Un sacerdote en el corazón de la FIDMA de Gijón

En un espacio culturalmente «top», el de los Masaveu, en la Feria Internacional de Muestras de Gijón, hay una sala en la que se le rinde homenaje al padre de la genética: el sacerdote agustino Gregor Mendel (1822-1884). Clérigo, científico y el que propuso las primeras leyes de la herencia, de las que ahora todo el mundo bebe. Si es que lo que ha hecho la Iglesia por la ciencia es impagable e inabarcable.

«Schwa» inclusivo

En hebreo שְׁוָא (léase sheva o shevá) son dos puntos verticales que se colocan debajo de una letra. Bien se pronuncia como una «e», bien no se pronuncia. Son los dos puntos en rojo:

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La lingüística internacional lo ha adoptado para indicar una vocal indistinta, un sonido entre «a»/»e»/»o». Se representa como una «e» al revés o como un «6» visto en un espejo.

En Italia hay quien pretende que se use en los finales de las palabras escritas como un signo inclusivo.

A ver lo que tarda en llegar a España. Aunque aquí ya se emplea la «arroba» (¿o es el «arroba»?).

Y todavía hay quién le pregunta a uno con desdén para qué sirve estudiar hebreo.

Jacques Maritain y don (Luigi) Orione

En la carta que Jacques Maritain dirigió a Victoria Ocampo, con fecha 13 de noviembre de 1936, el filósofo francés le comenta:

«Querida amiga,

Su carta nos esperaba en Meudon.

Gracias por habernos escrito sobre Don Orione; es un gesto [de amistad] hacia nosotros habernos hecho saber enseguida que estuvo en su misa con Michaux. ¿Lo ha vuelto a ver?

Encuentro en él [en Don Orione] una fuerza espiritual profunda, una humildad y una generosidad que me hace creer que es un santo. Se parece a un viejo cura que conocimos, al que llamaban el cura de los traperos, y al que mucho debemos y al que queríamos tiernamente. Parecía, puede ser, más dulce que Don Orione: era también de origen campesino. Siempre veía ángeles y santos, y había en él una delicadeza y grandeza maravillosas. Le enviaré un pequeño libro que recoge sus conversaciones.

¿Sabe lo que Don Orione le ha dicho a Bourdieu acerca de mí? Que me agradecía especialmente haber asistido al congreso del PEN Club.»

La carta prosigue con otros asuntos: llegada a Meudon, regreso de Gide desde Rusia, etc.

En: Victoria Ocampo – Jacques Maritain, No sé rezar. Cartas y otros textos 1936-1943. Prólogo, introducción, estudios y selección: María Laura Picón. Investigación, traducción y notas: Juan Javier Negri (Editorial Sur- Buenos Aires 2021) pp. 112-113.

Juan Antonio Bourdieu (1892-1984), abogado, poeta y escritor argentino, fue uno de los fundadores de los Cursos de Cultura Católica.

Victoria Ocampo y don (Luigi) Orione

En la carta que Victoria Ocampo dirige a Jacques y Raïssa Maritain, con fecha 17 de octubre de 1936, la escritora argentina les comenta, según leo en la recopilación No sé rezar:

«Queridos amigos:

Esta mañana a las ocho, Michaux y yo fuimos a escuchar la misa (Don Orione). Me parece que fue la primera vez que escuché una misa auténtica, no a las apuradas, balbuceada o mascullada. Fue emocionante.

Luego de la misa no fui a hablar con Don Orione porque no habría sabido qué decirle. Lo que uno siente en él es la fe (yo no siento amor en él) [«en casa» está agregado en el original]. Pero tengo la impresión de que me resultaría difícil comunicarme con él… o más bien que no me comunicaría, porque sólo hablé con él un instante en el barco el día que ustedes partieron.

Siempre vuelvo a Gandhi. Estoy más conmovida por ese hombre, incluyendo el recuerdo de su existencia y de sus menores palabras, que por todo lo demás. Me acerca, más intensamente, a eso que se parece a la fe.

Esta carta llegará a París antes que ustedes. Y me gustaría que les diera la bienvenida diciéndoles lo que no pude decirles o les dije mal: mi gratitud y mi alegría por haberlos conocido.

Victoria Ocampo»

En: Victoria Ocampo – Jacques Maritain, No sé rezar. Cartas y otros textos 1936-1943. Prólogo, introducción, estudios y selección: María Laura Picón. Investigación, traducción y notas: Juan Javier Negri (Editorial Sur) Buenos Aires, 2021, pp. 108-111.

Henri Michaux (1899-1984) fue un poeta y pintor de origen belga y de nacionalidad francesa.

No sé rezar

“No sé rezar” es el título que María Laura Picón, con Juan Javier Negri, ha dado al libro en el que ha recopilado las cartas que la escritora argentina Victoria Ocampo y el filósofo francés Jacques Maritain (1882-1973) se enviaron entre 1936 y 1943.

El carteo comenzó a partir de la estancia del matrimonio Maritain-Oumançoff en Argentina, a donde viajaron, en 1936, para participar en el XIV Congreso de los PEN Clubs y en los Cursos de Cultura Católica.

Victoria Ocampo (1890-1979) nació en una familia acaudalada de aquel país. Es imposible reducir a cinco líneas su vida y su obra. Baste recordar aquí que fue la fundadora de la revista y editorial “Sur”.

Siempre leí con interés todo lo relativo a Victoria y he visitado su tumba en el cementerio bonaerense de “La Recoleta”. De ahí el que, en cuanto vi que había sido publicado el libro, deseé hacerme con él, pues su correspondiente epistolar, Jacques Maritain, fue figura destacada de la intelectualidad católica del siglo XX. El Papa Pablo VI lo apreciaba muchísimo.

Para conseguir un ejemplar, trayéndolo de Buenos Aires a Oviedo, tuve que recurrir a unos amigos, a quienes les doy las gracias por haberme procurado ese compendio de cartas, que leí de un tirón. 

Fue en una misiva a Maritain, enviada en septiembre de 1936, en donde Victoria escribió la confesión que da título a la obra: «Lo he escuchado ayer por primera vez. Si usted pudiera captar la atención de los católicos como ha logrado captar la mía, si puede hacerse oír entre ellos como lo ha hecho conmigo, nada me habría alejado de ellos. No sé rezar. Pero me gustaría que alguien rezara para que los católicos [tales como los que conozco] se conviertan a sus palabras, ya que las que están en el Evangelio les parecen ser [hoy por hoy] incomprensibles».

Victoria Ocampo había descubierto en Maritain al interlocutor con el que podía compartir las más profundas inquietudes de su alma. Jacques provenía de una familia protestante; Raïssa Oumançoff (1883-1960), su esposa, de una judía. Los dos, conversos al catolicismo, encontraron en el Evangelio, en el Credo, en el Magisterio doctrinal y moral de la Iglesia Católica, y en la “Summa” de santo Tomás de Aquino, la Verdad que, juntos, buscaban apasionadamente.

Eran tantas las personas, anhelantes de infinito, que acudían a las reuniones que se organizaban en su casa o a visitarlos, para conversar con ellos, que su vivienda en Meudon llegó a ser el más importante espacio de encuentro de personalidades en búsqueda de la verdad en la Europa del siglo XX: pintores, escritores, músicos y filósofos. La mayoría, famosos. Fueron muchos los que se convirtieron, gracias a aquellos coloquios con el matrimonio, a la fe católica.

La correspondencia entre Jacques Maritain y Victoria Ocampo es, además, una muestra de cómo esa irradiación de la Verdad, desde el pensamiento, la cultura, el arte y la palabra, brilló en América, de mano de Jacques y de Raïssa, con no menor resplandor que en Europa, logrando despabilar, con el rigor, la autenticidad, la seriedad, la coherencia y la afabilidad que distinguían a ambos, cuanto había de ansias de luz, de plenitud y de eternidad en los espíritus indómitos de allende el Atlántico, como el de Victoria Ocampo, y dirigirlos hacia Dios.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 14 de agosto de 2022, p. 27

¿Hay iglesia?

Por la foto parece que sí. El dueño del Real Oviedo, Jesús Martínez, le ha enseñado a Xuan Fernández, periodista de La Nueva España, las 40 hectáreas de la ciudad deportiva de Pachuca (Hidalgo), en Méjico: 11 campos de fútbol, una residencia de estudiantes, una universidad, un hospital, …

En el reportaje de cuatro páginas de La Nueva España (31 de julio de 2022) se habla al detalle de todo lo que hay en ese emporio. Por demás. Hasta de una mesa de tenis en un vestuario. De la iglesia, si es que la hay, ni mención.

Durante la visita a Covadonga del otro día (11 de agosto de 2022), Jesús Martínez lo explicó y manifestó su intención de crear una capilla para el Real Oviedo:

Es pseudorreligión

Esos actos denominados «prometer el cargo» son suplantaciones de los que, con carácter religioso, se realizan ante un Crucifijo y una Biblia. El formato es similar, solo que sin núcleo.

Y como tratan de parecerse a los ritos religiosos, porque no hay inventiva para crear otros que sean absolutamente laicos, pues son eso: actos pseudorreligiosos.

Poner la mano sobre una página con una enumeración de artículos de lo que sea, incluidos los de la Constitución, y decir «prometo» es como ponerla sobre los estatutos de una fundación cualquiera y decir «prometo». No existe contraprestación moral alguna. Si quieren, pueden ponerla también sobre el prospecto del Ibuprofeno, porque vale lo mismo: nada.

Al final, cantaron

Los chavales de Lourdes y Tarbes cantaron, en el santuario de las apariciones de la Virgen, tal como estaba previsto, el «Ave verum Corpus», con música atribuida a Mozart, dirigidos por Riccardo Muti, el 11 de julio de 2022, en el marco de «Le Vie dell’ Amicizia», sin que nadie hiciera el menor caso a las protestas de un par de sindicatos laicistas de Francia que pidieron al Gobierno que impidiese el que los alumnos de la Escuela pública actuasen en un espacio católico.

Se trataba, según los representantes de esos sindicatos, de un atentado contra la laicidad del Estado. Pues nada, a los alumnos, a las familias e incluso al Gobierno les dio igual lo que dijeran o pensaran los de los sindicatos. Los chavales, como era su deseo, cantaron.

Véase la entrada del 10 de julio de 2022 en este mismo blog:

https://wordpress.com/post/jorgefernandezsangrador.com/2683

En los ensayos del día 10 de julio, Muti no acababa de quedar satisfecho con la entonación del coro. El famoso director, que ha cumplido 81 años, hace gala de una agilidad admirable sobre la silla.

L’Enfance du Christ

Akal ha editado las “Memorias” de Hector Berlioz (1803-1869), inencontrables desde hace años, que todo músico debería leer, para escribir, con el estilo vivaz, chispeante, ágil, culto y dramático del compositor francés, las suyas propias. “Berlioz inaugura la corriente autobiográfica musical a la que van a intentar adscribirse tantos músicos románticos”, dice Enrique García Revilla en la Introducción. 

En su relato, Berlioz no disimula la desafección por la religión, que le provocó el hecho de que su madre rompiese toda relación con él, al manifestarle éste su propósito de abandonar los estudios de medicina para dedicarse enteramente a la música: “Parece increíble que las opiniones religiosas impregnadas de los prejuicios provincianos del desprecio hacia las artes pudieran provocar semejante escena entre una madre tan cariñosa como la mía y un hijo tan agradecido y respetuoso como siempre fui yo”.

Sin embargo, de su numen procede el oratorio que él mismo denominó, debido a las partes de que se compone, “trilogía sacra”: “L’Enfance du Christ”. Una regalada meditación sobre la huida de la Sagrada Familia a Egipto y una gema de religiosidad y pureza evangélica.

En el Epílogo de las “Memorias”, el compositor se muestra sumamente feliz porque, en Estrasburgo, el auditorio se emocionó al escuchar la obra, y, en especial, su final “O mon âme”. “Llegó a provocar las lágrimas en algunos oyentes. ¡Oh, qué feliz soy cuando veo a mi público llorar! Este coro no produciría tal efecto en París”.

Lo que Hector Berlioz no podía imaginar es que, siete décadas más tarde, en 1937, en la noche del 29 al 30 de abril, en un barrio del extremo este de París, en el boulevard Sérurier, en el piso en el que residía Ezequiel Selgas cuando viajaba a la capital de Francia, el filósofo español Manuel García Morente, agnóstico, se convertiría a la fe mientras retransmitían por la radio un fragmento de “L’Enfance du Christ”, que definió, más tarde, así: “Algo exquisito, suavísimo, de una delicadeza y ternura tales, que nadie puede escucharlo con los ojos secos”.

El efecto que provocó en el alma del pensador andaluz fue indescriptible: “Es verdaderamente extraordinario e incomprensible cómo una transformación tan profunda pueda verificarse en tan poco tiempo”. El relato completo de lo que sucedió en aquella noche parisina puede leerse en la carta que García Morente escribió a José María García Lahiguera, dándole pormenores de lo que él llamaba “el Hecho”.

La emoción que, en cierta ocasión, experimentó Berlioz al contemplar la armonía de la basílica de San Pedro de Roma (“En verdad, aquella era la casa de Dios”) lo condujo a reflexionar sobre la música y concluir: “Es ella la que aúna el himno incesante de las otras artes y, con su poderosa voz, lo lleva, ardiente, a los pies del Padre Eterno”.

Y así aconteció en Manuel García Morente, quien, elevado hacia su interior por el empuje de la gracia, abrió su alma enteramente para recibir la luz que la música le portaba desde el davídico Belén y el Egipto nilótico, guiándolo al encuentro con Aquel que vino al mundo para rescatar a la humanidad de una hórrida tiniebla. El estudioso de Kant y de Bergson entonó entonces, en lo más profundo de su ser, estos versos corales de rendición, con lo que concluye el oratario: «¡Oh, alma mía, / qué te queda por hacer / sino quebrar tu orgullo / ante tal misterio!».

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 23 de diciembre de 2018, pp. 20-21