Dinamarca recorta un festivo laboral para financiar su creciente gasto militar
La ‘Store Bedegag’, una fiesta religiosa desde 1686, se celebró ayer por última vez
ABC (6 de mayo de 2023) ROSALÍA SÁNCHEZ
La primera ministra Mette Frederiksen en el Parlamento danés
Ayer los daneses degustaron un tradicional pastel de trigo a base de la última harina de la cosecha, para celebrar las tradicionales confirmaciones que suelen tener lugar en el ‘Store Bedegag’, el cuarto viernes después de Pascua, y que coincide a menudo con la explosión de la primavera en la naturaleza nórdica. Las familias se reunieron en un puente propicio para viajes cortos o jornadas de navegación, mientras que la Iglesia Evangélica llamó a la «gran oración». Esta fiesta se ha celebrado de forma ininterrumpida desde 1686, cuando se introdujo para unificar varias festividades cristianas.
Este año, los daneses han celebrado el ‘Store Bedegag’ con especial entusiasmo por tratarse del último. A pesar de las protestas masivas y de las manifestaciones con hasta 50.000 personas ante las puertas del Parlamento, el Gobierno aprobó su abolición para añadir un día laboral al calendario y aumentar la productividad económica y los ingresos del Estado, que necesita urgentemente nueva financiación para su política de rearme.
El obispo evangélico de Viborg Stift, Henrik Stubkjaer, ha criticado el hecho de que se esté convirtiendo el «gran día de oración» en un «gran día de las bombas». La socialdemócrata Mette Frederiksen y sus socios, el liberal Venstre y los moderados de Lars Løkke Rasmussen, cuentan con unos ingresos adicionales para el Estado de 3.000 millones de coronas danesas en los primeros años, el equivalente a unos 430 millones de euros y a la carga fiscal de 8.500 empleados a tiempo completo.
Dinamarca no sólo está rearmando su Ejército a marchas forzadas para cumplir con las exigencias de la OTAN, sino que, además, participa de forma activa en los envíos de armas Ucrania.
El último anuncio del ministro de Defensa danés, Jakob Jensen, se refería a la entrega de 19 obuses autopropulsados Caesar de artillería, que se suman a la oferta de tanques de combate Leopard. No está claro si a los daneses les disgusta más la medida en sí o la forma en la que el Gobierno la está aplicando, pero, según una encuesta, el 70% de los encuestados se manifiesta explícitamente en contra de la eliminación del festivo y sólo el 19% a favor. Los sindicatos todavía no pierden la esperanza de volver a disfrutarlo en 2024: han recogido más de 450.000 firmas en Dinamarca contra la abolición y están dispuestos a seguir convocando movilizaciones masivas.
En Meres (Asturias) hubo, en 1260, una torre, embrión del conjunto palaciego que actualmente conocemos, cuya iglesia hace de templo parroquial para la feligresía del entorno.
A una torre como aquella, en su predio familiar, encerrándose voluntariamente, hastiado de la vida pública, se retiró Michel de Montaigne con el fin de dedicarse a la lectura y a poner por escrito los pensamientos que le provocaban los más de mil libros de que disponía, herencia en su mayor parte de Étienne de la Boétie, y de los que fue extrayendo las frases que aún perduran incisas en las vigas de la sala en la que estudiaba.
En el Libro II de sus “Ensayos”, Montaigne escribió: «Es la belleza cualidad de recomendación primordial en el comercio de los humanos y el primer medio de conciliación entre unos y otros. Ningún hombre, por montaraz y bárbaro que sea, deja de sentirse de algún modo herido por su dulzura».
Dentro de unos días tendrán lugar, en la iglesia del Palacio de Meres, unas jornadas sobre la belleza, que consistirán en tres meditaciones acompañadas por unas interpretaciones musicales. Han sido organizadas por la Unidad pastoral de La Carrera en colaboración con la dirección del Palacio. Serán el 8, 9 y 10 de mayo por la tarde, abiertas al público metaparroquial, es decir, a todas las personas que sientan interés por el argumento.
Las parroquias que componen esa Unidad pastoral estiman que, al igual que existen conferencias cuaresmales, ha de haberlas también pascuales, pues la resurrección de Cristo es en verdad causa de alegría para el mundo, pero lo es también de una vida cristiana más exigente, por ser ésta, después del encuentro con Jesús resucitado y de haber recibido el bautismo, radicalmente distinta de la que se haya podido llevar anteriormente. La novedad de vida ha de apreciarse con claridad en la forma de pensar y de vivir.
Esas obras (“ergoi”) de creaturas ya redimidas que manda cumplir Jesús, para que resplandezcan ante todo el mundo, han de ser, según el texto original en griego del Evangelio, “kaloi”, es decir, “bellas”. En las versiones de la Biblia este adjetivo suele ser traducido por “buenas”: «Vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5,16). El texto dice, en griego, “bellas”, aunque, cuando se explica por qué se traduce el vocablo “kaloi” por “buenas”, se entiende fácilmente.
Y para meditar sobre el vínculo que une a la belleza, con la bondad, la verdad y la utilidad se ofrecen tres encuentros vespertinos, en el marco de las actividades de esas parroquias del arciprestazgo de Siero, en un lugar especialmente hermoso, por el conjunto arquitectónico con su jardín y el bosque, como es el Palacio de Meres. El título general bajo el que se agrupan las tres sesiones es “Belleza que hiere, une y salva”.
¿Por qué? Porque «la belleza hiere», dijo, en cierta ocasión, al igual que Montaigne, el cardenal Joseph Ratzinger. El entonces prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe se inspiró, para hablar de la herida de la belleza, no en las palabras del humanista francés, sino en las de un teólogo bizantino del siglo XIV, Nicolás Cabasilas, quien atribuía al dardo ardiente de la belleza divina, lanzado por Dios mismo hacia nuestra intimidad más honda, la herida abierta que, dentro de nosotros, anhela una realidad que se halla por encima de nuestra naturaleza. Hacia ella tiende nuestro ser y, en éste, todas las facultades que nos constituyen. Es por esa herida por la que nos entra la luz.
Mas la belleza, como sostiene Montaigne, es también vector de unidad y de conciliación, pues la armonía le pertenece intrínsecamente. De ahí el que en el salmo 133 se diga con exultación: «¡Qué belleza y qué gusto que los hermanos estén juntos!». De esa unión de mentes y de corazones provienen las expresiones sublimes que sólo la creatividad humana puede proyectar, generar y desarrollar para hermoseamiento de la vida en comunidad. Emanan de la herida luminosa causada por la flecha de la belleza de Dios en lo profundo de nuestro ser. Son las artes, los oficios y todas las manifestaciones que se agrupan bajo la extensa noción de cultura. Y también la política, entendida como el arte de preservar y procurar la belleza de la convivencia humana en el marco de la res publica.
La belleza hiere, une y también salva. En la novela “El idiota”, de Fiódor Dostoyevski, el personaje Hipólito pregunta al príncipe Michkin si es cierto que él ha dicho que la belleza salvaría al mundo. Y lo emplaza a que dé razón de su aserto: «¿Qué clase de belleza será la que salve al mundo?». Y lo que cabe responder a quien ha formulado la pregunta es que la belleza que salva al mundo es la que colma de plenitud de sentido al ser y resplandece luminosa, no sólo a pesar de los padecimientos humanos, sino precisamente en ellos, pues es ahí, en ese fondo de realidad doliente, frágil y al final muriente, en donde se encuentra la belleza que no caduca con las modas, ni se agosta con el paso de los años, sino que perdura en el tiempo y en la eternidad, porque proviene del autor mismo de la belleza: Dios, suma Bondad, suma Verdad y suma Belleza. Y porque es la de Jesucristo, el Hijo de Dios, quien, en su encarnación y en su morir por nosotros, nos ha revelado cuál es la belleza que realmente redime y salva al mundo.
En una escena de la película “Verbo” (2011), el protagonista pide con vehemencia: «¡Devolvednos la belleza!». Y eso es precisamente lo que reclaman muchas personas en el seno de la Iglesia. Y me parece que fuera de ella también. Los tres encuentros de los fieles de las parroquias de la Unidad pastoral de La Carrera en el Palacio de Meres son un modesto intento de atender a ese deseo y de introducir el vocablo, el concepto y la realidad de la belleza en el discurso y en la actividad del día a día de aquellas comunidades parroquiales. Y se hará, además, en esta ocasión, bajo la luz de la Resurrección de Jesucristo, quien, Glorioso, derrama su perdón, su gracia y su amor sobre la inmensa extensión de la faz de la tierra.
Jorge Juan Fernández Sangrador
La Nueva España, domingo 30 de abril de 2023, p. 28
Bert Daelemans, de la Compañía de Jesús, presentará, en un acto organizado por la Librería diocesana, sus libros sobre Arte y espiritualidad, hablará de su actividad como director de Ejercicios Espirituales y de grupos de oración en los que las obras de arte religioso cumplen el fin primordial para el que fueron creadas: llevar al encuentro con Dios.
Esta presentación de Bert Daelemans puede ser de interés para profesores y alumnos de Religión, catequistas, directores de Ejercicios Espirituales, profesores de Teología espiritual, estudiantes de Teología y de Ciencias Religiosas y para personas interesadas en Historia del Arte.
La Capilla de La Cadellada, en Oviedo, se encuentra actualmente en desuso. Estaba prevista su demolición cuando se pensó en la construcción del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Sin embargo, un mural con la Ultima Cena de Jesucristo, obra de Paulino Vicente, impidió que el plan fuese llevado a efecto.
Ahora, según ha publicado La Nueva España, podría ser declarada Bien de Interés Cultural (BIC). Así de fútiles y mudables son los criterios humanos, que pasan del intento de aniquilación al de exaltación en cuanto se produce el mínimo cambio en las circunstancias sociales.
La Capilla fue el lugar sacro erigido para la asistencia religiosa de los pacientes y el personal sanitario del Hospital Psiquiátrico Regional. A petición, en su día, del párroco de Nuestra Señora de Covadonga se permitió que los feligreses de esa comunidad cristiana pudieran hacer uso de ella.
En octubre de 1996 fue firmado un Convenio entre la Diócesis de Oviedo y el Servicio de Salud del Principado de Asturias que refrendaba la posibilidad de uso por parte de la feligresía parroquial, lo cual satisfacía, además, plenamente a la Administración pública, ya que de ese modo los residentes en el Hospital Psiquiátrico Regional estarían integrados en el entorno vecinal.
Así pues, la comunidad parroquial fungió mientras todo aquello se mantuvo en funcionamiento de vector de unión entre los pacientes del Hospital y el barrio. Y que esta labor ejercida por la Parroquia no se les pase por alto a quienes ahora, para hacer no se sabe qué en la Capilla, pretenden desahuciar a la Parroquia de aquel espacio. En fin, lo típico: quítate tú para que me ponga yo. Sin embargo, la experiencia dice que, cuando algo es de la Iglesia, es de todos; cuando no, es de unos pocos, que pretenden dirigir a los más que se dejen.
En enero de 2014, la Diócesis propuso firmar un nuevo Convenio con el Gobierno del Principado de Asturias en el que figurasen los siguientes puntos: 1) La Capilla exterior del HUCA sería de uso compartido entre la capellanía del Hospital y la Parroquia de Nuestra Señora de Covadonga; 2) el rector sería el párroco de Nuestra Señora de Covadonga; 3) el adecentamiento de la Capilla y la restauración del mural de la Última Cena se haría con fondos de la dotación presupuestaria para la puesta en marcha de servicios en el nuevo HUCA.
De todo el dinero que se metió allí, en el HUCA, la cifra con la que se pudo haber rehabilitado la Capilla hubiera sido proporcionalmente insignificante, pero no se hizo, pues era un lugar de culto católico y no había ni intención ni voluntad de emplear allí un solo céntimo. Y si la Diócesis quería la Capilla, que la pagase ella.
La Diócesis estaba dispuesta a financiar la obra, pero no a aceptar un proyecto arquitectónico impuesto por el Gobierno del Principado de Asturias, que se elevaba a una suma de dinero altísima para ser asumida por un particular. No se dio el visto bueno a que la Diócesis fuera realizando la obra por fases, con un presupuesto más ajustado a los fines cultuales, pastorales y asistenciales. Debía ser el que ya estaba confeccionado, en su totalidad, y no cabía otro.
Lo que en aquella negociación causaba estupor era que, después de pagar íntegramente la obra, en su alto coste, la Parroquia no podía hacer uso pleno de la Capilla. No se debían celebrar misas con el difunto de cuerpo presente, ni actos religiosos, como bodas, bautizos y primeras comuniones, en los que hubiera alboroto en el exterior, ni procesiones alrededor del templo. Se adujo que era por no perturbar a los pacientes y usuarios del Hospital.
El Convenio no fue firmado, la Capilla quedó segregada del plan general de construcción del nuevo Hospital; la torre, con una plataforma en su interior de excrementos de paloma del grosor del permafrost siberiano, hubo que cincharla porque estuvo a punto de desplomarse; el sótano, que fue en otro tiempo una morgue, devino una sentina de basura y el mural de Paulino Vicente siguió deteriorándose.
Desde entonces, representantes del Gobierno del Principado de Asturias preguntan periódicamente a la Diócesis si se haría cargo de la Capilla. Y siempre se les responde que sí. Les sobreviene, como es comprensible, un pánico atroz cuando alguien se la pide para destinarla a centro social: ¿para hacer qué? ¿contra quién? ¿cuánto va a acabar costando? ¿quién va a pagar? ¿cómo se autofinanciará?
Basta sólo con ver en lo que han quedado y el estado en el que se encuentran muchos, tal vez la mayoría, de los centros de interpretación de temática variopinta en Asturias. Y es que, aunque puede que a un amplio sector de la clase gubernamental no le guste la Iglesia, estima, aun así, que es mejor viajar con ésta antes que con algunos del propio partido político y espectro ideológico.
¿Qué labores desarrollaría la Diócesis de Oviedo en la Capilla exterior del HUCA? Además de las específicas de la Parroquia de Nuestra Señora de Covadonga, la Capilla sería un santuario del consuelo para los enfermos y sus familias, un espacio para recogerse, rezar, llorar, esperar, hablar con alguien que los escuche, recibir el tenue rayo de luz que puede iluminar y conferir un poco de sentido y aceptación a la persona que sufre en la espesa oscuridad de su drama personal, inesperado, desasosegante, irremediable y paralizador. Y para alabar y dar gracias a Dios.
La Capilla de La Cadellada será siempre un edificio sagrado, una mole estilizada y grácil configurada por el misterio sobrenatural al que nunca dejará de ofrecerle el servicio de ser su traslúcida envolvente; con su torre, de estilo centroeuropeo, que señala continuamente hacia el cielo y, dentro del templo, la representación de la Última Cena de Cristo antes de su pasión, muerte y gloriosa resurrección. Lo que fue consagrado a Dios una vez, no se desacraliza jamás, por muchos decretos que firme la autoridad eclesiástica y por sórdido que sea el uso al que se dedique ese espacio.
Y sea cual sea el destino que se le dé en el futuro, quien dirija la vista hacia la Capilla desde los amplios ventanales del HUCA verá que es ella en sí misma, con su volumetría, la que anuncia, por encima de los designios interesados de los hombres, que Dios está siempre cerca y que nadie logrará nunca desalojarlo de su Casa, aunque ésta sea destinada a cualquiera de las nimias, insatisfactorias y evanescentes aficiones y ocurrencias humanas.
«Eres como Moeller escribiendo», me decía el sacerdote asturiano Rodobaldo Ruisánchez Blanco, quien falleció hace unos días, el Domingo de Resurrección precisamente, en Llanes. Era un lector fiel de esta columna semanal en La Nueva España y buen conocedor del mundo cultural argentino, en el que me inició mientras conversábamos paseando rodeados de la extraordinaria belleza con la que las flores de jacarandá nos regalaban la vista por las avenidas de Buenos Aires.
¡Qué más quisiera yo! ¡Qué más quisiéramos todos que hubiera alguien por ahí, en cualquier lugar, como el sacerdote belga Charles Moeller (1912-1986)! Fue una de esas grandes figuras de ayer, que lamentablemente no existen hoy y que sería deseable que las hubiera de nuevo mañana. En España se hizo famoso, al igual que en todo el mundo, por su obra, en varios volúmenes, “Literatura del siglo XX y cristianismo”, publicada en nuestro país por la editorial Gredos.
El primer volumen, en francés, apareció en 1953. El sexto, póstumo, en 1993. En ellos, Moeller escribió sobre Camus, Gide, Huxley, Simone Weil, Graham Greene, Julien Green, Bernanos, Sartre, Martin du Gard, Henry James, Joseph Malègue, Malraux, Kafka, Vercors, Cholokov, Alain Bombard, Françoise Sagan, Ladislas Reymont, Ana Franck, Unamuno, Gabriel Marcel, Du Bos, Hochwalder, Péguy, Brecht, Saint-Exupéry, Simone de Beauvoir, Valéry, Saint-John Perse, Marguerite Duras, Ingmar Bergman, Larbaud, Mauriac, Sigrid Undset y Gertrud von Le Fort.
Moeller entresacó cuanto hay de cristianismo en las obras de esos autores, es decir, las “semillas del Verbo” presentes en ellas, pues, ya desde los trece años de edad, en que su hermano mayor lo llevó a una reunión de personas deseosas de trabajar en favor de la unión de las iglesias, trató de buscar siempre aquello que tienen en común, no sólo éstas, sino también la literatura contemporánea respecto al mensaje evangélico.
Puesto que estaba dotado de cualidades para el ecumenismo y poseía una amplia cultura, fue requerido para que participase en la redacción del documento conciliar sobre la Iglesia en el mundo: la constitución “Gaudium et Spes”. Y en la Curia vaticana ocupó los cargos de Subsecretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Secretario del Secretariado para la Unidad de los Cristianos.
Pablo VI lo designó para que dirigiese el Instituto Ecuménico de Tantur, en la carretera que va de Jerusalén a Belén, cuyo objetivo fundacional es que en él se rece y se trabaje para que se logre la plena unidad entre los cristianos.
Charles Moeller fue autor de otros libros. Algunos han sido traducidos al español. Realizó una importante labor de crítica literaria y teológica sobre los escritos de los autores más destacados en la historia del pensamiento, como hizo también Romano Guardini (1885-1968). Ambos roturaron un campo, el de la literatura y la teología, que, en la Iglesia, debería seguir siendo atendido, y no parece que lo sea, con el profundo conocimiento y el buen estilo con que ellos lo cultivaron.
Jorge Juan Fernández Sangrador
La Nueva España, domingo 16 de abril de 2023, p. 26
Han hecho una reformas impresionante en el aeropuerto italiano de Fiumicino, preparándose ya para la gran afluencia de peregrinos con motivo delGran Jubileo de 2025.
¿Y qué es lo que el Gobierno ha colocado en el área de embarques? El busto del «Salvator Mundi» que Gian Lorenzo Bernini realizó en 1679 y regaló a la reina Cristina de Suecia.
Un busto de Cristo dando su bendición a los que van y vienen en uno de los aeropuertos con mayor tráfico del mundo.
Un fenómeno de masas religioso, social y turístico plenamente consolidado que ha llenado la región estos días y aún cuenta con recorrido
8 de abril de 2023
«Hace apenas tres décadas aquí no existía la Semana Santa como fenómeno de masas religioso, turístico y social. Hoy es una realidad en estado de gracia por el impulso a variadas actividades de índole espiritual y lúdico en torno a estas fechas. Acabamos de ver en el primer gran puente festivo del año las calles de las urbes a rebosar, las villas saturadas y la vuelta de multitudes a los entornos rurales. El magnetismo de Asturias se sobrepuso incluso al impacto de la reciente ola de incendios, que no desanimó a los visitantes. El interés por los viajes y el ocio se está revelando como una expresión de la postpandemia. La cifra de visitantes que eligen la región para su descanso no toca techo. Y empieza a extenderse con fuerza, por fin, más allá de los meses de verano. Un nuevo activo que aprovechar.
La Semana Santa en Oviedo estuvo prácticamente desaparecida hasta comienzos de este siglo. Hoy moviliza a decenas de miles de personas en las jornadas de máxima intensidad. Hasta la ciudad vive con devoción andaluza y saetas su propia «madrugá» en el amanecer del Viernes Santo. Pero no solo de devoción está construido el renacimiento. Atractivos gastronómicos, como los bocados del cofrade, lo acompañan. Y también una singularidad deportiva ovetense: esa competición nacional de fútbol base que llenó el área central. Treinta mil personas desembarcaron en la región, un ir y venir de autobuses, familias al completo con niños para competir y hacer turismo.
Gijón también registró un aluvión de foráneos, con lleno casi total. Las procesiones han vuelto a tomar impulso gracias a un puñado de entregadas hermandades. Y van a más, valgan las de este año como muestra, algo nada sencillo en una ciudad que profesa institucionalmente un reglamento de laicidad. Precisamente el sermón del Miércoles Santo reivindicó no reducir la religión a «la intimidad secreta».
Con un trabajo de recuperación paciente, peldaño a peldaño, los actos en Avilés pasaron de celebración «interior», minoritaria, a abarrotar las calles con respeto reverencial al discurrir de los pasos. Los avilesinos retroalimentaron un círculo virtuoso con una masiva captación de cofrades, profusión de trajes, ampliación de recorridos o adquisición y restauración de tallas que les valió la declaración como Fiesta de Interés Turístico Regional. Pugnan ahora por merecer ese reconocimiento en la categoría nacional. Y en fin, cómo olvidar la constancia, solemnidad, esplendor, originalidad y fervor de los actos de Villaviciosa, Infiesto, Luanco, Candás, Luarca, Piantón, Villanueva de Oscos, Cangas del Narcea, Cangas de Onís…
Para creyentes y no creyentes, el destino Asturias funciona, aunque las tradiciones semanasenteras carezcan de la raigambre de otras regiones a las que contemplan ocho siglos de historia. La cercana Zamora, por ejemplo, cuadruplica su población cuando llegan los oficios y trasmuta sus calles en un gran teatro de la Pasión. Aunque aquí queda todavía mucho por recorrer –una sola cofradía zamorana tiene 11.500 integrantes, sin duda más que todas las asturianas juntas–, la explosión de este periodo como vivencia de la fe o para disfrute ya representa una feliz realidad.
La competencia estimulante entre los distintos concejos por buscar atractivos que ofrecer no deja de proporcionar frutos interesantes. Ahí está por ejemplo el Camino de Santiago, un recurso de incalculable valor inmaterial que permaneció oculto hasta que varios municipios con Oviedo a la cabeza lo convirtieron en emblema. O las múltiples sendas que recorren de arriba a abajo y de un lado a otro la costa, los valles y los bosques. Dará la región con otra veta de posibilidades insospechadas a poco que esos itinerarios se mantengan limpios y bien señalizados, se coordine su plasmación para darles sentido global y se unifique su promoción bajo una acertada marca como lo sigue siendo todavía la de «Paraíso Natural».
Asturias cuenta con 7.500 establecimientos de todo tipo para visitantes, de los que unos 800 son hoteles, y ofrece más de cien mil plazas de alojamiento. A ello hay que sumar 2.500 restaurantes y 7.500 bares y cafeterías, lo que promedia un local hostelero por cada millar de habitantes. El 75 por ciento de los casi dos millones de viajeros que llega aquí lo hace para pasar sus vacaciones y el 70 por ciento en pareja o en grupos familiares.
La Variante, casi ya a la vista después de un tortuoso recorrido, cambiará las comunicaciones. Abrirá de par en par puertas para muchas cosas, pero en particular para los hoteleros, los hosteleros y los comerciantes. Así que su estreno no puede volver a pillarnos por sorpresa, con los deberes sin hacer en los pocos meses que faltan. Aunque la Asturias del futuro no puede ser exclusivamente turística. no cabe pensar en su porvenir menospreciando las capacidades actuales de un sector que da empleo a 30.000 trabajadores. Por si quedan incrédulos, basta con ver el éxito de la Semana Santa que estamos rematando».
En mi casa nos acostábamos temprano y, durante el curso escolar, y especialmente en tiempo de exámenes, mi madre nos despertaba a las cinco o cinco y media de la mañana para que hiciéramos los deberes de clase y aprendiésemos de memoria las lecciones que ella, a tales horas, nos preguntaba.
Así, contándoselas, quedarían bien fijadas en nuestra mente. Eran esas las mejores horas, decía, para, con una cabeza descansada y despejada, comprender, retener y repetir. El método, desde luego, funcionaba. Era “matutina cognitio”.
Entiendo perfectamente, dada esa circunstancia personal y familiar mía, a los escritores que madrugan para, en las dos o tres horas que anteceden a la del amanecer, en las que las musas se muestran obsequiosamente propicias, componer su obra literaria. Es “matutina cognitio”.
De “matutina cognitio” calificaron san Agustín y santo Tomás de Aquino, en sus comentarios al libro bíblico del Génesis, al superior modo de conocimiento de los ángeles, ilustrados por el Creador mismo de todo cuanto existe.
“Matutina cognitio” es la de los científicos estudiosos del universo y de los fenómenos astrofísicos, cuando, al dirigirse por la mañana a los observatorios y laboratorios en los que trabajan, en el umbral de la puerta de casa, al pisar la calle o en el coche, sin instrumentos, ni bibliografía, ni apuntes, se extasían momentáneamente en la contemplación de las últimas estrellas que escintilan en la bóveda celeste, de los colores del firmamento al amanecer y de las siluetas de las montañas estarcidas en el horizonte.
“Matutina cognitio” fue el abrírsele los ojos a María Magdalena cuando Cristo la llamó, en la gloriosa mañana de Pascua, por su nombre, «María», pues no lo había reconocido al principio cuando se le apareció resucitado. Pensó que era un hortelano. Y eso que ella formaba parte del grupo de sus más señalados seguidores.
“Matutina cognitio” es, de entre los recuerdos de la infancia, el de la mañana del domingo de Pascua, de la Misa con velón nuevo, flores de fragancia y agua bendecida en una gran caldera de cobre; del rosco relleno de almendra, circundado de merengue, adornado con cerezas confitadas, fruta escarchada, pollitos amarillos, plumas de colores y flores de oblea, con el que el padrino y la madrina nos recordaban que un día fuimos bautizados en la Iglesia.
“Matutina cognitio” es la de las realidades y vivencias que nos constituyen, sobre las que estamos fundados y a las que retornamos cuando nos percibimos desorientados. Es la de la luz del primer día de la Creación por la palabra de Dios. Es la de la luz de aquel primer día de la semana judía en el que Cristo, eterna Sabiduría, resucitó de entre los muertos y nos abrió el camino hacia la Vida y el conocimiento de la Verdad plena.
Jorge Juan Fernández Sangrador
La Nueva España, domingo 9 de abril de 2023, p. 29