Para no desanimarse cuando arrecian las galernas en el espíritu

León XIV en «Magnifica Humanitas», 213, nos recuerda este pensamiento de Tolkien puesto en boca de uno de sus personajes:

«No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza».

(J.R.R. Tolkien, El señor de los anillos, III: El retorno del rey, Barcelona 1991, 194)