Y ahora bodega

Con lo grande que es la plaza, ¿no había otro lugar para poner lo del pimple que no fuese la fachada de un edificio protegido, a saber, el arzobispado? O simplemente: amontonarla a la puerta del bar al que le están suministrando la mercancía. Ahora a esperar que el propietario tenga a bien levantarse de la cama para retirarlo.

Fabrice Hadjadj

El pensador francés Fabrice Hadjadj (Nanterre, 1971), de apellido tunecino, procede de una familia judía, adscrita al maoísmo. Fue, en su juventud, ateo, anarquista, nihilista y cosas por el estilo. Hoy es un escritor prolífico y cultivador de diferentes géneros literarios.

En los años 90 se convirtió al catolicismo y recibió el bautismo en la abadía benedictina de San Pedro de Solesmes, a la que le gusta ir de vez en cuando para pasar unos días de retiro espiritual y gozar de la belleza de la liturgia. Está casado con la actriz Siffreine Michel y tienen diez hijos.

Sus libros se venden muy bien y son leídos con fruición por espíritus afines al suyo: ateos en búsqueda, intelectuales católicos, apologistas de la fe y conversos llegados, en un período tardío de sus vidas, al seno de la Iglesia

Hadjadj estuvo el lunes pasado en Madrid, invitado por la Fundación NEOS. Un grupo numeroso de intelectuales y de periodistas asistió a una comida-coloquio en la que respondió con claridad francesa, sentido cristiano, ingenio, humor, rapidez de reflejos y facilidad de expresión a las cuestiones que le fueron planteadas acerca de su conversión, el compromiso en el espacio público por parte de los cristianos, las raíces de Europa, el ateísmo, el laicismo, la modernidad, la razón, el progreso y la carne.

¿La carne? Sí, la carne. «Estamos en tiempos de resentimiento profundo contra la carne, en una época de “desencarnación”. Tenemos la idea de que el cuerpo no es más que un material que podemos transformar a nuestro capricho», dijo, refiriéndose a algunas visiones antropológicas contemporáneas.

Y esto se aprecia también en el hecho de que la comunicación actual entre nosotros tenga lugar principalmente a través de los soportes, producto de una tecnología sumamente desarrollada, que usamos en la vida cotidiana para entrar en contacto con los demás, sin que sea ya imprescindible, o al menos parcialmente necesaria, la presencialidad corporal del otro en las coordenadas de nuestro espacio físico.

El pensamiento de Hadjadj es, en este punto de la centralidad de la carne, deudor de la más genuina noción cristiana de la persona, que es carne asumida por el Verbo de Dios para sanarla, santificarla y resucitarla a una vida gloriosa y eterna.

Entiendo que a NEOS se le ocurrió invitar a Fabrice Hadjadj para que hablase en Madrid después de que los miembros de la Fundación hubieran visto en la pantalla del televisor esa imagen tan representativa de la decadencia del período en el que estamos viviendo: la de la sesión conjunta de diputados y senadores franceses aplaudiendo frenéticamente, todos de pie y a risotadas, la inclusión del aborto en la relación de derechos constitucionales. 

En realidad, se aplaudían a sí mismos. ¡Señor, qué narcisismo y qué egocentrismo!. No sé cómo no les resulta agotador a algunos representantes públicos el andar continuamente de aquí para allá haciéndose fotos y cacareando, venga a cuento o no, sin desmayo, hasta el hastío de los oyentes, lo bien que lo hacen todo. Pero si son una calamidad. Acaban con todo lo que tocan. Hunden aquello en lo que se entrometen.

Antiguamente, dijo Hadjadj en Madrid, en una conferencia que pronunció en un auditorio de la capital de España, la sociedad alentaba a los suyos para que afrontasen el deber de vivir y de dar la vida; hoy, les ofrece todas las facilidades para morir. Es como si la constitución, señaló, aludiendo a la de Francia, no persiguiera ya como su más específico fin el organizar la vida democrática, sino la dimisión demográfica.

Sin embargo, este no es un fenómeno exclusivamente francés. Es un síntoma de lo que sucede actualmente en Europa, a la que, no es ya el que la aterrorice el hecho de morir, sino el que pone a disposición de sus ciudadanos todos los medios a su alcance para que «desnazcan».

La lógica no puede ser más extraña. Se les ofrece a los ciudadanos el derecho a que, antes de que sean, no sean. Es como si, para poner fin a las guerras, se impidiese el que nacieran seres humanos, dado que es de éstos de donde se reclutarán las levas de los futuros combatientes. Si no nacen individuos, tampoco nacerán entonces soldados.

O que, para que no nos viéramos en el angustioso trance de morir, procediéramos a suicidáramos antes de que llegase, de modo natural, nuestra hora última. En realidad, lo que está sucediendo es que hemos rebasado una fase muy primitiva de la andadura humana, a saber, la de intentar destruir, por las razones que fueren, a otros, para emplearnos ahora con denuedo en ocluir las fuentes de la vida. En esto es en lo que consiste precisamente la absurda novedad.

En fin, se comprende fácilmente el porqué del éxito de que goza Fabrice Hadjadj en los círculos de pensamiento católicos. Primero, por su conversión, que no fue el resultado de un proceso personal de búsqueda, sino de un encuentro: «Cristo vino a buscarme. Él fue quien me escogió. Continúo siendo un miserable, un egoísta “en Cristo”. Estoy obligado a dar testimonio de él». Fue por pura gracia.

En segundo lugar, por la brillantez intelectual del testimonio que ofrece de su fe en Cristo ante el mundo y del ánimo, la serenidad y la esperanza que transmite a quienes lo escuchan, porque tiene muy arraigada en su interior la convicción de que a él, al igual que a nosotros, la divina Providencia lo eligió para que, en este período histórico de contradicciones y de dimisiones de los deberes humanos fundamentales, sea testigo de la verdad, de la vida verdadera y de la inefable obra realizada por Dios en nuestra carne, que, aun siendo mortal, será gloriosamente resucitada y salvada.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 5 de mayo de 2024, pp. 26-27

Expediente X

No va ‘l Perlau y mi diz a la puerte la sacrestía del prencipal templu la diócesis: «Lleí ‘n tuíter que vas escribir ´n periódicu quince palabrines qu’emprincipien per equis». 

Malditu lo leyó Su Gracia ‘n esi tuguriu del tal Elon, selo yo bien, pero soltómilo asina como pa picame. 

Y dixi yo pa contra mí: «¡Home, sí, a un jiyu sifoneros, que se crió pegau una bomba d’acidu ‘n la Sifonería, i va a venir Vuecencia a dicii ocurrencies con segundes!». L´acidu era ‘l carbónicu pa los sifones, pero mio madre empeñose ‘n llamai ácidu.

Ay, san Antoniu benditu, échami una mano. Suplícotilo. Yo que ero del’Oriente, ¿onde jallo decena y media de vozes con l’iniciu ‘n equis? Y yo ‘n bable cuencamineru y central no jablo, anque i paezca mal a la conseyería ‘l ramu. 

¿Normalizar la llengüa? ¿Sacrificar dellos bables asina perque sí, como ‘l del Oriente asturianu, que lu jablen hasta ‘n les Jurdes? Quiá. No se vio nunca anantes espoliu cultural com’esi. Tan gordu tan gordu, que no ’ntra ‘n prau.

Dirasmi tú, Antoniu benditu, que prontu olvidé ‘l mercau de ganau qu’había ‘n Cangues d’Arriba, ‘n el robleu la to capilla, tan guapa, y ‘n el barriu ‘l Cascayu, con yegües, potrinos, vaques, gües, xatinos, y ‘n el Mercau los gochos, onde había coínos, cabres, oveyes, pites, kikes, pitinos y patinos.

Mira que taba ’quello bien organizau. ¿Y qué mi dices del jerreru? Ni Bucéfalo ni Babieca conocieren un que juese tan diestru como ‘l de Cangues ‘n el arte de jerrar caballeríes.

Y depués, el xigante que quemaben el día la to fiesta, tras la puxa ‘l pan, los llacones, los pollos, les panoyes y los quesos. L´artefactu daba vueltes, xiraba primero pa un llau; alluego pal otru. Madre, qué mieu. No sabíes pa onde diben salir disparaos los petardos. Cuando´splotaba l´ultimu, desmangaba ‘l muñecu ‘nteru y dexábalu tou chamuscau.

¡Y cuánta xente! ¡Y qué xareu armaben los rapazinos pa ver cual llegaba ‘l primeru pa’garrar la vareta d’un cohete! ¡Y la mozería ‘l ramu! Elles, col bollín ‘n la mano y dereches como xanes mirando ‘l ríu. Oí yo un’andaluza dicir que les mozes de Cangues diben ´n la procesión de san Antoniu tan guapes o más que les de pa’llá ’baxu ‘n la feria ’bril.

Y los mozos col zurrón, ‘n el qu’asomaben per arriba les panoyines que llevaben pa l’ofrenda. Calzaben coricies y traíen un palu serpentau, que bien paecía una coluna salomónica. ¡Qué señoríu! No te topabes ellí, no, con un que juera xostrón. ¡Como seríen que n’ había ni unu solu que no i gustara a toes les madres pa tenelu per xenru!

¿Y el día pa los críos? Era pa mexase de risa con la xincana. Unos mazcayones queríen dayos con un palu’unos pucheros. Un dellos llenu d´agua. Caiayos tou per arriba: l´agua, los caramelinos, les porres, los chicles. E que taben con los gueyos vendaos y no veíen gota.

Y caminaben alluego per un poste ‘n vertical untau d´aceite, una cucaña, xunt’al Puentón, ‘n la bolera. Diban como si juesen per un charcu xelau. Resbalaben y caíen al Sella. ¿Y pienses, Antoniu benditu, que s’amilanaben? ¡bah bah! ¡Los condenaos d´ellos golvíen a ‘ncaramase ‘n palu, resbalaben otra vez y pal ríu de cabeza!

Teníes que velos en la carrera sacos: salíen a tou meter, como si los llevase ‘l diablu, ‘n cuantu oíen el xiblatu. Pero prontu enreaben los pies col sacu, y, ala, pal suelu. Metíense tamién dos rapazones ‘n un solu sacu y corríen como si juesen gües xuncíos. Pero na, tropezaben un con otru y diben los dos a tierra: alzábase unu, torcíase el otru, y no eren a’rrancar.

Paezmi a mí, Antoniu benditu, que la to fiesta era más d’echar cantarinos que d’empréndela con danzes. Estes eren per Santiago apóstol. Veníen “Los xustos”, cuando golvíen de los Llagos camín de Xixón, y bailaben, en parque, el xiringüelu. Traíen un rapazin y una rapazina, vestíos d´asturianinos, que daben vueltes como peonzines. Y venga pa’cá, y venga pa’llá. Y ora cambia ‘l pasu. Veíase que nacieren pa ello.

Uy, que toi pasándome d’espaciu y van echami ‘l perru los de La Nueva España. Ya ti contaré otru día, Antonín benditu, cosuques de los xalés de Cangues y d´una xarré qu´había ‘n unu d´ellos, ‘n Contranquil. Y, mira, asina, como quien no quier la cosa, sacástimi del apuru, perque salieren quince palabrines con equis de les que jacemos usu los cangueses. Pa que s´entere´l Perlau. Y, de pasu, los de l´oficialidá.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 28 de abril de 2024

II Jornadas sobre la Belleza

El próximo lunes 6 de mayo, a las 7 de la tarde, en el Palacio de Meres, comenzará un nuevo ciclo de “Jornadas sobre la Belleza”, dando continuidad así al que tuvo lugar el año pasado bajo el título “Belleza que une, hiere y salva”.

El título de este año es “La belleza de tu casa”. Se inspira en un versículo del salmo 26, que dice: «Señor, yo amo la belleza de tu casa, el lugar donde reside tu gloria».

En tres días, 6, 7 y 8 de mayo, el vicario general de la diócesis de Oviedo, Jorge Juan Fernández Sangrador, pronunciará tres conferencias en las que hará, primeramente, un comentario de ese salmo de la Biblia; después, hablará sobre la belleza de los santuarios y de los lugares sagrados; finalmente, del cuerpo humano como templo de Dios.

Las conferencias irán acompañadas de algunas piezas musicales, que interpretarán el grupo “Cantvs Asturicvm” y la Capilla Musical Palacio de Meres.

Estas “Jornadas sobre la Belleza”, al igual que las del año pasado, las realizan en colaboración la Unidad Pastoral “San Martín de La Carrera” y el Palacio de Meres.

Santa Maria del Naranco: Siempre fue iglesia

Las obras realizadas en la iglesia prerrománica de Santa María del Naranco con el fin de preservarla de la humedad del terreno circundante y para mejorar los accesos al edificio han permitido datar una losa que había en el vestíbulo de la planta superior como del siglo IX y establecer que estuvo en el templo ya desde su origen, pues, según el equipo que ha seguido las labores de excavación arqueológica en estos últimos meses, la losa debió de formar parte del sepulcro del rey Ramiro I, que fue quien ordenó construir el templo.

La iglesia de Santa María del Naranco, dedicada a la Madre de Dios, como se puede apreciar en la inscripción del altar, no tuvo otros usos que no fueran los de un santuario cristiano. El hallazgo de un elemento funerario en el rellano del pórtico septentrional, por el que se accede hoy al nivel superior, corrobora el uso ininterrumpido del edificio con una finalidad sagrada, que ya conocíamos por la existencia del altar, su inscripción y las acciones religiosas que allí se han celebrado siempre, aunque hubiese, al igual que en tantas otras iglesias, espacios habilitados para enterramientos de miembros del clero o de la nobleza.

En el caso de Santa María del Naranco, tal como acaban de declarar los arqueólogos, la composición arquitectónica del edificio se revela ordenada hacia el altar, vértice hacia el que un rey cristiano, como Ramiro y los monarcas asturianos, entendía que debía estar dirigida su última morada, relegando el lugar de reposo de sus restos al extremo septentrional, frente a ese altar que es representación de Cristo y de su sacrificio redentor, y bajo la protección de la Virgen María, como sucede con los enterramientos reales en la capilla catedralicia ovetense de Santa María del Rey Casto.

Es de agradecer en cualquier caso a la comunidad cristiana del Naranco, con sus sacerdotes, la constante preservación desde entonces hasta el presente del magnífico edificio y que haya mantenido los usos propios para los que fue levantado, merced a lo cual podemos admirar hoy a la que es la obra más representativa del arte religioso asturiano: Santa María del Naranco.

Jorge Juan Fernández Sangrador

23 de abril de 2024

Oriente con k

Un amigo me ha provocado para que escriba una columna del periódico en la que figuren quince palabras que comiencen por la letra “k” y estén en el Diccionario de la Lengua Española. No valen nombres propios.

Por el tono en el que me lo dijo deduje que da por sentado que no seré capaz de hacerlo, pero acepto el desafío y voy a intentarlo. Es verdad que pensé en principio demorar el asunto «ad kalendas graecas», pero no, me pondré a ello inmediatamente, aunque no me facilite la labor el que, en español, calendas se escriba con “c”.

Vamos allá. La cuestión no consiste sólo en emplear vocablos con “k” inicial, que, diseminados sin más en el texto, aparezcan como una recopilación absurda, aunque no kafkiana, sino también en integrarlos en una unidad literaria con sentido.

Lo que no sabe mi amigo es que este tipo de ejercicios lexicales los hago con cierta frecuencia mientras sigo las noticias de la noche en televisión, levantando los ojos para ver lo que sale en pantalla solamente cuando me interesa lo que escucho.

Y observo que a los kremlinólogos, presentes a todas horas en los medios de comunicación social para hablar sobre la política de Putin, a quien la vida de los demás le importa un kopek, se han sumado ahora los expertos en analizar lo que está sucediendo en ese polvorín a punto de explotar que es el Próximo y Medio Oriente.

Por otra parte, ya no se convocan manifestaciones únicamente en favor de Ucrania, sino también otras en las que los asistentes exigen el cese de los bombardeos contra la población civil de Gaza. En éstas se exhiben kufiyas palestinas anudadas al cuello; y kipás judías, en cambio, en aquellas en las que los manifestantes reclaman la liberación de los rehenes israelíes.

Por si lo que ya estaba acaeciendo fuera poco, ahora, con el reciente lanzamiento de misiles y drones dirigidos hacia Israel desde Irán y la réplica del primero con drones hacia el segundo, hace tres días, se ha agrandado la lacerante herida que durante décadas no ha dejado de supurar ni de afligir a los pueblos del cercano Oriente.

Se prevén consecuencias globales. Entre otras, la subida del petróleo que, por el estrecho de Ormuz, distribuyen al mundo los barcos saudíes, kuwaitíes, iraquíes, qataríes y de otros países del Golfo pérsico, y el correspondiente aumento del precio de las materias que permiten proveer de keroseno a los aviones, el que consumamos energía eléctrica a golpe de kilovatios y que hagamos kilómetros en el coche.

Todo ello ha propiciado el que, en la Alta Galilea, en Israel, en donde no es infrecuente ver a soldados, con uno de sus uniformes, el de color kaki, esperando a los autobuses o haciendo autostop para ir de los acuartelamientos a sus domicilios y viceversa, haya sido decretado el estado de alerta máxima, y que los radares, cuya capacidad de alcance se amplifica en klistrones, estén a pleno funcionamiento. De hecho, algunos kibutzim han sido evacuados; otros, sin embargo, ocho en concreto, no.

Estos emplazamientos del norte de Israel son siempre objetivos preferentes de los cohetes que lanza Hezbolá desde el otro lado de la frontera. De aquí el que los residentes de los kibutzim que no han sido desalojados vivan en un estado de terror constante y preparados en todo momento para refugiarse en los búnkeres antiaéreos. Han solicitado del gobierno israelí que envíe personal del ejército para que los ayude en las escuelas y en situaciones de emergencia, pero no han sido atendidas sus peticiones.

En lo que respecta a Jerusalén, Ciudad Santa, desde la que se difundió inicialmente el kerigma cristiano, imagino que el turismo habrá descendido notablemente y que en las calles habrá patrullas de soldados y de policías revestidos de arriba a abajo con kevlar, la fibra con la que se hacen los chalecos antibalas y los equipos de protección individual. No es para menos, pues, además de los ataques desde el cielo, en cualquier momento puede hacer su aparición un kamikaze dispuesto a autoinmolarse en un autobús o en uno de los tradicionales restaurantes kósher jerosolimitanos.

En fin, querido amigo, que he realizado con creces lo que te parecía imposible que se pudiese llevar a efecto. Así que a ver si me invitas a comer una hamburguesa, que, en Oviedo, las hacen bien buenas. Mejor con mostaza que con kétchup. Si no, no te preocupes, que me endosaré el atuendo de deporte kappa e iré a hacer ejercicio al Parque de Invierno. Luego, ya en casa, encargaré una ración de kebab para que me lo sirvan a domicilio. Saborearé después la película “Memorias de África” y me enterneceré, una vez más, viendo las entrañables escenas que protagonizan los kikuyu. Por cierto, en español, aunque con otro significado, se dice kikuyo.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 21 de abril de 2024, p. 26

Milenario de Cornellana

En el concierto que tuvo lugar esta tarde en la iglesia de Cornellana: ¿por qué está el párroco, que es la primera autoridad en esa iglesia, sentado en segunda fila? ¿quién se ocupa de que se observe como es debido el protocolo?

¿Y al alcalde, primera autoridad local? En el segundo banco. ¿A que en la entrega de los premios Princesa de Asturias o en la catedral no permitirían que el alcalde no estuviese en lugar principal?

El vestuario

¿Y a qué dedican la capilla en el balneario de La Hermida (Cantabria)? A vestuario.

No creo que esté consagrada. Tal vez la levantaron los del balneario para hacer bodas en ella y luego rematar con el banquete en el restaurante.

«Es que como no se le daba uso, se instaló allí el vestuario», me dijo alguien del personal cuando le manifesté mi perplejidad por el destino que se le había dado.

En fin, el espíritu anegado por la carnalidad.

Las glosas cavenses

Hoy, domingo 14 de abril, el obispo de Santander cerrará, a las 12,00 horas, la Puerta del Perdón de la iglesia de Santo Toribio de Liébana, clausurando, de este modo, el Año Santo Lebaniego 2023-2024.

Asturias se halla vinculada a Liébana por medio de la figura del rey Pelayo, la centralidad y el trascendente significado de la Cruz de Cristo, el credo católico confesado, vivido y explicado por monjes santos, y la persona de Beato, cuyo nombre ha venido a designar ese conjunto de manuscritos que constituyen uno de los fenómenos editoriales más importantes de la historia de España: los beatos. Es decir, la serie de códices iluminados en los que se han conservado, por compilación del santo lebaniego, los comentarios y las enseñanzas sobre el Apocalipsis de los escritores cristianos de la Antigüedad.

El pasado jueves, 11 de abril, en el marco de unas jornadas científicas que tuvieron lugar en el Museo Arqueológico de Oviedo sobre la cultura bíblica en el Reino de Asturias durante los siglos VIII al X se habló del escaso relieve dado por lo general en el Principado a la relación existente entre Beato de Liébana y las cortes reales de Cangas de Onís y Pravia.

De Beato de Liébana como intérprete del Apocalipsis disertó, en las mencionadas jornadas, el profesor italiano Gian Luca Potestà. Anteriormente lo hizo el paleógrafo italiano Paolo Cherubini, no sobre Beato, sino sobre las glosas marginales en la Biblia que se encuentra en el monasterio benedictino de la Santísima Trinidad de Cava, cerca de Salerno, y que habría sido copiada en su origen para el rey Alfonso II de Asturias.

El especialista en Crítica textual Teófilo Ayuso Marazula fue quien sostuvo que esa Biblia, conocida también como Biblia de Danila, pudo haber sido manuscrita e iluminada en Oviedo en el siglo VIII o a principios del IX. De ser así, las glosas que figuran en sus márgenes serían el primer testimonio de exégesis bíblica en Asturias, y en su identificación, análisis y comprensión ha venido trabajando, ya desde los años de su labor como Vice Prefecto del Archivo Secreto Vaticano, el profesor Paolo Cherubini, ahora ya jubilado. De ellas habló el otro día en el Museo Arqueológico de Oviedo.

Son entre quinientas y seiscientas glosas en los márgenes del texto sagrado, hallándose la mayoría de ellas junto a pasajes de los Hechos de los Apóstoles, del Apocalipsis y de los Salmos. Proceden de una decena de manos diferentes y casi todas son de anotadores de la primera mitad del siglo IX.

Dice Cherubini que «otras quince glosas en árabe y una en hebreo son contemporáneas de las primeras, habiendo sido evidentemente copiadas cuando el códice aún se encontraba en Asturias». Y añade: «Su presencia identifica a la Biblia de Alfonso II como única en su género».

En cuanto a la perspectiva teológica, las glosas en las que se aprecien rasgos de dogmática católica aluden a la naturaleza divina de Cristo frente a las enseñanzas arrianas que, en la península ibérica encontraron, en siglos anteriores, una favorable acogida.

El hecho de que el glosador se haya detenido preferente y ampliamente en el libro de los Hechos de los Apóstoles confirma lo oportuna que ha sido la decisión, en la diócesis de Oviedo, de dar prioridad, en el curso pastoral 2023-2024, al estudio de ese libro del Nuevo Testamento por vicarías, al que ya, en los tiempos antiguos, se dio gran importancia en esta nuestra iglesia, como atestiguan las glosas cavenses que se pueden leer en el volumen, patrocinado por el Gobierno del Principado de Asturias, que acaba de ver la luz: “Glossae Cavenses. Exégesis bíblica en las Asturias del siglo IX”. Consta de 318 páginas y es su autor Paolo Cherubini, mientras que César García de Castro Valdés y Gian Luca Potestà han escrito la presentación y el prólogo.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 14 de abril de 2024, p. 24

La Biblia de Danila

La abadía benedictina de la Santísima Trinidad de Cava se halla a unos tres kilómetros de la pequeña ciudad de Cava dei Tirreni, en la región de Salerno, en el meridión de Italia. A los pies del cenobio corre, rumoroso, un arroyo, el Selano, que desciende de las cumbres que coronan el parque de los Montes Lattari. Restos de un acueducto del siglo I o II de la era cristiana se mantienen aún en pie. Transportaba el agua a los predios de una familia patricia, gens Metella, de quien tomó su nombre el monte hendido por el Selano: Mitilianum.

Por encima del monasterio se encuentra el pueblo de Corpo di Cava, con hermosas casas, calles empinadas y sumamente silencioso. La naturaleza se muestra exuberante en esas montañas, tupidas de boscaje, que se yerguen majestuosas entre el Vesubio y Vietri, y contemplan, desde su altura, el azur del mar Tirreno y la feracidad de la evocadora Campania. Eso sí, un viento ululante, húmedo y frío, cumple el ingrato deber de recordar a monjes, huéspedes, peregrinos y lugareños, que el ameno paraje es también un éremo.

La abadía de Cava es imponente. San Alferio Pappacarbone la fundó en 1011. Durante los mil años de su existencia ha estado habitada ininterrumpidamente por monjes. Después de san Alferio la rigieron los abades san León de Lucca, san Pedro y san Costabile, y los beatos Simeón, Falcone, Marino, Pedro II, Bálsamo, Leonardo y León II. El actual, dom Michele Petruzzelli, proviene de la abadía benedictina de Santa María de la Scala, en Noci, en la que fue prior y maestro de novicios.

Desde 1394, en que Bonifacio IX lo elevó a sede episcopal, hasta que, en 2013, dejó de ser abadía territorial, el monasterio tuvo períodos de desigual desarrollo y esplendor. La magnificencia de la basílica, del siglo XVIII, y de las dependencias destinadas a morada de monjes, clérigos, novicios, seminaristas y empleados, permiten darse una idea de cuáles fueron, a lo largo del tiempo, su grandeza y poderío. De allí, por cierto, partieron hacia Australia, en 1844, dos monjes del monasterio compostelano de San Martín Pinario: José Benedicto Serra y Rosendo Salvado. Habían tenido que abandonar España a causa de la desamortización llevada a cabo por Juan de Dios Álvarez Mendizábal. Estos benedictinos fundaron, en 1846, la misión de Nueva Nursia, la cual llegaría a ser un faro extraordinario de irradiación cristiana en las tierras avistadas por Pedro Fernández de Quirós en el hemisferio sur, a las que bautizó con el nombre de Austrialia del Espíritu Santo en homenaje a la Casa de Austria, según refirió él mismo en el memorial octavo que envió en 1606 al rey de España,

La abadía de Cava es famosa por su archivo, ornado con pinturas de estilo pompeyano y amueblado con armarios del siglo XVIII. Pertenece al Estado, si bien el abad es su custodio, quien, con la ayuda cualificada de los monjes, vela por la preservación de sesenta y cinco códices membranáceos y quince mil pergaminos. En él se conservan tratados de san Gregorio Magno, san Jerónimo, Hugo de San Víctor, Pedro Lombardo, san Bruno Astense, Pedro de Capua, Genadio, san Martín de Braga, san Benito, san Clemente I, Zacarías Crisopolitano, san Ambrosio, Inocencio III, Aristóteles, san Efrén, san Juan Crisóstomo, san Anselmo, san Cesáreo de Arlés, san Agustín, Cicerón y san Bernardo, entre otros autores.

Los documentos más importantes son los clasificados como Cava 1 (Biblia de Danila, del siglo IX), Cava 2 (Etimologías, de san Isidoro, del siglo VIII), Cava 3 (san Beda, del siglo XI), Cava 4 (Codex Legum Langobardorum, del siglo XI), De septem sigillis libri IV (obra de Benedicto de Bari, monje de la abadía; es del siglo XIII y versa sobre los principales misterios de la vida de Cristo) y el pergamino Morgen Gabe (donación de la mañana), del siglo VIII: un documento en el que el marido otorga, en la mañana después de las nupcias, un cuarto de sus bienes.

Dom Leone Morinelli, monje archivero, hojea con sumo cuidado, y guantes blancos, los códices y los pergaminos. Dice que, en la Biblia de Danila, se aprecian las trazas de dos manos, que han procurado atenerse a la contextura del soporte sobre el que han escrito, como da a entender la maña con la que se han eludido los huecos u ojos, y que la primera parte del códice es claramente superior. Se llama de Danila porque, en donde comienza el prólogo a la profecía de Ezequiel, se lee “Danila scriptor”. En el monasterio existe la idea de que podría haber sido llevado hasta allí por el antipapa Gregorio VIII, Mauricio “Burdino”, que fue obispo de Coimbra y arzobispo de Braga. Recluido como prisionero en la abadía de Cava, en 1121, habría portado consigo la Biblia y la habría donado o dejado en el cenobio. Téngase en cuenta que éste fue, por su alejamiento de núcleos de población, carcer domini papae, es decir, cárcel de papas, y que en él estuvieron presos tres antipapas. No hay que excluir, empero, que el códice se hallase entre aquellos que el príncipe salernitano Guaimario IV donó a san Alferio en 1035.

Fue Teófilo Ayuso Marazuela, reconocido especialista en Crítica Textual, quien afirmó que la Biblia de Danila pudo haber sido manuscrita e iluminada en Oviedo, en el siglo VIII o a principios del IX, y llevada a Italia por un monje que huyó de la invasión mahometana. En la edición de esta biblia, promovida en 2010 por el Gobierno del Principado de Asturias, a través de la Consejería de Cultura y Turismo, en la que, coordinados por César García de Castro Valdés, han participado Paolo Cherubini, Alfonso García Leal y José Antonio Valdés Gallego, se expone el estado de la cuestión acerca de la datación y del lugar de confección textual.

Ahora, el profesor Paolo Cherubini, Vice Prefecto del Archivo Secreto Vaticano, está estudiando las glosas que figuran en los márgenes y espacios interlineales del texto bíblico, las cuales constituirían el primer testimonio de exégesis escrituraria en Asturias. A ver qué resulta. Como es de suponer, no todos los investigadores comparten las inferencias expuestas más arriba, pero cualquier vía de investigación que se abra en otra dirección ha de tenerlas en cuenta, aunque no sea más que por la amplia difusión que han tenido. Los monjes de la abadía de Cava las conocen bien y las refieren con benedictina sapiencia a quien peregrina hasta aquella altura hermosa para ver la que pudiera ser la biblia de Asturias.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, 16 de octubre de 2016