Una tarde en Pravia

Doy las gracias a los numerosos lectores de la Unidad pastoral de Pravia y de las parroquias de San Pedro de Soto del Barco y de Santa María de Riberas que siguen semana tras semana esta tribuna del periódico. No imaginaba que fuesen tantos.

Y aprovecho la ocasión para enviar desde aquí un fuerte abrazo a quienes la leen todos los domingos a primera hora, que yo sepa, en España, Italia, Reino Unido, Bolivia, Argentina, Portugal y Estados Unidos. «Tu artículo», me dice un amigo misionero en Bolivia, «es mi himno de Laudes del domingo». Lo aclaro: Laudes es la oración litúrgica matutina de la Iglesia.

Tenía preparada para este fin de semana una columna sobre un tema diferente, pero la dejo aparcada a causa de haber tenido un encuentro memorable, en la tarde del pasado viernes, con los pravianos y otras personas provenientes de distintas partes de Asturias en la biblioteca pública “Antón de la Braña” de Pravia. Fue con motivo de una conferencia cuaresmal que me pidieron que pronunciase. En la biblioteca, no en la iglesia, pensando en que podría ser también de interés para quienes no van a misa.

El párroco estaba preocupado porque temía que a la convocatoria respondiesen, como mucho, solo una decena de feligreses. Lo habíamos estado tranquilizando previamente todos: verás cómo acuden; y si no hay gente, no pasa nada, nos comemos los bizcochos con nuez y los pajaritos de la Virgen del Valle, que van a llevar esas personas estupendas que te ayudan, y en paz. Pues no. A rebosar estaba el salón.

Hubo que demorar el inicio de la conferencia para ir a coger más sillas a la iglesia. En cinco minutos lo resolvieron los voluntarios, que había que ver cómo iban de bien vestidos para el evento. Y la organización del acto, por parte del Consejo parroquial, de matrícula de honor. Con estand de libros y todo.

Allí estaban en primera fila los alcaldes de Pravia y de Soto del Barco. Ni reglamento de laicidad ni historias. Todos a lo de todos, como debe ser. La bibliotecaria y el personal del centro, de lo más atentos. Y es que así da gusto. Además, los aparatos, que, incluso habiendo hecho pruebas anteriormente, nunca se sabe en qué momento van a dejar de funcionar en venganza de los malos tratos que les infligen los humanos, funcionaron a la perfección.

La cosa iba sobre el cambio que puede operarse en una persona cuando se encuentra ante una obra de arte. Y les hablé de los literatos Paul Claudel y Charles Péguy, del escritor y político Léon Daudet, del adolescente Aaron Lustiger, de san Francisco de Asís cuando era joven y de santa Teresa de Jesús cuando alcanzó la madurez, de la universitaria Edith Stein (santa Teresa Benedicta de la Cruz) y de la estudiante Cristina Kaufmann, de los pintores Pablo Picasso, Antonio López, Eduardo Arroyo y Miquel Barceló.

Todos ellos experimentaron, en un instante único en sus vidas, que, bien a través de una pieza musical, o de un edificio sacro, o de una imagen, o de una obra literaria, o de un cuadro, estaba acaeciendo algo más que la pura emoción que la contemplación de la bello provoca en el ánimo del oyente o del espectador.

Algunas de las personalidades arriba citadas percibieron que se trataba de un encuentro. Estaban ante Alguien por el que se sentían amadas, llamadas y transformadas, con tal evidencia que se produjo entonces, merced a ese hecho, una inflexión en sus vidas, de tal calado que puede decirse que hubo en ellas, a partir de ese episodio, un antes y un después. Tres llegaron a los altares.

Así que muchas gracias a los de Pravia por haberme regalado una tarde tan plena de estética, cultura, familiaridad y religiosidad, y la hermosa reproducción de la imagen de la Virgen del Valle mandada hacer para la ocasión. “Tota pulchra est”. Siempre.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 26 de febrero de 2023, p. 28

Felipe VI: La cultura, alimento del espíritu

Discurso del rey Felipe VI en la entrega de los Premios Nacionales de Cultura 2021, que tuvo lugar, el 20 de febrero de 2023, en el Edificio Pignatelli de Zaragoza:

«Queridos, premiados:
Representáis disciplinas artísticas muy variadas. Ejercéis una importante influencia en vuestras generaciones; a menudo, abriendo caminos a otras. Y lo hacéis fomentando la reflexión, suscitando emociones, mostrando una formidable capacidad creativa, con trabajos de gran calidad y propuestas ambiciosas.

Veros a todos aquí nos reafirma en la gran salud de la cultura, del arte y de la creación en sus distintas expresiones y manifestaciones en nuestro país. En circunstancias no siempre fáciles, con pasión, voluntad, y entrega, hacéis posible la cultura que estimula nuestro día a día, que nos reconforta, nos enseña, nos enriquece; que, en definitiva, tiene en nosotros, en la sociedad en su conjunto, una influencia muy relevante.

El inevitable retraso en la entrega de estos premios, concedidos en 2021 y que recibís hoy, esperamos que sea el último de los recuerdos que nos dejan unos años muy difíciles en nuestra historia reciente. Un retraso que no oculta, sino que engrandece la admiración por vuestro trabajo, con el que ayudáis a construir un país mejor: respetuoso, solidario, innovador y creador. Porque el arte funciona como espejo de la sociedad, pero también como imagen de aquello a lo que se aspira, como motor de cambio y progreso.

Señoras y señores,
Esta edición nos ha traído hasta Zaragoza, en donde precisamente se rodó una de las primeras películas del cine español, apenas unos años después de que los Hermanos Lumière presentaran en sociedad un invento llamado a cambiar la historia de la humanidad.

Si aquella cámara pionera estuviera aquí hoy, filmaría un país completamente diferente. Las cámaras presentes ahora mismo, en esta Sala de la Corona de Aragón del Edificio Pignatelli, dejarán testimonio de otro momento destacado de la cultura española: ese en el que recogéis estos premios como reconocimiento a vuestro talento, y dedicación. El momento en que vuestros nombres se incorporan a la amplia relación de creadores que os precedieron, quedando unidos ya a esa larga historia compartida de cultura que nos vertebra y nos proyecta hacia el futuro.

Porque vuestro trabajo es mucho más que un aliciente para el presente. Sois mensajeros del país futuro. Vuestras canciones, composiciones, novelas, poesías, fotografías, ilustraciones, diseños representan a todos y nos enorgullecen como país.

Porque ese trabajo —y permitidme la expresión— alimenta el espíritu, pero también la economía de un país entero, que se mueve hacia el futuro también gracias a vuestras aportaciones en distintos ámbitos. Porque la cultura es al mismo tiempo motor de progreso y de desarrollo personal; promueve e impulsa el conocimiento, y favorece la mejora material de toda la sociedad.

Por ello, es una alegría comprobar que el empleo cultural, en 2022, alcanzó ya cifras previas a la pandemia, con casi 700.000 trabajadores en el sector, que representan el 3,4% del empleo total en España. Cifras que animan a seguir trabajando en favor de quienes hacéis de la cultura vuestro medio de vida.

Vivimos en tiempos difíciles, pero la cultura siempre estará a nuestro lado para acompañarnos y darnos fuerza, reconfortarnos, y ofrecernos caminos por los que transitar con seguridad. Porque la cultura nos demuestra que la libertad, el respeto y la convivencia forman parte de los valores más arraigados de nuestro país. Por eso hemos de reivindicarla entre todos, su profundo valor, algo que merecen cuantos hacen posible la creación y el arte en España y que trascienden, con mucho éxito, nuestras fronteras.

Señoras y señores,
Hace unos días, la Reina y yo inauguramos la exposición “Sorolla a través de la luz” en el Palacio Real. Y este año, en el que conmemoramos el centenario de su fallecimiento, volver a su obra luminosa, vanguardista, feliz, alegre, y orgullosa del país en el que se desarrolló, puede servir a todos como guía y motivación, como refugio, como inspiración. Sorolla, “el pintor de la luz”, fue un artista profundamente español y profundamente internacional.

Que esa luz que Sorolla tan brillantemente recogió en sus pinturas, ilumine vuestro trabajo, y os permita seguir ofreciéndonos ese arte que la sociedad tanto necesita. Que esa luz nos encuentre a todos unidos en torno a la admiración y el respeto que os merecéis».

El cuidado del espíritu (preparándonos para la Cuaresma)

Diego S. Garrocho publica esta columna en el periódico con ideas aprovechables para una buena ejercitación cuaresmal

El olvido del espíritu

El espíritu es todo lo que importa y que no podemos tocar

  • ABC (20 de febrero de 2023) DIEGO S. GARROCHO

NADIE sabe exactamente qué es el espíritu. Por más que Hegel dijera que había visto al espíritu del mundo a caballo, para referirse a un Napoleón montado que cruzaba las calles de Jena, todos intuimos que lo espiritual guarda un íntimo compromiso con el régimen de lo invisible. Ni siquiera en griego antiguo o en hebreo existiría una única palabra para referirse a esa intuición abstracta, y todavía en nuestra lengua tendríamos dificultades para discernir cuáles son las diferencias entre lo que nombramos cuando hablamos del alma, de la mente o del espíritu.

La más banal de las intuiciones en ocasiones sale a nuestro rescate y, aunque todos sospechemos a qué nos referimos al apelar a la condición espiritual, podríamos convenir una definición de urgencia. El espíritu es todo lo que importa y que no puedes tocar. Esta intangibilidad de lo mucho que somos, para bien o para mal, se opone con naturalidad a nuestra condición corporal que ahora tanto se celebra. Somos, por supuesto, un cuerpo. Pero somos un cuerpo animado y un cuerpo vivido, un cuerpo doliente y un cuerpo capaz de pensarse y amarse como algo que es mucho más que un cuerpo.

La insaciable obsesión por la corporalidad ha multiplicado los gimnasios, los ungüentos, las recetas y hasta las páginas de los ensayos. Eso que llaman autocuidado no hace más que evidenciarnos la escasa complejidad de la definición con la que hemos querido conformarnos. O que nos conformen. Cuidarse el pelo, las uñas, la piel o el vientre son, sin duda, actos de higiene y hasta de dignidad civil, pero cabría sospechar por qué esa sobreabundancia de atención por lo corpóreo ha acabado por coincidir con un olvido del espíritu. Hay algo revelador en que sea más sencillo escuchar hablar de las impurezas de la piel que de la purificación del ánimo.

Uno sobrevive con lo poco que aprende de algunas personas sabias, y a un hombre de hondura le oí decir que el silencio es para el alma lo mismo que el agua es al cuerpo. El silencio es una ausencia de estímulos sonoros que hace perceptibles las verdades más sutiles. Por eso la lectura es siempre un acto autodefensivo en el que el individuo se aísla para hacer del mundo algo distinto del mundo. No olvidemos, además, que cada vocablo escrito en su mero acto de significar anuncia una trascendencia que va desde la palabra hasta la cosa.

También será en el interior del silencio, esta vez sin lectura, donde podremos ensimismarnos, que diría Ortega, para establecer atención real por todo lo que hacemos y todo lo que nos pasa. La admiración, y por ello la mejor cultura, la oración para quien rece o el paseo son experiencias que redundan en ese imprescindible y olvidado cuidado del espíritu. Aunque al final, puede que el mejor cuidado de sí consista en olvidarse de uno para cuidar algo más de los otros.

Temblores

El discurso parlamentario español más recordado es el de Emilio Castelar, quien, en 1869, habló así desde la tribuna: «Grande es Dios en el Sinaí; el trueno le precede, el rayo le acompaña, la luz le envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan; pero hay un Dios más grande, más grande todavía, que no es el majestuoso Dios del Sinaí, sino el humilde Dios del Calvario, clavado en una cruz, herido, yerto, coronado de espinas, con la hiel en los labios y, sin embargo, diciendo: “¡Padre mío, perdónalos, perdona a mis verdugos, perdona a mis perseguidores, porque no saben lo que se hacen!”»

En efecto, Dios se manifestó en el Sinaí, en la Naturaleza y en el Templo entre temblores, estruendo y con todo el aparato del que habla el Antiguo Testamento. Pero también el Calvario, hendido por la cruz del humilde Redentor, tremó cuando se agitó la tierra en la tarde de su muerte.

Lo cuenta el evangelista san Mateo: «La tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados: “Verdaderamente este era Hijo de Dios”».

Quien visite actualmente la iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén, nada más traspasar el umbral, a la derecha, verá que, en la base de la roca del Calvario, apreciable tras un cristal, hay una resquebrajadura que se cree que fue producida por un intenso seísmo. El mismo Jesús anunció que habría «grandes terremotos y, en diversos países, hambres y pestes».

Y cuando, en la mañana de Pascua, María Magdalena y la otra María fueron al sepulcro de Jesús «tembló fuertemente la tierra». De igual modo, estando el apóstol san Pablo prisionero en Filipos, hubo «un terremoto tan violento que temblaron los cimientos de la cárcel».

Sin embargo, el gran terremoto del que tenemos pormenorizadas noticias fue el que asoló Antioquía del Orontes en tiempos de Trajano. En el año 115. Ya había allí por entonces «cristianos», pues era así como los antioquenos llamaron desde su primera llegada a la ciudad a los seguidores de Cristo y fue allí en donde se acuñó el término que habría de universalizarse y dar nombre al cristianismo. Poco antes del terremoto había sido detenido el obispo de la ciudad, Ignacio, y llevado a Roma para dar testimonio de Cristo. Las cartas que escribió durante el viaje son de lo mejor de la literatura cristiana primitiva.

Aquel terremoto fue terrible. En la “Historia romana” de Dion Casio puede leerse el relato de lo acaecido: «Llegó, en primer lugar, de repente, un gran estruendo, al que siguió un tremendo temblor. Toda la tierra se levantó, y con ella se elevaron los edificios por los aires; algunos fueron desplazados solo para colapsar y romperse en pedazos, mientras otros fueron agitados de un lado para otro, como si estuviesen en medio del mar, y volcaron, extendiéndose los restos sobre una gran superficie, incluso en campo abierto».

Y prosigue: «El crujido de maderas que se quebraban, unido a las tejas y piedras que se rompían, resultó completamente aterrador; y se levantó una increíble cantidad de polvo, de forma que resultaba imposible que nadie viese nada, ni producir u oír una palabra. En cuanto a la gente, incluso muchos que estaban fuera de las casas resultaron heridos, siendo arrebatados y arrojados violentamente a tierra como si cayeran de un acantilado. Hasta hubo algunos casos de árboles arrojados por los aires, incluso con sus raíces».

No se sabe cuántos fueron los que murieron, golpeados en el cráneo por elementos de los edificios o sepultados bajo los escombros; muchos de los supervivientes quedaron mutilados de brazos o piernas. Mas también en aquella ocasión, al igual que en estos días de temblores, personas que deseaban salvar a las que pudieran estar aún con vida bajo las casas derruidas, encontraron a una mujer que sobrevivió alimentándose de su propia leche, a la vez que nutría con ella a su hijo.

Y un bebé, que yacía junto a su madre muerta, logró, mamando de sus pechos, no perecer. Son los milagros de ayer; los mismos de los que hablan los equipos de rescate de hoy, porque, cuando ya parece que no hay nada que hacer, un indicio de vida reclama que no cesen o se reemprendan las operaciones de búsqueda.

Y lo más sorprendente que hemos visto a través de la televisión, en este período de terremotos y réplicas en Turquía y Siria, es cómo, después de haber estado varios días sepultados bajo el peso de moles de cemento, arreglándoselas como podían para no sucumbir ante la angustia, el frío, el hambre y la sed, tanto niños como adultos, con unos ojos grandes y expresivos, y con un semblante de serenidad que para mí quisiera yo, nada más ser devueltos al exterior obsequiaban a sus salvadores y a cuantos los rodeaban con la más amplia, limpia y luminosa de las sonrisas.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 19 de febrero de 2023, pp. 24-25

Resquebrajadura en la roca del Calvario. Se dice que la produjo un seísmo

Y ese no es su valor real

El valor real de la Palabra de Dios no se establece en euros. Es otro. No solo superior, sino materialmente incuantificable. Pero lo de esta subasta acredita una vez más la enorme importancia cultural que posee la Biblia. Este es, según se dice, el texto hebreo más completo del Antiguo Testamento que existe: el Codex Sassoon (del siglo X aproximadamente).

La manosean bastante. Esperemos que sea auténtica.

Nerón blanqueado

Hace tiempo que vengo preguntándome cómo va a atacar la Inteligencia Artificial, en cuanto obra humana, al cristianismo, porque eso, tarde o temprano, ha de llegar. Y, como era de esperar, ha empezado ya a dar la cara.

Yo no sé si los que dispensan el dinero de los fondos “Next Generation” desde esa “nous” centroeuropea que todo lo dirige son sabedores de los revestimientos fraudulentos con los que algunos tratan de colar sus proyectos para que sean profusamente financiados, pero es que son ciegos si no se han dado cuenta ya de que esa condición que han impuesto, a saber, que las nuevas propuestas de atracción turística han de constituir una “experiencia” se están reduciendo en muchos casos a meras “experiencias inmersivas” virtuales. Y, la verdad, es que éstas ya cansan, no aportan gran cosa, no son reales y, además, marean. Son para entretener durante un rato.

Pero a lo que sí hay que estar muy atentos es a ese otro requisito que se exige y que reza así: «La línea Innova tiene como objetivos impulsar y fortalecer las redes de actores y crear narrativas sobre experiencias inspiradoras que construyan relatos a nivel país». Viene en el “Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia” del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. Muy logrado literariamente lo de «a nivel país».

Y por si no se entendió a la primera, insiste más adelante en lo de la «construcción de relatos inspiradores». Aunque no sean veraces. Hasta Irene Vallejo, autora del exitoso libro “El infinito en un junco”, ha afirmado muy convencida, cuando le pidieron su parecer sobre una colección de obras escritas para ponerlo todo patas arriba, que hay que «reinventar y reventar los clásicos», lo cual es, según ella, «innovador» y «precioso».

Pues algo así es lo que han hecho en el Coliseo de Roma. Un “chatbot” de Nerón conversa con los visitantes. Les responde a lo que preguntan y les cuenta lo que desean escuchar. «La elección de un sonriente Nerón vestido con toga» ha sido, de entre otras, la opción «más fuerte y atractiva», se lee en la nota de prensa emitida para el lanzamiento del producto turístico.

Esta iniciativa no ha tomado forma solo por las circunstancias actuales de financiación europea y de frenesí tecnológico, sino que se sustenta en las opiniones de una corriente historiográfica contemporánea que está tratando de blanquear la imagen de Nerón de acuerdo con una suerte de “negacionismo” disimuladamente consentido, asentido y promovido por la “cristianofobia” dominante. Sin embargo, lo que refiere Tácito, en los “Anales”, acerca del sujeto, causa espanto. Esto es lo que dice de cómo se ensañó con los cristianos, a los que acusó de haber incendiado Roma:

«El caso fue que se empezó por detener a los que confesaban abiertamente su fe, y luego, por denuncia de aquellos, a una ingente multitud y resultaron convictos no tanto de la acusación de incendio cuanto de odio al género humano. Pero a su suplicio se unió el escarnio, de manera que perecían desgarrados por los perros tras haberlos hecho cubrirse con pieles de fieras, o bien clavados en cruces, al caer el día, eran quemados de manera que sirvieran como iluminación durante la noche».

Y prosigue: «Nerón había ofrecido sus jardines para tal espectáculo, y daba festivales circenses mezclado con la plebe, con atuendo de auriga o subido en el carro. Por ello, aunque fueran culpables y merecieran los máximos castigos, provocaban la compasión, ante la idea de que perecían no por el bien público, sino por satisfacer la crueldad de uno solo». Bajo su reinado padecieron el martirio, según fuentes documentales, los apóstoles san Pedro y san Pablo.

Por otra parte, las palabras de Agripina, madre de Nerón, cuando vio que iban a matarla, son terribles: «Hiéreme aquí», le dijo al centurión que fue enviado a asesinarla, mientras le señalaba su propio vientre, en el que se había formado el imperial monstruo.

A la vista de todo ello, cabe preguntarse: en el futuro, Auschwitz ¿será explicado por un «simpático» chatbot del fautor de la Soá? Una mina de diamantes del Congo ¿por el de un rey belga? Un “killing field” camboyano ¿por el de un jémer rojo? Srebrenica ¿por el de un general serbio? Manila ¿por el de un emperador japonés? Hiroshima y Nagasaki ¿por el de un presidente estadounidense?

¿A que eso no va a suceder? ¿A que en lo del blanqueo de la figura de Nerón hay otro propósito que no es el del solo “divertimento” para turistas consumidores de lo que les echen? Claro que sí. Y es que ya nos hemos percatado de que algunos nuevos y dizque «inspiradores» relatos, «a nivel país», en el nuestro y en los de los demás, contienen dentro de sí más carga de ideología disolvente de lo que parece.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 12 de febrero de 2023, p. 27

Asturias ignota

El periódico británico “Daily Mail” ha dedicado algunas páginas a Asturias, en las que hace mención de Ponga, Somiedo, Las Ubiñas, Los Oscos, El Eo, Villaviciosa, Redes, Gijón, Avilés, la catedral de Oviedo, las casas de indianos, los quesos y los restaurantes más renombrados de la región. No es la primera vez que lo hace.

Estas referencias aparecen en el suplemento “Check-in” del popular diario, debido principalmente a la promoción que el Principado de Asturias hizo, en noviembre del año pasado, en la feria “World Travel Market”, en Londres, de los atractivos turísticos de nuestra tierra.

De igual modo, “The Sunday Times” ha publicado un reportaje sobre Somiedo y los avistamientos de osos y otros animales que gozan de libertad en aquellos hermosos parajes, y un centenar de taxis londinenses han lucido propaganda de Asturias en la capital del Reino Unido, en la que el restaurante “Hispania” funge en cierto modo de consulado representativo astur.

Falta hace que Asturias sea promocionada fuera del territorio nacional, porque apenas se la conoce. Uno se las ve y se las desea para explicar en qué parte de España nació y vive.

Yo suelo señalar, a quién me pregunta de dónde soy y en dónde está ese lugar, unas coordenadas geográficas no muy ceñidas a la inmediatez en el mapa, pero suficientemente próximas como para darse una idea: Asturias se halla entre Compostela y el País Vasco, puntos reconocibles por casi todo el mundo, aunque tampoco estoy muy seguro de que los interlocutores sepan ubicarlos sobre la piel de toro.

Por otra parte, los “Premios Princesa de Asturias” no le suenan a nadie fuera de España, y eso que son el mascarón de proa del conjunto de nuestras realidades culturales, a pesar de lo que diga el “Observatorio de la Cultura (La Fábrica)”, que, en el ranking de entidades culturales autóctonas del 2022, los coloca en el cuarto lugar, junto con la “Ópera de Oviedo”. En el nacional, en el septuagésimo quinto puesto, junto con el “Xacobeo”. No me parece que sea una clasificación aceptable. La Inteligencia Artificial la hará, en el futuro, con mayor objetividad y precisión, espero.

A propósito de todo este asunto de la propaganda turística, he descubierto últimamente la importancia promocional de los paneles que anuncian los horarios de las salidas y llegadas de los vuelos en los aeropuertos en los que operan las compañías de bajo coste.

Puesto que hay que ir al aeropuerto con tiempo, porque no existe certeza absoluta de que el avión vaya a salir o a hacerlo en la hora prevista, sino treinta minutos antes, una de las vías de aprovechamiento del tiempo es la de la lectura y ubicación en el mapa de los destinos, ignotos para el que aguarda el momento de embarcar en su avión, que van apareciendo en el tablero.

Y así, iphone en mano, se indaga en dónde se encuentran y qué hay que saber y ver de Rzeszow, Plovdiv, Bydgoszcz, Podgorica, Lamezia-Terze, Szczecin, Tallin, Chisinau o Essaouira, por ejemplo. Los pasajeros de estos lugares harán lo mismo que yo, imagino, respecto a Asturias, la cual, salvo que hayan hecho el “Camino primitivo de Santiago”, no les sonará de nada.

De ahí la importancia de que se establezcan conexiones desde nuestro aeropuerto con los de otras regiones de Europa y del mundo, pues sirven para que podamos conocernos mejor unos a otros, apreciar las infinitas bondades de tantos lugares maravillosos como existen en la amplitud del planeta, la genialidad de sus habitantes, la belleza de su cantos y composiciones musicales, la ancestral sabiduría de sus tradiciones; progresar en el manejo de idiomas diversos que nos permitan conversar con amistades nuevas y gozar de las increíbles riquezas literarias que florecen por doquier.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 5 de febrero de 2023, pp. 26-27