: «Creo que esto ha sido, una vez más, obra de Dios. Yo soy muy creyente y sabía que Dios me iba a sacar de esta. Me he salvado de milagro, y no es la única vez que cuando ya no podía más y la noche era eterna, él me ha salvado». Allí estaban, pues, Dios y el médico, y también su familia y las amistades de siempre.

Como le sucedió igualmente a Jesús Candel (1976-2022), conocido como “Spiriman”. Este médico de 46 años, que logró movilizar a diversos sectores de la sociedad andaluza para que reclamasen mejoras en la sanidad pública, falleció del cáncer de pulmón con metástasis que padecía desde hacía dos años. Y este fue el mensaje que hizo circular por las redes cuando ya se encontraba en la fase final de su enfermedad:

«Yo creo que Dios me hizo con un motivo. Me hizo generoso para poder unirme a muy buenas personas como vosotros y poder hacer muchas cosas que le agradasen. Solo Él sabe el fin de mi destino, pero tanto amor que me está dando a través vuestra y de mi familia, me mantiene aquí». En las manos de Dios se ponía él y ponía también a sus lectores: «Y que Dios nos bendiga a todos», dejando, en otro mensaje, esta consigna: «Si el cáncer te toca tienes que ser más fuerte que nunca y agarrarte a Dios».

De modo que, en estos otoñales días de octubre, los testimonios de cómo la fe cristiana ha iluminado los espacios de dolor, de oscuridad y de aparente sinsentido en las vidas de un científico, una comunicadora, una actriz y un médico han llegado hasta nosotros, a través de los medios de comunicación social, como un cálido abrazo del Sol que, en lo alto, brilla, nos conforta y nos revitaliza. Es decir, Dios.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 23 de octubre de 2022, p. 24

César Nombela

Ana Rosa Quintana

María José Cantudo

Jesús Candel «Spiriman»

El arquitecto Renzo Piano visita al Papa Francisco

«Abbiamo parlato dei giovani. Meglio: abbiamo parlato delle cose che ci uniscono e ne abbiamo scoperte tante, metà le ho tirate fuori io, metà il Santo Padre» è la prima cosa che dice Renzo Piano appena uscito dall’udienza di oggi, 21 ottobre, con Papa Francesco.

«Ad un certo punto — racconta — mi sono fatto coraggio e l’ho chiamato non padre ma fratello. E lui mi ha detto “è giusto”; infatti noi due siamo coetanei. Io sono nato nove mesi dopo di lui, lui è come un fratello maggiore, di 9 mesi più grande (e 90 anni più saggio di me). Questo essere coetanei non è solo un fatto anagrafico, è sopratutto il fatto di aver vissuto gli stessi momenti, l’Argentina non era in guerra, era lontana ma c’era la guerra mondiale, sua madre ha pianto il giorno della fine del conflitto. Quel tempo, all’inizio anche drammatico, era il nostro tempo, in cui ci stavamo formando (io sempre indietro di 9 mesi, ma procedevamo insieme) e qui è stato bello il colloquio perché metà lo dicevo io e metà il Santo Padre, le esperienze erano comuni».

L’architetto genovese ha voglia di ricordarsi tutto quello che si sono detti con il Pontefice ma vuole anche soffermarsi su alcuni passaggi, ad esempio quel periodo post-bellico, perché il suo pensiero va sempre lì, ai giovani.

Quando abbiamo vissuto quel periodo di formazione, subito dopo la guerra, avevamo la sensazione che il tempo che passava rendeva le cose migliori. È stato il grande slancio della ricostruzione dopo guerra che ci ha accompagnato nel periodo dell’infanzia, dell’adolescenza, della giovinezza; eravamo immersi in un mondo che procedeva, progrediva, migliorava. La magnifica sensazione di trovarti davanti un mondo migliore. Sia io che il Papa oggi viviamo tra i giovani, io in tutti i luoghi del mio lavoro sto in mezzo ai giovani di ogni parte del mondo. Anche in Senato, nel mio ufficio ho un tavolo tondo di compensato con molte sedie riservate ai giovani, che lavorano con me (il mio stipendio lo permette), lavoriamo insieme. Così fa il Papa che cerca i giovani, vuole stare con loro. Questo ci accomuna e ne abbiamo parlato. E abbiamo insieme constatato come sia difficile per entrambi accettare («mandar giù» è stata la sua espressione) il fatto che questi giovani non hanno la stessa esperienza che abbiamo avuto noi, il tempo che passa non presenta una prospettiva migliore. Al contrario oggi c’è la paura: il covid, la crisi climatica, tutte cose di cui c’è la consapevolezza che non si tratti di fenomeni provvisori, transeunti. Le migrazioni, le carestie… sono tragedie a cui ora si è aggiunta la guerra. Ho detto al Papa che ogni giorno lavoro per costruire luoghi pubblici, luoghi di pace, oggi ad esempio stiamo costruendo ben sei ospedali in giro per il mondo, ma che tutti questi momenti, purtroppo, sono come offuscati.

Il senatore a vita qui si ferma, sembra fremente pur nella pacatezza gentile dei suoi modi.

C’è un fatto, legato alla guerra, che segnala il motivo della mia sofferenza: io sono un costruttore, uno che costruisce luoghi per le persone, per la comunità, biblioteche, musei, ospedali, scuole… dei luoghi che sono, fanno la città e poi arriva la guerra che distrugge tutto. Una settimana fa è stato bombardato il ponte di Kherson; in un secondo momento mi sono chiesto chi lo avesse bombardato e per quale motivo, ma la prima sensazione è che un ponte era crollato, qualcosa che era stato costruito era stato distrutto. Tu costruisci e la guerra distrugge. Ho detto al Papa che quando stavo costruendo il museo di Paul Klee a Berna, un giornalista del «New York Times» mi chiese notizie sul budget, circa 100 milioni, e mi disse che era il budget di una giornata di bombardamenti, di un bombardiere americano in Iraq con i suoi caccia e il suo carico di bombe: fermando per un giorno il bombardamento puoi costruire un luogo che contribuisce a edificare la città.

La conversazione si muove all’interno del perimetro della città perché Piano vuole parlare di un altro tema che gli sta a cuore.

Abbiamo poi parlato con il Papa delle periferie. Entrambi veniamo da lì. Lui dalla “fine del mondo”, ed io dall’Italia, che non è il centro del mondo e da una città come Genova che è in qualche modo periferica: discreta, silenziosa, un po’ defilata. Io vengo poi da una periferia della città. Questa condizione è qualcosa che porti con te nella tua vita, è come un segno distintivo che spinge verso la curiosità di scoprire il mondo, di andare per il mondo, che poi ha ragione lui, si vede bene passando dalla periferia.

E qui spuntano fuori Martini e la Bibbia.

Abbiamo poi parlato di un’altra figura, che a me ha sempre attirato, il cardinale Carlo Maria Martini, che ha scritto delle belle pagine sul tema della città. Il cammino dell’uomo, dice Martini prendendo spunto ovviamente dalla Bibbia, non è verso la campagna ma verso la città. È la città descritta dal libro dell’Apocalisse: con 12 porte, lunga 12.000 stadi, cioè duemila chilometri, una città di luce, luminosa, accogliente e questa città è il traguardo del cammino dell’umanità e dove si realizza il sogno millenario degli uomini, il sogno dello shalom, della pace. Questa cosa coinvolge il tema della bellezza e il lavoro di chi, come me, costruisce i luoghi che rendono interessante una città, i luoghi pubblici in cui la gente si ritrova, se ci fossero solo le case dei privati la città sarebbe priva di interesse. E allora pensi che la pace è un po’ come costruire una città, pietra su pietra, piano piano, con fermezza, costanza, tenacia, pazienza…

L’Apocalisse infatti non ricorda al lettore soltanto che la storia umana ha una fine, ma anche e soprattutto che la storia ha un fine.

Proprio così, e quel fine, quel destino della storia è la città, quella città di luce e accoglienza descritta meravigliosamente nel testo. Quella città è l’antitesi del deserto, il luogo mostruoso della non-vita, del vuoto. L’antitesi al deserto non è la campagna ma la città. Con il Papa ci siamo soffermati su questo, sul triste paradosso per cui a volte le città diventano deserti, i deserti urbani. E insieme abbiamo detto che le città si ammalano, per questo è urgente lavorare sulle periferie, per curare, guarire il “tessuto” urbano lacerato. Ora per esempio, come ho spiegato al Papa, stiamo costruendo un grande ospedale a Parigi nella banlieu nort, quando costruisci un ospedale nella periferia finisci sempre per dare fiato alle energie positive: è chiaro che le periferie sono piene di problemi, ma sono altrettanto piene di energie positive, vitali. Ed è questa la cosa bella.

Ogni costruzione ha un cantiere, uno spazio di lavoro, di incontro, di progettazione. Mi sembra un’immagine molto bella perché la dimensione del cantiere dice in qualche modo che siamo sempre un po’ in cammino, in fieri, work in progress. Sul nostro giornale abbiamo avviato una rubrica dedicata ai giovani che abbiamo denominato #CantiereGiovani ad indicare che i giovani stessi sono un “cantiere”, sono il cantiere del futuro, dell’umanità in costruzione. E questo mi fa pensare all’Europa del Medioevo, l’Europa delle cattedrali che venivano costruite da tutta la comunità,, ognuno partecipava con il proprio piccolo o grande contribuito.

Questo è molto vero e molto bello. Così come le università. Perché c’era una dimensione “universale”, tutti verso l’unica, medesima, opera, addirittura queste erano occasioni di libertà, di liberazione dalla servitù della gleba. Costruire, creare, non è soltanto l’espressione di un genio individuale, solitario, ma una storia di popolo, di un tessuto. Io vivo in mezzo ai cantieri, luoghi straordinari, ne ho avuto di bellissimi, spesso ho aperto cantieri in luoghi molto significativi, penso a Berlino a Postdamer Platz subito dopo la caduta del muro; avevamo 5.000 operai, di cui solo 500 erano tedeschi, gli altri da tutto il mondo, turchi, francesi, italiani, russi… e lì ti rendi conto che quel luogo è stato teatro del più terribile momento della storia moderna, ebbene in qualche modo quel cantiere era la risposta, all’insegna della diversità assoluta di tutti (di etnia, lingua, colore..) ma che ogni diversità era ricchezza e non ostacolo alla medesima missione, costruire. E qui nasce anche un sano orgoglio, costruire qualcosa che sta su, in piedi, costruito da noi. Il maestro Daniel Barenboim venne spesso a trovarmi in quel cantiere e ispirato dalle sedici-diciassette gru che lavoravano simultaneamente ma senza mai entrare in collisione, realizzò, dopo mesi di prove (con tutti gli operai che parlavano lingue diverse), un “concerto-balletto” delle e con le gru in movimento, qualcosa di meraviglioso. Quando è così allora costruire è sempre costruire un ponte. Quanto è importante costruire ponti e non muri. Ho costruito molti ponti, fisici, nella mia vita, ma anche altri edifici sono ponti, metaforici. Se costruisci una biblioteca stai costruendo un ponte. In Grecia costruimmo la Biblioteca di Stato ad Atene. Piena di giovani. Il direttore mi disse che circa la metà non andava per cercare libri, ma magari per altri motivi, per stare insieme, incontrarsi in questo luogo pieno di luce: ecco il ponte. Si sta insieme per condividere valori, esperienze. In un luogo bello. E qui è stato il Papa a tirar fuori questo tema: la bellezza, fondamentale. Una bellezza che non può essere se non vera e buona. Una cosa bella è anche buona: un buon piatto di spaghetti è anche bello. In Grecia è sempre unito, ma anche nella cultura semita, così come nella lingua swahili, il Papa ce lo ha fatto notare, come a livello linguistico in tante parti del mondo bello e buono coincidano. Di questa bellezza abbiamo parlato, che tocca i cuori, e che è trasversale a tutti i campi dell’umano: nell’arte ma anche nella curiosità scientifica, come nella solidarietà e generosità.

L’opposto di questa bellezza è la guerra.

Il Papa ce l’ha nel cuore, la guerra, con il suo peso enorme. Ne abbiamo parlato, ho provato a dirgli la difficoltà che crea questo tema, ad esempio per giovani che non ne vogliono parlare, non per insensibilità o indifferenza ma per quanto è opprimente questo fatto della guerra. E noi adulti ci sentiamo impotenti. Non si riesce a dare voce a questa angoscia che ci tormenta, a trasformarla in energia costruttiva. Il Papa fa sentire la sua voce, limpida, ferma e incessante ma i grandi della politica mi sembrano assenti, impreparati, incapaci di comprendere… quando invece ci vorrebbe l’unione di migliaia, milioni di voci. Parlo da pacifista attivo, non sono infatti un cieco pacifista come si dice oggi. Ci vuole il realismo che il Papa possiede. Quello che ci resta è dunque la voce ma che sia capace di trascinare un coro di tante, tantissime, voci.

C’è un ultimo tema della conversazione, che forse sta sotto tutti gli altri..

Abbiamo parlato anche del mistero della vita. Gli ho detto del progetto che sto realizzando per gli scienziati astrofisici al Cern di Ginevra, questo famoso centro che si occupa dell’infinitamente grande e dell’infinitamente piccolo, cioè le particelle subatomiche. Si stanno facendo passi avanti impressionanti nella ricerca eppure c’è sempre qualcosa che resta misterioso, riusciamo a comprendere molto le funzioni, il funzionamento, il “come”, ma ci sfugge sempre il “perché”. E questo è vero per tutto, non solo per gli scienziati. E quindi si è parlato di ateismo, di atei ma soprattutto di persone in ricerca, capaci di apertura di mente e di cuore.

È sereno, pur nella drammaticità del momento storico, Renzo Piano che insieme alla moglie Emilia esce confortato dall’incontro col Papa, non prima di aver scattato una foto su un corridoio, pieno di luce, del palazzo apostolico.

«È stata una bella conversazione», confidano, «perché abbiamo scoperto tra noi molte affinità. Come se, in luoghi e ambiti diversi avessimo vissuto vite parallele, lui in Argentina, nel sacerdozio, nel pontificato e io a Genova e nel mondo, in mezzo ai cantieri: abbiamo trovato una vicinanza legata al fatto che ci siamo alimentati a sorgenti comuni che non sono quelle del mestiere, che sono diversi, ma sono quelle dei desideri, delle curiosità, delle domande che uno si pone, che suscitano energie e nuove curiosità; tutte queste cose sono collanti straordinari che funzionano anche a distanza, e oggi che siamo stati vicini, la conferma è stata anche più bella».

di ANDREA MONDA (Osservatore Romano, 21 de octubre de 2022)

Lectio Petri

El martes 25 de octubre , a las 18.30 horas , el » Atrio de los Gentiles » -en colaboración con la Fundación «Fratelli tutti»- inaugurará una serie de encuentros en la Basílica de San Pedro, dedicados a la figura del apóstol Pedro, para profundizar en su vida y ministerio en las artes, la historia y la cultura.

El protagonista del primer encuentro será el cardenal Gianfranco Ravasi , quien comentará algunos de los pasajes evangélicos más significativos sobre el Apóstol. Las lecturas serán interpretadas por la actriz Alba Rohrwacher, tras los saludos del cardenal Mauro Gambetti.

La sesión del 25 de octubre versará sobre la vida de san Pedro, su discipulado, lágrimas y martirio.

La segunda, el 22 de noviembre, acerca del primado de Pedro según el Evangelio de san Mateo 16. Participarán tres teólogos. Uno es católico, el otro es protestante y el tercero es ortodoxo.

El tercero, el 17 de enero, sobre las dos cartas de san Pedro. Estará presente Giuliano Amato, presidente emérito del Tribunal constitucional de Italia y de la Fundación «Atrio de los gentiles», quien disertará sobre fe y sociedad.

La cuarta, el 7 de marzo, llevará por título Quo vadis? y se concentrará en la figura de san Pedro a lo largo de la historia y su figura en el arte y la literatura.

La rueda de prensa de presentación en el Vaticano (20 de octubre de 2022)

Signorina Goldie

Hace sesenta años que tuvo lugar la sesión de apertura del Concilio Vaticano II. Fue el 11 de octubre de 1962. Se muestran, en estos días, fotografías de la procesión de entrada, del Papa sobre la silla gestatoria y en el Altar de la Confesión, de los ceremonieros, de los gentileshombres de Su Santidad, de los secretarios y actuarios junto a las mesas recubiertas de paños de color rojo y de jóvenes “assignatores locorum” en el pasillo o sentados en las escaleras de las tribunas dispuestas a lo largo de la nave central de la basílica de San Pedro, repleta de obispos.

Entre las auditoras que asistieron, a partir de 1964, a las sesiones conciliares figuraba la australiana Rosemary Goldie, muy conocida en los círculos eclesiásticos romanos. Era fácil coincidir con ella, hasta que regresó a su país de origen, en algún evento académico: en clases y defensas públicas para la obtención de los grados de licenciado o doctor en la Pontificia Universidad Laterananse, de la que fue profesora; o cuando atravesaba el gran patio de la Pontificia Universidad Gregoriana para ir al aula en la que debía impartir, como invitada, un curso de teología o sobre el laicado en la Iglesia; o mientras se dirigía, por las calles de la Ciudad Eterna, hacia algunas de las innumerables instituciones y academias religiosas que hay en ella, para pronunciar una conferencia, portando un maletín profesoral enorme.

Se le daba el tratamiento de “Signorina Goldie”. Era de figura menuda. Muy educada, amable y discreta. El corte del traje, del abrigo y de la gabardina indicaba el mundo del que provenía. Nació en Manly, Sídney, en 1916, y se crio con su abuela materna, Isobel Mabel Deamer, que fue quien la inició en la fe católica. Rosemary estudió en el “Our Lady of Mercy College” de Parramatta, en la Universidad de Sídney y en la Sorbona de París. Su campo era el de la Literatura. Publicó un libro al que dio el título “Vers un héroisme intégral dans la lignée de Péguy” (1951).

Sintió muy pronto que Dios la llamaba a implicarse en las organizaciones laicales de la Iglesia, en las que llegó a ser tan conocida que la Santa Sede le pidió que colaborase con ella en la puesta en marcha de algunos organismos pontificios de acción eclesial seglar. Se considera que su nombramiento como subsecretaria del Consejo de Laicos ha sido un hito en la historia de la Iglesia, porque fue la primera mujer laica que ocupó un puesto de relevancia en el Vaticano.

Escribió un libro sobre sus años romanos: “From a Roman Window. Five Decades: the World, the Church and the Catholic Laity” (1998). En él comparte datos, impresiones e historias vividas en primera persona durante las cinco décadas de estancia en Roma. En 2002 regresó a Australia y concluyó sus días en este mundo en una residencia de religiosas, “Little Sisters of the Poor”, en Randwick, adonde fue a visitarla, en julio de 2008, Benedicto XVI, quien viajó a Australia, en esa fecha, para asistir a los actos de la Jornada Mundial de la Juventud.

La madre de Rosemary, Dulcie Deamer, que era escritora, actriz y llamada “Reina de la Bohemia”, pasaba mucho tiempo fuera de casa, al igual que el padre, Albert Goldie, gerente de publicidad de la empresa “J.C. Williamson” de teatro. De ahí el que la devota abuela se sintiese en el deber de ocuparse de la niña. Estuvieron tan unidas en vida que ahora yacen juntas en una misma tumba, en el “Sydney’s Eastern Suburbs Memorial Park”. La “signorina Goldie” falleció en 2010.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 16 de octubre de 2022, p. 25

Nuccio Ordine y las «pedagogías hedonistas»

En «El País Semanal» del domingo 9 de octubre de 2022, el profesor Nuccio Ordine, autor de «La utilidad de lo inútil», «Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal» y recientemente de «Los hombres no son islas. Los clásicos nos ayudan a vivir», habla de las «pedagogías hedonistas», que explica así:

«Hoy en día hay un modelo pedagógico que apuesta por todo tipo de aparatitos tecnológicos mientras sostiene que no hay que aprender de memoria; por ejemplo, que no hay que aprender poesía de memoria, que eso es una tontería. ¡No es verdad! Primo Levi ya nos lo hizo comprender en su libro Si esto es un hombre. Decía que en el campo de concentración le habían robado todo, la ropa, los libros, la comida, el pelo porque se lo habían rapado…, pero que lo único que los nazis no le habían podido robar eran las cosas que había aprendido de memoria. Así que, por la noche, les recitaba a sus compañeros el Canto de Ulises, de Dante, y aquello era un diminuto rayo de luz en el infierno de Auschwitz. Lo más importante de todo esto es que las cosas que tú has aprendido de memoria nadie te las puede robar. Tú puedes perder todos los bienes materiales que has adquirido, pero nunca tu sabiduría, lo aprendido, lo leído, la música…, eso nadie te lo puede robar».