La puerta del arte

Los años jubilares dan comienzo con la apertura de una puerta santa. Con la exposición de tres cuadros de El Greco en la iglesia romana de Sant’Agnese in Agone se ha abierto la primera puerta del Jubileo de 2025 en la Ciudad eterna: la del arte. De aquí el lema bajo el que se agruparán las sucesivas exposiciones que tendrán lugar en Roma hasta principios de 2026: “el Jubileo es cultura”.

En la puerta, para poner de relieve el carácter liminar de la exposición, de la hermosa y monumental iglesia de Sant’Agnese, levantada por Borromini, a instancias de Inocencio X, sobre el lugar en el que la adolescente Inés fue martirizada en el siglo IV, han sido colocados tres óleos sobre tela de Domínikos Theotokópoulos, el Greco. Dos proceden del Hospital de Tavera, en Toledo. El tercero, del Museo parroquial de El Bonillo, en la provincia de Albacete.

En el de El Bonillo, pintado entre 1590 y 1595, Cristo se muestra realmente vivo. La luz de los ojos es penetrante. Y la serenidad con la que porta la cruz, enorme, sobre sus hombros, sujetándola con sus estilizadas manos, como si no pesase absolutamente nada, abrazándola, es una invitación a que cada cual lleve la suya diariamente con la fortaleza y la paz que recibimos de Él.

El del bautismo de Jesús, del Hospital de Tavera, pintado entre 1608 y 1624, es como para sentarse a contemplarlo durante horas en sus detalles y en su alta significación. Allí aparece Cristo, entre los pecadores, recibiendo, de manos de Juan el Bautista, el agua purificadora del Jordán. Él, que no tenía pecado, no hizo ascos a mezclarse con nosotros, pecadores, para hacernos partícipes de su vida divina.

El de la Sagrada Familia con Santa Ana, también del Hospital de Tavera, pintado hacia 1595, muestra a María amamantado, con el seno derecho visible, a Jesús. El Hijo de Dios, al igual que todos nosotros, necesitó nutrirse de alimento para sobrevivir, porque su asunción de nuestra carne fue real y total.

Estos dos cuadros, realizados para un hospital, corresponden a una práctica de la Iglesia, que ahora ha caído en desuso: dotar a los centros sanitarios de elementos de belleza, porque, ésta es un medio terapéutico, que coadyuva a la curación del enfermo, y complementa el tratamiento recetado por los médicos y los cuidados de la familia y de los amigos.

Sin embargo, los hospitales han devenido naves funcionales y lo mismo cabe decir de los centros de enseñanza de construcción reciente. Son estructuras arquitectónicas, permítase el neologismo, aneducativas. Compárense, si no, con las antiguas escuelas de Salamanca, París, Lovaina, Oxford, Cambridge o Dublín.

La actual exposición en la plaza Navona de los tres cuadros del pintor cretense arriba mencionados, de la que el sacerdote Alessio Geretti es el comisario, se titula “I cieli aperti. El Greco a Roma”. Es el primer umbral que se nos ofrece para que lo traspasemos en la peregrinación hacia el Jubileo romano de 2025, cuyo lema será “Peregrinos de la esperanza”.

A través de una obra de arte, visible, se abre un óculo hacia lo invisible. Ella hace posible el que, desde lo material, lleguemos a lo espiritual, desde lo humano a lo divino. De aquí la especial significación del cuadro del bautismo de Cristo: el Espíritu Santo rasga el velo que separa el cielo y la tierra, y, en el Jordán, desciende sobre Jesús, apareciendo así, ante nuestros ojos, la gloria de Dios, uno y trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Y aquí radica precisamente el fundamento de la esperanza cristiana, en la que se centrará el próximo jubileo romano: con el nacimiento de Cristo, Dios ha venido al encuentro de la humanidad doliente, para aliviarla e introducirla en la vida verdadera, y, habiéndose despojado de todo y humillado hasta la muerte en cruz, la ha revestido de gloria divina. Y es lo que el visitante contempla en la iglesia de Sant’Agnese in Agone cuando se acerca allí para admirar las tres magníficas obras del gran pintor que fue Domínikos Theotokópoulos, el Greco.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 10 de septiembre de 2023, p. 24

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Susurrar el Evangelio

Giorgio Marengo (Cuneo, 1974) es desde 2022 el cardenal más joven de la Iglesia. Tiene 47 años. Después de haber profesado como miembro del Instituto misionero de la Consolata, fue enviado por sus superiores a anunciar el Evangelio en Mongolia en 2003 y el Papa Francisco lo nombró Prefecto apostólico en ese país en 2020.

Marengo confiesa que le causaron una gran impresión las palabras de un obispo de la India, Thomas Menamparampil, quien, en el Primer Congreso Misionero de Asia, celebrado en 2006 en Tailandia, les dijo a los misioneros que han de presentar a Jesús tal como aparece en los Evangelios, y que la narración del relato de su vida, muerte, resurrección y ascensión lo es todo en su labor apostólica.

En aquel congreso, Marengo oyó también de labios de Menamparampil una expresión poética que le gustó muchísimo y lo indujo a escribir un libro sobre el argumento: “Susurrar el Evangelio”. Su título, en italiano, es “Sussurrare il Vangelo nella terra dell’eterno Cielo blu”.

La tierra del cielo infinito es Mongolia, la de Gengis Kan y Kublai Kan, las yurtas, los caballos de Przewalski, el desierto de Gobi, los camellos bactrianos, el viaje de Marco Polo, la Misa sobre el mundo de Teilhard de Chardin, los monasterios budistas y los mil quinientos católicos, “pusillus grex” de Dios.

En aquellas regiones de bravura, dureza y fuerza, la Iglesia anuncia a Cristo, y su maravillosa historia, con respeto, empatía y profundidad. Esto es susurrar el Evangelio.

En el libro bíblico de 1 Reyes (19,11-12) se cuenta cómo el profeta Elías se dirigió al Horeb y allí hubo un huracán que hendía y quebraba montañas y rocas, y un terremoto y fuego, pero Dios no estaba en esos elementos. Y de pronto, se oyó un susurro. Fue éste el que hizo que Elías adoptase una actitud, y postura, de adoración y de escucha.

Porque, para escuchar la voz de Dios, hay que agudizar mucho el oído. “Qol demamah daqqah”, dice el texto hebreo: “Voz que se acalla fragmentándose”. Es como si fuese un sólido que se va pulverizando y descomponiendo en partículas imperceptibles. Así también la voz de Dios: es de extraordinaria finura. Una voz que vibra tenuemente y queda aleteando levemente en el silencio, como la contenencia de las aves cuando permanecen suspendidas en el aire. De aquí la dificultad para oírla y reconocerla.

Y hay que ser muy sencillo para que eso acontezca. Es el caso de Gantulga Tumursukh, mongol, hombre del campo, que perdió sus pertenencias a causa de no sé qué calamidad. Alguien le dijo que se dirigiese a la Iglesia para pedir ayuda. Y la encontró. Él y su familia. La comunidad católica no sólo los auxilió, sino que los acogió con la sonrisa y el afecto de quien tiene conciencia de que la caridad es más que la distribución de bienes materiales. Es darse. Y así fue.

«Antes de haber experimentado el perdón de Dios cometí muchos errores. Era un hombre alcoholizado, violento, rudo con el prójimo. Mas cuando comencé a ir a la Iglesia, a escuchar la Palabra de Dios, a verme con los sacerdotes, sentí que el bálsamo de la misericordia descendía hasta mí y que un torrente de ternura me inundaba. En ese instante palpé el amor de Dios, creí en él y deseé entonces recibir el bautismo».

Gantulga fue bautizado y es a día de hoy animador de la comunidad católica y compositor de cantos religiosos: «En ocasiones trato de imaginarme cómo sería mi vida sin haberme encontrado con Cristo. Me habría arrastrado el torbellino de la desesperación. Hoy, por la gracia de Dios, soy una persona, un marido y un padre mejor porque he recibido la misericordia de Dios y me ha concedido el don de ser misericordioso con los demás».

He aquí una muestra de la fe que el Papa conocerá durante su viaje apostólico a Mongolia, en donde el Evangelio es proclamado con la dulzura, la tenuidad y el frescor de un susurro. El de la voz de Dios, que se comunica de corazón a corazón, en su Iglesia.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 3 de septiembre de 2023, p. 28

Ejercicios Espirituales para sacerdotes

Decía san Ignacio de Loyola que por Ejercicios espirituales se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mentalmente, y de otras espirituales operaciones.

Los cinco días de retiro en la casa “San José” de Cabezuela del Valle (Cáceres) (17 al 22 de septiembre) estarán dirigidos, en primer lugar, a la contemplación de la escena evangélica de la transfiguración de Cristo en la cima de una montaña.

Hemos, para esto, no sólo de alejarnos momentáneamente de las tareas que nos ocupan a diario, sino elevarnos por encima de ellas para encontrarnos con Jesús y por medio de él con Dios Padre, que nos invita a escuchar a su Hijo amado.

Y este será el segundo objetivo de los días de Cabezuela: escuchar la Palabra de Dios y orar intensamente, con perseverancia, para acogerla en el campo fértil de nuestra conciencia, nuestros afectos y nuestra vida sacerdotal.

En el monte de la transfiguración hicieron su aparición Moisés y Elías, figuras muy destacadas en el antiguo Israel. A la luz de la Pascua de Cristo leeremos los pasajes de la Biblia en los que se refieren sus vidas y, en oración, pediremos la gracia de ser, como ellos, fieles servidores de Dios y diligentes cumplidores de su voluntad y de sus mandatos.

Se trata, en definitiva, de vivir aquella misma experiencia que tuvieron los tres apóstoles, Pedro, Santiago y Juan, a los que Jesús invitó a subir a la montaña y, así, seguirlo a él, después, fortalecidos, con mucho ánimo y esperanza, por el camino de la cruz, que inexorablemente hay que recorrer, para llegar a la gloria de la Pascua y a la vida eterna.

Invito a los feligreses de las parroquias de los sacerdotes que harán los Ejercicios a que estén unidos espiritualmente a ellos, ya que éstos se retirarán a hacer oración con el propósito de crecer en el conocimiento y en el amor de Cristo, recibir la gracia de la santificación personal y seguir siendo ilusionados trabajadores de la viña del Señor y de todas y cada una de las personas que la Iglesia les ha confiado para que caminen junto a ellas guiándolas como pastores buenos y fieles.

Reflejo de la Iglesia

Asturias se ha mostrado una vez más como lugar idóneo para pasar los meses estivales: el clima, el paisaje, las fiestas, el deporte, la gastronomía y la gente. En fin, todo.

En una de las veladas del verano astur, bajo un hórreo, en una pumarada, mientras degustábamos unos blinis revestidos de una preciadísima y sabrosísima sustancia alimentaria, alguien pronunció, como una respuesta al repertorio, allí ampliamente desarrollado por los circunstantes, de los males que asuelan actualmente la convivencia ciudadana, la siguiente sentencia: «La situación de la sociedad es fiel reflejo de la situación de la Iglesia y la sociedad está mal porque la Iglesia está fatal».

Llevo dándole vueltas a este pensamiento desde entonces. Y en el torbellino de ideas, sentimientos, exámenes de conciencia, reproches a mí mismo y auto inculpaciones, la memoria me ha traído al presente aquel verso del escritor estadounidense y anglo-católico Thomas Stearns Eliot (1888-1966) en “Coros de la Roca” (1934) VII: «¿Ha abandonado la Iglesia a la humanidad o ha abandonado la humanidad a la Iglesia?»

En términos absolutos es preciso decir que nunca jamás podrán darse ambas cosas, porque Cristo estará siempre en la Iglesia y en la humanidad. Y, por eso, en donde esté la Iglesia estarán siempre Cristo y la humanidad, y, en donde esté la humanidad, estarán siempre Cristo y la Iglesia. Indisolublemente unidos. Como si fuesen la Santísima Trinidad, en la que, en donde está una de las tres divinas personas están las otras dos. Así también la Iglesia y la humanidad, que son un cuerpo en Cristo: no podrán desmembrarse la una respecto de la otra en modo alguno.

Ahora bien, así como existe una apostasía de los de la Iglesia, que es la que tratan de llevar a efecto las personas que lo solicitan formalmente en las curias diocesanas, para abandonarla, renegando de su bautismo (otras lo hacen sólo en su fuero interno), de igual modo existe una suerte de apostasía por parte de miembros de la Iglesia que, en un acto de egoísmo suicida, abominan y se desentienden de la humanidad, que Cristo hizo suya en la encarnación y se desposó con ella para ser, como en todo matrimonio, una sola carne. Son apóstatas de la humanidad por la que Cristo derramó su sangre para redimirla y salvarla.

Decía Simone Weil (1909-1943), judía de corazón cristiano, que «lo que me hace entender si alguien ha pasado por el fuego divino no es su modo de hablar de Dios, sino su modo de hablar de las cosas terrenales». Y es que a quien, en la Iglesia, haya apostatado de la humanidad, incluso de forma silente, se le nota, porque, de alguna manera, lo ha hecho también, previamente, respecto a Dios y a la fe cristiana. Y conlleva las consecuencias de las que se habló en aquel atardecer asturiano: todo en derredor, y extendiéndose en círculos concéntricos, empieza a ir mal.

«La situación de la sociedad es fiel reflejo de la situación de la Iglesia y la sociedad está mal porque la Iglesia está fatal», se dijo. He de confesar que me agradó escuchar ese reconocimiento de la importancia y del alcance del ser y del actuar de la Iglesia, pero también me impelió a hacer un examen de conciencia: ¿Qué rasgo de esa humanidad que se considera a sí misma independiente de la Iglesia es el que los de la Iglesia –no ella, que es santa- deben retener como una imagen afeada de su propia faz?

Sin duda, la perversión del juicio moral. El no saber qué es el bien y qué es el mal, el confundirlo todo, el asignar equivocadamente nombres a conceptos y realidades que no se corresponden, el equivocarse en la percepción de las personas, el no tener bien fijado el fin natural, no inventado ni impostado, hacia el que se ha de tender.

Cuando los de la Iglesia pierden el rumbo, la sociedad también, porque la misión de la Iglesia en el mundo es precisamente la de mostrar el sentido, la meta última, el horizonte definitivo de la humanidad. Mas «si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo» (Mateo 15,14).

Y no es cosa de discursos grandilocuentes ni de declaraciones proféticas o apocalípticas, porque suelen contener, como osarios con materia putrefacta, mucha falsedad, sino de pureza y rectitud de intenciones, sazonadas con la humildad. En el número V de “Coros de la Roca”, Thomas Stearns Eliot escribe: «Oh, Señor, líbrame del hombre de excelente intención e impuro corazón: porque el corazón es engañoso sobre todas las cosas y desesperadamente perverso». Pureza de corazón es lo que se requiere y exige, porque es en éste en donde se halla el epicentro que todo lo dinamiza para bien o para mal.

«Dichosos los limpios de corazón» (Mateo 5,8), proclamó Jesús. Y dijo también que «lo que sale de dentro es lo que hace impuro. Porque del corazón salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y son las que hacen impuro» (Marcos 7,20-23). Así que corazones puros serán los que regeneren, con su trabajo, ilusión y entrega, el tejido social. Y verán a Dios (Mateo 5,8).

Y otra cosa: Que nadie se extrañe de la desmemoria y del adanismo creciente en la sociedad, en la que se están desliendo los tradicionales anclajes en el pasado, porque ese es un reflejo igualmente de los graves y preocupantes niveles de paramnesia a los que están llegando los de la Iglesia. Y ésta, no se olvide, además de santa, es también la comunidad de la “anámnesis”, es decir, de la memoria grata, del recuerdo agradecido y de la eucaristía.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 27 de agosto de 2023, p. 33

Pontificando desde la cátedra de la Iglesia

Un magnate apropiándose de los símbolos. Total para decir una irrelevancia. Y todos embobados escuchando.

  • La Nueva España, 22 Aug 2023, Ángel Cabranes
Alejandro Irarragorri, durante su intervención en la santa cueva, ante jugadores y técnicos, con Laura Kalb, su mujer, y Andrés Fernández, capellán rojiblanco, atentos a sus palabras. |

Traje gris, camisa clara y el gesto concentrado de siempre. Sin lugar a la euforia por el último y rotundo triunfo, Alejandro Irarragorri hizo balance del inicio de la temporada del Sporting tras la visita a la Santa Cueva. «Tuvimos golpes duros, pero también aprendizajes. Así se crece y se fortalece. Nos veo hoy con una posibilidad de revancha importante en esta temporada», señaló el presidente rojiblanco, sin querer adelantarse al derbi, ya a la vuelta de la esquina, ni mucho menos a si el conjunto gijonés optará a final de temporada a estar en la zona alta de la tabla. Sí dejó la puerta abierta a la llegada de un delantero. «Haremos un esfuerzo», confesó en relación a las llegadas en estos últimos días de mercado.

El párroco ni aparece en la foto

Una actividad muy de nuestros tiempos: ocupar la iglesia para cosas que no son de la iglesia. Y los políticos plantados en medio.

Premio del coro de Lastres a la emoción por Colunga
  • El Comercio (Oviedo), 20 Aug 2023
El embajador, tras el reconocimiento del Coro Manín.

El coro marinero de Lastres entregó ayer su premio «Manín de Honor 2023» al diplomático colungués. La formación musical quiso así reconocer «sus méritos en la gestión y presidencia de la Asociación de Amigos del Concejo de Colunga». Jorge Hevia recibía el galardón «muy emocionado» y arropado por su familia, que, como él, no perdona los veranos en Colunga.

Insisto: Las iglesias no son para esto

¿Permitiría el alcalde que el párroco celebrase una Misa en el Salón de plenos del Ayuntamiento? ¿Es una iglesia el salón de actos de una asociación? Lo primero, seguro que no. Lo segundo, se ve que sí.

Jorge Hevia, «Manín de honor»: «Este es un premio para los Amigos de Colunga»
La entrega del galardón se enmarcó en las fiestas de San Roque de Lastres, que hoy celebra la procesión y la quema del «xigante»
  • La Nueva España (Oviedo), 20 Aug 2023, Sara Arias Lastres (Colunga)
Jorge Hevia, a la izquierda, recibe el galardón de manos del alcalde de Colunga, José Ángel Toyos, en presencia de los integrantes del Coro Manín. |

El presidente de la Asociación de Amigos del Concejo de Colunga, Jorge Hevia, recibió ayer con gran emoción en Lastres el premio «Manín de honor» de este año. Fue en el marco de las fiestas de San Roque de la localidad. El galardón, entregado por el alcalde, José Ángel Toyos, en el transcurso de un acto que tuvo lugar en la iglesia de Santa María de Sábada, pretende reconocer el «trabajo, esfuerzo y compromiso» del colectivo que dirige Hevia, quien subrayó que se trata de un premio para toda la Asociación de Amigos del Concejo de Colunga.

Además, el galardonado destacó la «sincera emoción» que le produjo el hecho de que la distinción se haya entregado en la iglesia de Lastres. «No puedo olvidar esas mañanas de domingo, cuando me acercaba con mi padre a las misas de diez», rememoró.

La ceremonia, que concluyó con un concierto del Coro Manín, supuso el acto central del programa festivo del día, abierto por la mañana con el tradicional «chupinazo».