La vida de Brian: censurada

Como era una sutil parodia del cristianismo y del judaísmo del siglo I, a partir de los relatos evangélicos, era jaleada y reproducida en televisión todas las Semanas Santas. Más que nada para hacer befa sin que pareciese que se hacía. Y ahora por una escena que puede ofender a cierto sector en la cresta de la ola… ha sido censurada. Sin que sus productores se atrevan a decir ni mu acerca de su derecho a la libertad de expresión, al que invocan cuando alguien les indica que su película discurre en el límite de la blasfemia. Pues ahí lo tienen ahora. De repente se ha volatilizado en ellos el sentido de la sátira. ¡Hala, a recortar el guion! ¡Y sin rechistar!

La censura mutila ‘La vida de Brian’

▶ La corrección política lleva a John Cleese, de los Monty Python, a cortar una escena en su adaptación teatral.

▶ «Hoy en día no se pueden hacer estas cosas», dijeron algunos actores, en referencia a una broma sobre lo trans.

  • ABC (24 de mayo de 2023), por IVANNIA SALAZAR, CORRESPONSAL EN LONDRES

Casi medio siglo después, la corrección política obliga a cortar una escena en su última adaptación teatral

No solo fue un éxito en taquilla cuando se estrenó en 1979, sino que ‘La vida de Brian’ se convirtió pronto en una película de culto. Considerada por la crítica una de las mejores comedias de la historia del cine, cuenta la vida de Brian, el hijo de un soldado romano y una feminista judía que es confundido por la gente con el Mesías.

La fina parodia, dirigida por Terry Jones y escrita por los Monty Python, es decir, por Terry Jones, Terry Gilliam, Eric Idle, John Cleese, Michael Palin y Graham Chapman, que interpretaba a Brian, fue calificada como «obscena y sacrílega» por el presidente de EMI Films cuando leyó el guion, que por ese motivo se negó a financiar. «No permitiré que la gente diga que yo me burlé del jodido Jesucristo», dicen que dijo en su momento, temiendo la censura.

Finalmente, el proyecto vio la luz gracias a que el que fuera uno de los cuatro Beatles George Harrison se implicara tanto que incluso montó una productora e hipotecó su casa. Pero la temida censura ha llegado casi medio siglo después. Y es que la adaptación teatral del filme, que está previsto que se estrene en Londres el próximo año, eliminará algunas escenas para no herir la sensibilidad de sus potenciales espectadores. Según recoge el diario británico ‘ The Telegraph’, una de las partes censuradas será una escena sobre un hombre que quiere gestar a su propio hijo.

Es precisamente John Cleese, actor, guionista y miembro de l os Monty Python, y responsable de la adaptación a las tablas, quien tomó la decisión de eliminarla después de que algunos actores que participaron en la lectura del guion llamaran su atención: «Nos encanta el guion, pero hoy en día no se pueden hacer esas cosas», le dijeron. «Estas cosas» se refiere, por ejemplo, a que el personaje de Eric Idle, Stan, explica que quiere ser mujer y por ello pide que le llamen Loretta, porque esto es su «derecho como hombre» y afirma que desea «tener hijos». Como, en su opinión, «los hombres tienen derecho a tener hijos», pide además que «no le opriman». Pero esta no es la parte más polémica, que l lega cuando el personaje de Cleese, Reg, le explica a Stan que su intención no es oprimirle, pero que le será imposible gestar sin tener útero. «¿Dónde vas a gestar el feto, lo vas a meter en una caja?», le cuestiona.

Al parecer, siempre según ‘The Telegraph’, el propio Cleese, de 83 años, habló sobre su decisión de eliminar la escena durante un espectáculo privado, en el que se cuestionó ante su público el tema de la cancelación: «Tenemos algo de lo que nunca ha habido una queja en 40 años, que yo sepa, y ahora no podemos hacerlo porque ofenderá a la gente. ¿Qué se supone que hay que hacer con eso?», se preguntó.

Edu Galán, columnista de ABC, escritor, guionista, humorista y fundador de la revista ‘Mongolia’, opina al respecto que «Cleese se equivoca profundamente». «Creo que el mantener la escena atraería a más público del que le quita. Es una decisión completamente absurda», asevera. Dice que la escena, «en el contexto de ‘La vida de Brian’, es un chiste que tiene todo el sentido, que está plenamente justificado, que no tiene ni mucho menos la intención de reírse de los transexuales». Esa, dice, es una interpretación actual que no tiene que ver con la intención original. «Ceder a estas sensibilidades es una derrota para la sociedad democrática».

Galán apunta al tipo de contratos que se firman ahora, que conllevan sanciones económicas por cualquier error o cualquier palabra mal dicha. «Creo que ahí puede haber una explicación de por qué Cleese se ha plegado; no es que se haya vuelto ‘woke’ de pronto, pero la libertad de expresión depende también de la libertad empresarial». «Si tú no tienes una posición de fuerza, date por jodido, creo que ese es el problema. No me creo que haya cedido así como así», insiste. Sobre los contratos habla con ABC Lucy G. H, directora irlandesa que confirma que en el teatro, al menos en su experiencia y la de su entorno, se tienen que firmar cláusulas «sangrantes en las que se nos penaliza por decir cualquier palabra, cualquier frase políticamente incorrecta». «Vivimos con el miedo a que una vez hecha l a i nversión, nos cancelen antes de estrenar por algún motivo ‘woke’».

Sangrante es también que los Monty Python, con sus comedias, sus parodias, su ácido sentido del humor, ejercieran de adalides de la libertad de expresión hace cuatro décadas y ahora sean víctimas de la cancelación. Para Galán, la película más famosa de las que hicieron posiblemente hoy no podría filmarse y el propio Cleese seguramente se vio en una encrucijada para poder poner en marcha esta producción con todos esos cambios, pese a que en los últimos años ha sido un abanderado contra la cultura de la cancelación y la corrección política. De hecho, ha sido acusado de transfobia por defender a J. K. Rowling, autora de Harry Potter, quien incluso ha recibido amenazas de muerte por su posición de defensa de las mujeres biológicas y de los espacios exclusivos para ellas.

«Me da mucha pena la época censora y tonta en la que vivimos –lamenta Galán–, en la que amparados en sensibilidades como la de estos actores papanatas, obras de arte como ‘La vida de Brian’ se tienen que recortar». «La ofensa personal no es una unidad de medida, la unidad de medida es la legalidad, con una interpretación cultural crítica seria». Para él, esta es «una censura que se dedica a señalar obras artísticas en base a sensibilidades individuales».

Polémica con Eric Idle

La telenovela no acaba allí. Una publicación en la cuenta de Twitter de la ‘British Comedy Guide’ en la que afirmaba que «la versión teatral de ‘La vida de Brian’ de Monty Python se lanzará en Londres en 2024, según ha confirmado John Cleese. Él e Idle han hecho cambios; por ejemplo, no habrá una escena de crucifixión», provocó la respuesta de Eric Idle, de 80 años, que negó cualquier participación en la producción teatral. «No tengo nada que ver con esta producción o adaptación», escribió, y añadió una frase que ha generado curiosidad y que refleja que las relaciones entre ambos no están en su mejor momento: «Aparentemente, Cleese cortó la canción. Por supuesto». Idle estaría refiriéndose a ‘Always look on the bright side of life’, la canción que escribió para la escena de la crucifixión y que es una de las más relevantes de la banda sonora. Si finalmente será incluida en otra parte de la obra es de momento un misterio.

Fue ‘ The Daily Mail’ el medio que informó primero de que las estrellas habían estado «trabajando en nuevas escenas y tramas para un espectáculo de gran éxito» con la directora Caroline Jay Ranger, que incluyen momentos que no aparecen en la película y otros que han sido eliminados, como la crucifixión, aunque de momento no se han explicado los motivos. Mientras tanto, Idle manifestó en una entrevista un punto de vista más suave con respecto a la cancelación. Concretamente, hizo referencia a las quejas del comediante estadounidense Dave Chappelle de que está siendo silenciado por sus controvertidos chistes. Incluso, su ‘show ’ en Netflix fue cancelado en el último minuto, al igual que otros espectáculos en directo, porque algunos de sus chistes son supuestamente ofensivos para las personas transgénero y transexuales. La reacción de Idle fue que «no debes quejarte de la audiencia. No hay nada malo con la audiencia. Si no se ríen de tus chistes, hay algo mal con tu broma».

Carta a un dibujante

Estimado amigo,

He tenido noticia de que, cuando explorasteis, en Mérida, el interior de una antigua cisterna que formaba parte de una casa romana y encontrasteis en ella los trazos de un crismón, testimonio de que, en aquel lugar, hubo culto cristiano, echaste mano del rosario que llevabas contigo y te pusiste a desgranar padrenuestros, avemarías y gloriapatris.

El arqueólogo jefe no supo qué decir: «Al volverme vi al dibujante de las excavaciones que estaba rezando un rosario y se me pusieron los pelos de punta. Entonces entendí el valor que tenía para mucha gente». Ese que rezaba el rosario en aquella cavidad, en la que parece que se escondieron los cristianos durante las persecuciones, eras tú, que, con toda naturalidad, sin ocultar tus creencias religiosas, le expusiste el motivo de tu devota actuación: «Para mí es importante estar rezando en donde se rezaba hace casi dos mil años».

No creo que haya muchos como tú, confesantes de su fe cristiana, en los equipos de arqueólogos. Sé de alguien que se presentó un día en los trabajos de excavación de una iglesia y depositó allí una vela encendida. Los investigadores de campo, expectantes, seguían con la mirada lo que hacía el hombre, habitante en las inmediaciones, que se había desplazado en coche desde su casa hasta aquellas ruinas, abandonadas desde hacía sabe Dios cuánto tiempo y de las que los arqueólogos trataban de extraer toda la información posible. «Es el sitio en el que rezaban mis antepasados», les dijo el lugareño, dando así razón de su presencia y de su religioso y libre comportamiento.

La sacralidad de un espacio, en el que un día se experimentó el gozo de la oración, de la adoración a Dios y de la comunidad de fe no desaparece jamás. Una de las notas características de nuestro tiempo es la de intentar profanarlos siempre que se presente la ocasión por medio de la blasfemia, la burla, la indiferencia, el uso indebido, la resignificación o la reutilización con fines sórdidos. Lo único que consigue el sujeto que acomete estos intentos es denigrarse a sí mismo, pues Dios es siempre mayor y está por encima de esas ocurrencias excretadas por los bajos instintos.

Tengo casualmente un libro sobre el teólogo suizo Hans Urs von Balthasar (1905-1988) encima de la mesa. Refiere cómo fue su Camino de Damasco en 1927, siendo estudiante de Germánicas, durante un retiro espiritual en Whylen: «Aún hoy, después de treinta años, podría encontrar en un sendero perdido de la Selva Negra alemana, no lejos de Basilea, el árbol bajo el cual fui alcanzado de improviso como por un rayo… pero no fueron ni la teología ni el sacerdocio lo que entonces vislumbré ante mí. Era únicamente: ‘Tú eres llamado, tú no servirás, alguien se servirá de ti; no debes hacer proyectos, pues no eres más que una pequeña tesela de un mosaico preparado desde hace tiempo’». En 1929 ingresó en la Compañía de Jesús.

Junto a un árbol, en la cima de una montaña, en una oquedad abierta en la roca, en un cruce de caminos, a la vera de una fuente o de un río, en una iglesia, ante un cuadro o una imagen, en el desierto o en un hospital… vete a saber en dónde estará aguardándonos Dios, que siempre nos sorprende. Incluso en el interior de una cisterna excavada para recoger el agua de lluvia, como fue en tu caso.

He de decirte, no obstante, que el arqueólogo jefe se sintió tocado al ver ese gesto tuyo, espontáneo, de tirar inmediatamente de rosario y de ponerte a rezar sin importarte lo que pensasen tus colegas de trinchera, entre los que pudiera haber alguno con corazón impermeable ante cualquier cosa que provenga de la fe religiosa. «A mí, como arqueólogo, me interesa la historia, el patrimonio, pero ese lugar toca la parte trascendental de las personas», le confesó a un periodista.

Cuando tengamos ocasión de vernos, y espero que sea pronto, te hablaré de situaciones muy parecidas a la que has protagonizado tú, pues han constituido el inicio de una nueva vida para quienes supieron vislumbrar en ellas una Presencia, real, amorosa y con una irresistible potencia transformadora.

Nada más por ahora. Cuídate. Tuyo afectísimo en Xro (Cristo) (por lo del crismón).

La Nueva España, domingo 21 de mayo de 2023, p. 32

Artistas y Ágora de Humanidades

En el diario El Comercio del domingo 14 de mayo de 2023:

«Varios patinetes eléctricos municipales aparecieron ayer aparcados en las esculturas de los jardines del campus de El Milán y no en los aparcabicis de la zona. Al tratarse de un error, el Ayuntamiento los retiró rápidamente».

https://www.elcomercio.es/oviedo/retiran-patinetes-aparcados-esculturas-oviedo-20230514005529-nt.html

Carrère d’Encausse y Lustiger

A Hélène Carrère d’Encausse, galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2023, le correspondió, el 14 de marzo de 1996, pronunciar el discurso de recepción del cardenal Jean-Marie Lustiger, arzobispo de París, en la Academia francesa.

El parisino Aron Lustiger nació en 1926. Sus padres eran emigrantes polacos, de religión judía, que, con esfuerzo y mucho sacrificio, consiguieron abrir su propio negocio en la ciudad del Sena. La madre fue arrestada en tiempos de la dominación alemana y gaseada en Auschwitz. El padre, al igual que Aron y su hermana, lograron sobrevivir a las insidias antijudías.

La irrevocable decisión de solicitar el don de ser bautizado en la fe de la Iglesia católica, en 1940, cuando tenía 14 años, fue motivada por el gran impacto que le produjo, al entrar un Viernes Santo en la catedral de Orléans, la desnudez del templo, las imágenes cubiertas con un velo y el gran silencio de ese día del calendario cristiano. Sin renunciar a su nombre hebreo Aron, en el bautismo recibió también los de Jean y Marie.

Aron Jean-Marie Lustiger fue luego sacerdote al servicio de la diócesis de París, obispo de la de Orléans y finalmente arzobispo de París. Juan Pablo II lo creó cardenal y depositó en él toda su confianza para la gestión de los asuntos más importantes de la Iglesia en Francia.

El cardenal Lustiger puede figurar, sin duda alguna, en la nómina de las grandes personalidades de la historia del país vecino. Así lo reconoció la Academia francesa cuando lo designó para que ocupase el sillón que había quedado vacante por la muerte del cardenal Albert Decourtray.

En el discurso de acogida de Jean-Marie Lustiger, la académica Hélène Carrère d’Encausse hizo la “laudatio” del nuevo miembro de la Academia francesa del modo más realista e inteligente que cupiera hacer, cosa que, entre los franceses, es lo habitual, que saben, además, decirlo bella y educadamente, en discursos sazonados con las oportunas menciones de otras personalidades relevantes por sus dichos o acciones.

Para la Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2023, en un mundo en el que el progreso científico ha hecho que se volatilizasen las certezas del pasado, entre las que figuraban las que proporcionaba una incuestionable visión religiosa de la historia, de la sociedad, de la persona y de las relaciones humanas, la Iglesia debe dar a conocer, con un lenguaje que ha de estar a la altura de lo que requieren los tiempos, cuáles son las verdades que han de congregar en torno a sí nuevamente a una humanidad que, ebria de avances tecnológicos, no deja de sentirse atribulada, por otro lado, de tantas maneras y anda en una búsqueda desesperada de no se sabe qué.

Y es, prosigue Madame Carrère d’Encausse, precisamente en esa inflexión cultural, que parece que no tiene vuelta atrás, en la que surge un titán como Jean-Marie Lustiger, bajo cuyo pastoreo episcopal, y en la laica Francia, aumentaron las conversiones a la fe católica, las vocaciones jóvenes al sacerdocio y los pensadores hábiles en saber decantar en medio de la ventolera de doctrinas y opiniones del momento en dónde se halla el núcleo esencial de la verdad sobre la persona, su destino, su dignidad y su felicidad.

Esto, además, navegando con el viento en contra, no sólo del flujo ideológico socialmente imperante, sino también de amplios sectores de la Iglesia, no menos ideologizados y dominantes. Pero como si nada. Aron Jean-Marie Lustiger, a lo suyo. Se dedicó, con plena libertad, a decir y a hacer lo que creía que debía decir y hacer. Y Hélène Carrère d’Encausse, toda una señora, desde su alta misión cultural en la Academia francesa, también.

La Nueva España, domingo 14 de mayo de 2023, p. 32

Ignatieff: el agnóstico que halla consuelo en los salmos

«Apreciamos la belleza, la verdad y la virtud porque son sumamente frágiles»
El pensador explica en ‘En busca de consuelo’ (Taurus) cómo la tradición occidental puede servirnos de ayuda para enfrentar la desesperación

ABC, 12 de mayo 2023, por DIEGO S. GARROCHO (MADRID)

Michael Ignatieff es un ensayista singular. En su trayectoria académica figuran los nombres de las instituciones más reputadas del mundo: Oxford, Cambridge, Harvard o la Universidad de Toronto son algunos de los lugares en los que ha ejercido la docencia y la investigación. Fue discípulo de Isaiah Berlin y, sobre todo, es un pensador audaz capaz de dar el paso que Platón nunca se atrevió a ejecutar: asumir una responsabilidad política. Ignatieff lideró el Partido Liberal de Canadá en 2011 y cosechó una sonora derrota electoral. De aquel fracaso dio testimonio en ‘Fuego y cenizas’, un libro que le procuró la atención del gran público. La sinceridad con la que habla de sus derrotas dan muestra de su honestidad: Ignatieff es uno de los pocos pensadores que ha sabido desdecirse y reconocer, cuando lo ha creído oportuno, algunos errores.

Los amantes de las trincheras suelen desconcertarse con un pensador que, sobre todo, resulta enormemente elegante. Ahora presenta su último libro, ‘En busca de consuelo’ (Taurus), un ensayo que expone el modo en el que la tradición occidental puede servirnos de ayuda para enfrentar la desesperación que acompaña a toda biografía. El profesor Ignatieff acude en los diferentes capítulos del libro a pensadores que un día tuvieron que afrontar la derrota, el dolor o la muerte. Desde los Salmos hasta Primo Levi o Camus, pasando por Cicerón, Marco Aurelio o Marx, el libro que ahora presenta nos ofrece una lectura reconciliada con la experiencia de aquellos que nos precedieron. Hoy presenta el libro a las 19.00 en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid. El encuentro lo ha organizado el Aspen Institute España, que ha tenido, además, la gentileza de abrirnos sus puertas para conversar con el profesor Ignatieff. —Este libro parte del estudio y de la escucha de los Salmos, pero no es un texto confesional. Me pregunto qué verdades puede encontrar un agnóstico en la escritura religiosa. —Muchas personas religiosas me dicen que no podemos ser consolados por un texto religioso a menos que seas creyente. Yo estoy en desacuerdo. Para leer los Salmos basta con escuchar una voz de muchos miles de años de antigüedad. Una voz que sabe perfectamente lo asustado que estás y que entiende ese miedo y desesperación. Cuando nos sentimos comprendidos se crea la posibilidad de ser consolados.

—Desde 1984, con ‘The Needs of Strangers’, usted no escribía sobre la historia de la filosofía. ¿Por qué regresa ahora a textos antiguos?

—Porque soy más viejo [sonríe]. Creo que vuelvo a estos textos por amor, me encantan estos textos y me siento consolado por ellos. El libro es una historia de la consolación a través de dos mil años, pero es algo muy personal. Siento que estas personas son mis hermanas y mis hermanos. Es agradable estar en compañía de estas personas que parece que me entienden.

—¿Se siente uno menos solo cuando constata que gigantes como Hume, Condorcet o Lincoln han sufrido tanto o más que nosotros?

—La peor parte de la desesperación es la sensación de que estás solo. Creo que este libro y estas vidas pueden consolar a las personas porque nos dicen: sé lo que sientes, sé por lo que has pasado, te entiendo. Se ha referido al ejemplo de Hume y el Hume al que yo quiero no es el filósofo seguro, maestro en su disciplina. El Hume al que amo es el Hume que está solo, que tiene miedo con 26 años, cuando escribe el mejor libro de filosofía en lengua inglesa (el ‘Tratado de la naturaleza humana’) y se siente como si estuviera en un barquito, en un mar con tormenta y está sobrecogido por todo lo que está intentando hacer. Ese es el Hume al que quiero. Y siento esto con los demás personajes también. Asociamos al emperador Marco Aurelio con esas estatuas que hay en nuestros museos, sereno, imperial, con control… Pero olvidamos que escribió las ‘Meditaciones’ en medio de una guerra brutal con las tribus bárbaras asediándole. Es un hombre que está al final de todo. Ese es el emperador con el que me siento cercano.

—Platón creía que una vida plena y satisfecha está también plagada de sufrimientos buenos. No sé si usted ha encontrado un sentido para el dolor. —Odio el sufrimiento. Siento que cualquier persona normal odia el sufrimiento. Yo he tenido una buena vida. Me casé con la chica adecuada… pero sí creo que el sufrimiento es simplemente parte del viaje. No puedes elegir, es algo que te ocurre. Y es importante el hecho de que le suceda a todo el mundo. No vale la pena preguntarse por qué a mí. —Usted fue más valiente que Platón. Se atrevió a entrar en política y no se conformó con susurrar a los tiranos al oído…

—Sí, qué idiota fui…

—¿Se arrepiente?

—No, para nada. Creo que no vale la pena vivir una vida en la que llegas al final y piensas: tendría que haberle dado un beso a esa chica… Hay que dar ese beso.

—Una de las ideas más inspiradas del libro es que en el mundo contemporáneo sólo buscamos consejo y consuelo de manera individual y aislada: el terapeuta, el psicólogo… Sin embargo, en otros momentos de la historia la catarsis o el consuelo se ejercitaban de forma colectiva. En una sinagoga, en una iglesia…

—Parece que ahora están más vacías las iglesias que antes. Yo, de hecho, no soy religioso, pero mi padre murió en Navidades y fuimos a la iglesia, le enterramos en la iglesia… Y me alegro. Así que sí creo que esas fuentes de consolación colectivas están más debilitadas hoy en día. Aunque solemos acabar en las iglesias cuando llegan los momentos difíciles. Recuerdo la mañana del 11 de septiembre. Estaba en Harvard con mi mujer, y después de que los aviones chocaran con las torres fuimos a la capilla de Appleton. Nos sentamos en la iglesia, no había nadie, nos quedamos allí sentados. No rezamos, pero nos alegramos de estar allí. Nos contamos una historia en relación con la secularización que nos hace creer que la consolación religiosa ya no es posible, pero yo no me lo creo. Estas grandes instituciones siguen estando ahí.

—En su libro se apela también a una suerte de nostalgia espiritual. Presenta la religión como un recurso históricamente vencido o superado, pero existen signos que parecen anunciar un cierto retorno a lo espiritual, ¿no?

—Francamente, no sé qué es posible y no puedo ver el futuro. Lo único que sé es que cuando estoy en esa iglesia en Toledo y miro ‘El entierro del Conde Orgaz’, esa maravillosa pintura que recrea el mundo entero de lo que se creía un toledano en 1586, no siento nostalgia porque creían en algo que no se puede recuperar. Pero sí me pregunto por qué los artistas modernos no pueden crear algo parecido, con esa gran confianza en la belleza. No hay manera de volver atrás, la nostalgia es algo imposible, pero El Greco es como una crítica de nosotros mismos. Realmente, siento que es fantástico. Me parece increíble y no siento nostalgia por esos momentos. Simplemente me inspiran.

—¿No somos más parecidos los demás seres humanos de la historia de lo que el presentismo nos hace creer?

—Ese es un mensaje del libro. Existe una gran continuidad en la experiencia humana, porque si no estaríamos anclados en el presente, como si estuviéramos en una isla, pero no estamos en una isla sino en un archipiélago que conecta con la tierra principal de toda nuestra historia. Y no siento ninguna simpatía con la desesperanza cultural o el pesimismo histórico, precisamente porque el pasado sigue siendo algo que podemos utilizar, incluso el pasado que tú creas, que yo creo, que creamos… se podrá utilizar por nuestros nietos y nuestros bisnietos.

—¿Romper con la tradición es una falsa estrategia de emancipación?

—Sí, soy muy conservador en ese sentido. Tenemos que ejercer una ruptura cuando esas tradiciones nos ciegan, cuando nos impiden entender. Pero cuando una tradición sigue explicando el mundo, cuando no falsifica la realidad, es una automutilación el romper con ello.

—Douglas Murray ha denunciado que Occidente parece estar suicidándose culturalmente. ¿Por qué somos tan hipercríticos con nuestro pasado?

—No me gusta hablar de suicidio cultural. Todo lo contrario, lo que creo es que hay un hambre enorme por nuestra cultura. Estuve con mi mujer en Ámsterdam para ver la exposición de Vermeer y veíamos a la gente mirando estos cuadros y tenían gran apetito por la belleza, por esa perfección sorprendente. Es lo más cerca que ha llegado el ser humano a la perfección. Hay ochocientas mil personas que han esperado para ver esa exposición de 28 cuadros. Estos días iré al Museo del Prado para ver l as pinturas de Velázquez de esas personas pequeñas que te miran con tanta sabiduría, con tanta tristeza… Yo creo que malentendemos todo si pensamos que estas expresiones artísticas son exclusivamente del gusto de las élites. Hay mil es de personas que van al Prado porque tienen un enorme apetito. Mientras ese hambre exista, todo irá bien. Pero necesitamos ser muy serios en cuanto a lo que debemos a estos artistas. Ellos restauran nuestra fe en el proyecto humano en su totalidad. Vermeer representa a toda nuestra especie.

—Volviendo a un marco clásico del pensamiento y pensando en su experiencia política… ¿es rentable la virtud?

—No, a veces la virtud es muy poco rentable y el bien muchas veces se castiga. El bien en las personas despierta la envidia y la rabia de los malos. Es algo muy común. Apreciamos la belleza, la verdad y la virtud porque son tan sumamente frágiles y vulnerables. En el libro recuerdo un momento en el que Primo Levi, en Auschwitz , en el verano de 1945, recuerda unas palabras de Dante. La belleza y la verdad son cosas muy frágiles que pueden ser aplastadas por personas malas. Pero Levi demuestra que el recordar a Dante, literalmente, le mantuvo con vida. Dante le hizo recordar que había un mundo al otro lado de la valla metálica. Me preocupa que no estemos enseñando esto a nuestros hijos. Yo soy un profesor y me temo que no enseñamos esto. No son simplemente libros. Nuestra supervivencia depende de que cuidemos este legado.

—Hay una conciencia casi terminal de fin de época. ¿Nos encontramos ante la caída de un modelo civilizatorio o es optimista con respecto al futuro?

—Salimos de los escombros de 1945 y vamos a tener que volver a salir de esos escombros. A Putin se le puede vencer. Tenemos la tecnología, la voluntad política y también tenemos el conocimiento. Si perdemos la fe en que podemos conseguirlo, todo se habrá acabado. El pesimismo está de moda, pero yo no quiero estar de moda. No quiero fingir que no me sorprende nada. Quiero ver el mundo tal y como es. Pero no quiero renunciar a las capacidades y las herramientas que nos han traído hasta aquí. Hay que preguntarse si preferiríamos vivir en algún otro momento de la historia distinto de este, y la respuesta es no. No es una cuestión mitológica o ideológica: hay razones para la esperanza.

Sprezzatura

Cristina Campo (1923-1977), sobrenombre literario de Vittoria Guerrini, habría cumplido hace unos días cien años. Se dice que fue la “Simone Weil italiana”, pues Cristina no sólo la admiró desde el mismo instante en que supo de ella por referencias del poeta Mario Luzi (1914-2005), sino porque compartió con la escritora francesa la misma ansia de Absoluto.

De Simone Weil (1909-1943), de la que tradujo algunos escritos al italiano, aprendió a dirigir su mirada sobre el mundo y a fijar su atención en la realidad, a la que solamente se puede percibir en su verdad cuando se tienen las propias raíces firmemente hincadas en el cielo. En una entrevista televisiva, Cristina declaró: «Creo poquísimo en lo visible; creo más en lo invisible y es quizás lo que más me interesa».

Cristina Campo nació en el seno de una familia culta, en la que fue iniciada muy pronto en la música, la lectura y el conocimiento de lenguas vivas y muertas. Sobre ese sustrato creció su aprecio por el oído, órgano, según ella, superior al de la visión, pues permite escuchar la voz interior, gustar de la música y de la palabra, y expresarse con belleza, armonía y una íntima y cautivadora sonoridad.

Dado que padecía una dolencia cardiaca, que fue la que le produjo la muerte en 1977, pasó, ya desde la infancia, mucho tiempo en casa, llevando una vida cuasi anacorética, en la que creció, maduró y comenzó a desarrollar su genialidad filosófica y literaria. Cuando se encontraba con un conocido le preguntaba: «¿Sobre qué está fundada tu vida hoy? Quiero decir: ¿Qué estás leyendo?»

En España no es, me parece, muy conocida, aunque fue amiga de María Zambrano (1904-1991) y de algún otro escritor de nuestro país. Tal vez no se le dio el reconocimiento que merece porque, por su amor a la liturgia latina y al gregoriano, se pronunció en contra de algunas de las reformas en la liturgia que se acometieron en la Iglesia después del Concilio Vaticano II. A Cristina se la tiene por inspiradora de la asociación “Una Voce”, fundada para salvaguardar la liturgia latino-gregoriana.

Amaba tanto la liturgia y el canto gregoriano que, en Roma, se fue a vivir al Aventino, para estar cerca del Anselmianum, monasterio y colegio internacional de los monjes benedictinos. Y la fascinaba la liturgia bizantina. Consideraba que lo trascendente es nuestra última defensa frente a una modernidad que intenta aplastar todo cuanto no se asemeje a ella. Una modernidad que no concede atención a la belleza. De ahí el que sostuviese que la liturgia es el arquetipo hacia el que la música y la poesía tienden en su búsqueda de la perfección.

A través de una conversación con una amiga mía, durante la cual salió a relucir el concepto “sprezzatura” en Cristina Campo, entré en contacto con la obra literaria de la escritora italiana. Mi idea hasta entonces de “sprezzatura” era la de Baltasar Castiglione (1478-1529), es decir, la de actuar de tal manera que la ejecución de lo más arduo o difícil se haga como dando la impresión de que es fácil y como si lo complicado fuera sencillo.

En Cristina Campo “sprezzatura” tiene que ver con la belleza, que es rebeldía frente a la imperfección y la fealdad del mundo, rebeldía frente a la falta de sentido en tantos sectores de la sociedad, anclados en estereotipos, rutinas y vaniloquios, que cortocircuitan el vínculo con todo lo que sea trascendente. En esta situación, la belleza es la que posibilita el hallazgo personal de una consoladora certeza: el mundo no está abandonado a sí mismo y condenado irremediablemente al absurdo.

“Sprezzatura” es, pues, el resultado de esa experiencia y la actitud vital que se adopta cuando se descubre que existe un orden que se eleva por encima de las vicisitudes diarias, de la fealdad, de la carencia de sentido, y que cualesquiera que sean las bajezas mundanas que intenten atraernos hacia ellas y tumbarnos en el marojo de su nimiedad no son ni significan nada.

Sin embargo, eso no acaecerá si no nos mantenemos en un espíritu de renuncia, de distanciamiento respecto a los bienes terrenales, indiferentes ante la muerte y reverentes hacia la realidad superior e invisible que se manifiesta en las formas visibles. Y será en la búsqueda de la belleza como nos edificaremos a nosotros mismos, nos liberaremos de la estandarización y ¡quién sabe! tal vez lleguemos a ser como aquel que, condenado a morir en la guillotina cuando la rebelión de los bóxers en China (1899-1901), mientras le llegaba el turno para ser decapitado, aguardaba su hora en la fila leyendo tranquilamente un libro.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 7 de mayo de 2023, p. 24

¡Va y se carga la fiesta!

Dinamarca recorta un festivo laboral para financiar su creciente gasto militar
La ‘Store Bedegag’, una fiesta religiosa desde 1686, se celebró ayer por última vez

ABC (6 de mayo de 2023) ROSALÍA SÁNCHEZ

La primera ministra Mette Frederiksen en el Parlamento danés

Ayer los daneses degustaron un tradicional pastel de trigo a base de la última harina de la cosecha, para celebrar las tradicionales confirmaciones que suelen tener lugar en el ‘Store Bedegag’, el cuarto viernes después de Pascua, y que coincide a menudo con la explosión de la primavera en la naturaleza nórdica. Las familias se reunieron en un puente propicio para viajes cortos o jornadas de navegación, mientras que la Iglesia Evangélica llamó a la «gran oración». Esta fiesta se ha celebrado de forma ininterrumpida desde 1686, cuando se introdujo para unificar varias festividades cristianas.

Este año, los daneses han celebrado el ‘Store Bedegag’ con especial entusiasmo por tratarse del último. A pesar de las protestas masivas y de las manifestaciones con hasta 50.000 personas ante las puertas del Parlamento, el Gobierno aprobó su abolición para añadir un día laboral al calendario y aumentar la productividad económica y los ingresos del Estado, que necesita urgentemente nueva financiación para su política de rearme.

El obispo evangélico de Viborg Stift, Henrik Stubkjaer, ha criticado el hecho de que se esté convirtiendo el «gran día de oración» en un «gran día de las bombas». La socialdemócrata Mette Frederiksen y sus socios, el liberal Venstre y los moderados de Lars Løkke Rasmussen, cuentan con unos ingresos adicionales para el Estado de 3.000 millones de coronas danesas en los primeros años, el equivalente a unos 430 millones de euros y a la carga fiscal de 8.500 empleados a tiempo completo.

Dinamarca no sólo está rearmando su Ejército a marchas forzadas para cumplir con las exigencias de la OTAN, sino que, además, participa de forma activa en los envíos de armas Ucrania.

El último anuncio del ministro de Defensa danés, Jakob Jensen, se refería a la entrega de 19 obuses autopropulsados Caesar de artillería, que se suman a la oferta de tanques de combate Leopard. No está claro si a los daneses les disgusta más la medida en sí o la forma en la que el Gobierno la está aplicando, pero, según una encuesta, el 70% de los encuestados se manifiesta explícitamente en contra de la eliminación del festivo y sólo el 19% a favor. Los sindicatos todavía no pierden la esperanza de volver a disfrutarlo en 2024: han recogido más de 450.000 firmas en Dinamarca contra la abolición y están dispuestos a seguir convocando movilizaciones masivas.

¡Devolvednos la belleza!

En Meres (Asturias) hubo, en 1260, una torre, embrión del conjunto palaciego que actualmente conocemos, cuya iglesia hace de templo parroquial para la feligresía del entorno.

A una torre como aquella, en su predio familiar, encerrándose voluntariamente, hastiado de la vida pública, se retiró Michel de Montaigne con el fin de dedicarse a la lectura y a poner por escrito los pensamientos que le provocaban los más de mil libros de que disponía, herencia en su mayor parte de Étienne de la Boétie, y de los que fue extrayendo las frases que aún perduran incisas en las vigas de la sala en la que estudiaba.

En el Libro II de sus “Ensayos”, Montaigne escribió: «Es la belleza cualidad de recomendación primordial en el comercio de los humanos y el primer medio de conciliación entre unos y otros. Ningún hombre, por montaraz y bárbaro que sea, deja de sentirse de algún modo herido por su dulzura».

Dentro de unos días tendrán lugar, en la iglesia del Palacio de Meres, unas jornadas sobre la belleza, que consistirán en tres meditaciones acompañadas por unas interpretaciones musicales. Han sido organizadas por la Unidad pastoral de La Carrera en colaboración con la dirección del Palacio. Serán el 8, 9 y 10 de mayo por la tarde, abiertas al público metaparroquial, es decir, a todas las personas que sientan interés por el argumento.

Las parroquias que componen esa Unidad pastoral estiman que, al igual que existen conferencias cuaresmales, ha de haberlas también pascuales, pues la resurrección de Cristo es en verdad causa de alegría para el mundo, pero lo es también de una vida cristiana más exigente, por ser ésta, después del encuentro con Jesús resucitado y de haber recibido el bautismo, radicalmente distinta de la que se haya podido llevar anteriormente. La novedad de vida ha de apreciarse con claridad en la forma de pensar y de vivir.

Esas obras (“ergoi”) de creaturas ya redimidas que manda cumplir Jesús, para que resplandezcan ante todo el mundo, han de ser, según el texto original en griego del Evangelio, “kaloi”, es decir, “bellas”. En las versiones de la Biblia este adjetivo suele ser traducido por “buenas”: «Vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5,16). El texto dice, en griego, “bellas”, aunque, cuando se explica por qué se traduce el vocablo “kaloi” por “buenas”, se entiende fácilmente.

Y para meditar sobre el vínculo que une a la belleza, con la bondad, la verdad y la utilidad se ofrecen tres encuentros vespertinos, en el marco de las actividades de esas parroquias del arciprestazgo de Siero, en un lugar especialmente hermoso, por el conjunto arquitectónico con su jardín y el bosque, como es el Palacio de Meres. El título general bajo el que se agrupan las tres sesiones es “Belleza que hiere, une y salva”.

¿Por qué? Porque «la belleza hiere», dijo, en cierta ocasión, al igual que Montaigne, el cardenal Joseph Ratzinger. El entonces prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe se inspiró, para hablar de la herida de la belleza, no en las palabras del humanista francés, sino en las de un teólogo bizantino del siglo XIV, Nicolás Cabasilas, quien atribuía al dardo ardiente de la belleza divina, lanzado por Dios mismo hacia nuestra intimidad más honda, la herida abierta que, dentro de nosotros, anhela una realidad que se halla por encima de nuestra naturaleza. Hacia ella tiende nuestro ser y, en éste, todas las facultades que nos constituyen. Es por esa herida por la que nos entra la luz.

Mas la belleza, como sostiene Montaigne, es también vector de unidad y de conciliación, pues la armonía le pertenece intrínsecamente. De ahí el que en el salmo 133 se diga con exultación: «¡Qué belleza y qué gusto que los hermanos estén juntos!». De esa unión de mentes y de corazones provienen las expresiones sublimes que sólo la creatividad humana puede proyectar, generar y desarrollar para hermoseamiento de la vida en comunidad. Emanan de la herida luminosa causada por la flecha de la belleza de Dios en lo profundo de nuestro ser. Son las artes, los oficios y todas las manifestaciones que se agrupan bajo la extensa noción de cultura. Y también la política, entendida como el arte de preservar y procurar la belleza de la convivencia humana en el marco de la res publica.

La belleza hiere, une y también salva. En la novela “El idiota”, de Fiódor Dostoyevski, el personaje Hipólito pregunta al príncipe Michkin si es cierto que él ha dicho que la belleza salvaría al mundo. Y lo emplaza a que dé razón de su aserto: «¿Qué clase de belleza será la que salve al mundo?». Y lo que cabe responder a quien ha formulado la pregunta es que la belleza que salva al mundo es la que colma de plenitud de sentido al ser y resplandece luminosa, no sólo a pesar de los padecimientos humanos, sino precisamente en ellos, pues es ahí, en ese fondo de realidad doliente, frágil y al final muriente, en donde se encuentra la belleza que no caduca con las modas, ni se agosta con el paso de los años, sino que perdura en el tiempo y en la eternidad, porque proviene del autor mismo de la belleza: Dios, suma Bondad, suma Verdad y suma Belleza. Y porque es la de Jesucristo, el Hijo de Dios, quien, en su encarnación y en su morir por nosotros, nos ha revelado cuál es la belleza que realmente redime y salva al mundo.

En una escena de la película “Verbo” (2011), el protagonista pide con vehemencia: «¡Devolvednos la belleza!». Y eso es precisamente lo que reclaman muchas personas en el seno de la Iglesia. Y me parece que fuera de ella también. Los tres encuentros de los fieles de las parroquias de la Unidad pastoral de La Carrera en el Palacio de Meres son un modesto intento de atender a ese deseo y de introducir el vocablo, el concepto y la realidad de la belleza en el discurso y en la actividad del día a día de aquellas comunidades parroquiales. Y se hará, además, en esta ocasión, bajo la luz de la Resurrección de Jesucristo, quien, Glorioso, derrama su perdón, su gracia y su amor sobre la inmensa extensión de la faz de la tierra.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 30 de abril de 2023, p. 28

Arte y espiritualidad

Bert Daelemans, de la Compañía de Jesús, presentará, en un acto organizado por la Librería diocesana, sus libros sobre Arte y espiritualidad, hablará de su actividad como director de Ejercicios Espirituales y de grupos de oración en los que las obras de arte religioso cumplen el fin primordial para el que fueron creadas: llevar al encuentro con Dios.

Esta presentación de Bert Daelemans puede ser de interés para profesores y alumnos de Religión, catequistas, directores de Ejercicios Espirituales, profesores de Teología espiritual, estudiantes de Teología y de Ciencias Religiosas y para personas interesadas en Historia del Arte.