Dona nobis pacem

Treinta y seis coros de Asturias se reunieron en la plaza del Ayuntamiento de Oviedo para cantar el canon, atribuido, entre otros, a Mozart, “Dona nobis pacem”. Con este gesto pretendían mostrar su deseo de que la paz torne a Ucrania y cesen las guerras en todo el mundo. 

No han sido los únicos, ya que, en días pasados, cientos de coros y miles de voces se dieron cita en sus respectivas localidades de residencia con el mismo propósito. En nuestro país, la asociación “Coros por la paz” ha sido la principal impulsora de esta iniciativa, que fue acogida con gran entusiasmo e implicación por parte de los integrantes de los, incuantificables en número, coros españoles.

“Dona nobis pacem” es la última petición del Agnus Dei que se canta o se recita en la Misa antes de la comunión, mientras el sacerdote “rompe” el Cuerpo sacramentado de Cristo y pone en el cáliz una partícula de éste. Es la “fractio panis”. «Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: Dona nobis pacem», se dice en latín. Y “Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: Danos la paz” es la traducción al español.

Fue Juan el Bautista el que señaló a Jesús designándolo con esa expresión: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1,29). Las evocaciones veterotestamentarias son tantas y tan significativas que la Iglesia estimó que, en estas palabras del hijo de Zacarías e Isabel, se hallaba la más sustanciosa definición de la misión redentora de Jesucristo, quien cargó con los pecados de todos, para redimirlos con el derramamiento de su sangre inocente, cumpliendo así el plan salvífico de Dios, anunciado en las Escrituras del pueblo judío. Y de ahí el que la frase haya sido incorporada, como un elemento fijo, a la liturgia eucarística.

La verdad es que me ha sorprendido gratamente el hecho de ver que, en esta ocasión, en vez de los acostumbrados cantos para las concentraciones en las que se pide la paz para la humanidad, como eran hasta ahora, por poner dos ejemplos, la “Oda a la alegría” de Ludwig van Beethoven o “Imagine” de John Lennon, se haya hecho uso de dos canciones de inspiración religiosa: “Dona nobis pacem” y “Va, pensiero”.

“Va, pensiero” (Vuela, pensamiento) fue propuesta también por “Coros de la paz” para que se cantase, como muestra de solidaridad con el pueblo de Ucrania, en la calle. La entonan los exiliados judíos en la ópera “Nabucco”, de Giuseppe Verdi, y es una paráfrasis del salmo 136 (137) de la Biblia:

«Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sion; en los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras. Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar; nuestros opresores a divertirlos: “Cantadnos un cantar de Sion”. ¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera! Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha; que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén en la cima de mis alegrías».

En fin, que Europa entera, unida en oración, se ha dirigido al cielo suplicando a Dios que conceda la paz a Ucrania y al mundo. Y es que no hay como dejar a la sociedad que discurra por el camino de la laicidad, cosa en la que se ha emperrado últimamente, para que retome ella sola, sin que haya ni siquiera que sugerírselo, por propio convencimiento, el de la religión.

La Nueva España, domingo 3 de abril de 2022, p. 21

Dante en la parroquia

Gabriele dell’Otto (Roma, 1973) es un ilustrador de cómics que goza de fama internacional. El espectro que cubre con su arte es amplio y va desde el ámbito científico hasta el publicitario, desde las portadas de libros y revistas hasta las cubiertas de videojuegos.

Trabaja para la sección europea del sello Marvel y fue el ilustrador del comentario a la “Divina Comedia” que el italiano Franco Nembrini escribió para la editorial Mondadori.

La lámina que dibujó para acompañar el primer canto de “El Purgatorio” es la que ha adoptado la parroquia asturiana de San Martín de La Carrera, en el arciprestazgo de Siero, para anunciar el ciclo de conferencias cuaresmales del presente año, que ha llevado por título “Con Dante hacia la Luz”. Las sesiones tuvieron lugar en tres viernes sucesivos del mes de marzo.

El párroco, Manuel Alonso Martín, recogió inmediatamente una sugerencia hecha en una tribuna del diario La Nueva España, en el marco de las celebraciones del séptimo centenario de la muerte de Dante Alighieri (1321-2021), en la que se decía que la “Divina Comedia” es una obra que encuentra en el ciclo de Cuaresma y Semana Santa su mejor contexto para ser leída, comentada, comprendida y bien aprovechada.

El Sumo Poeta pasó la noche que va del Jueves al Viernes Santo en una “selva oscura”, una fronda «salvaje, áspera y ardua», «¡tan amarga, que era poco menos que la muerte!» y, tras las salida de ese lugar, emprendió el viaje literario que lo condujo, primero bajo la guía del poeta Virgilio y después de la amada Beatriz, a la luz del paraíso, luego de haber descendido a las profundidades del infierno y subido a la montaña del purgatorio.

De igual modo, la comunidad cristiana rememora litúrgicamente en estas fechas, con la luna llena de primavera, la Pascua de Cristo, quien, siendo Dios, se despojó de su rango, se abajó hasta morir en una cruz, descendió a los infiernos y resucitó victorioso de entre los muertos, haciendo partícipes de la vida divina a cuantos creen en Él y son bautizados en el nombre de la santa Trinidad y en la fe de la Iglesia.

De ahí la oportunidad del ciclo de conferencias cuaresmales en el salón parroquial de La Carrera. En el cartel que se confeccionó para publicitarlas, sobre el motivo dibujado por Gabriele dell’Otto, aparece Dante en el momento en el que Virgilio le lava, como ablución purificatoria, el rostro:

«Caminábamos por la solitaria llanura como el hombre que vuelve a la senda perdida y hasta que no está en ella le parece que camina en vano. Cuando estuvimos allí donde el rocío resiste al sol y, por hallarse en parte sombría, se evapora lentamente, mi maestro (Virgilio) puso suavemente ambas manos abiertas sobre la hierbecilla, y yo (Dante), que me di cuenta de su propósito, tendí hacia él mis mejillas, que habían bañado las lágrimas, y él hizo que quedara al descubierto aquel color que el infierno me había oscurecido».

La “Divina Comedia” es un inspiradísimo y extenso poema que induce, valiéndose de unos magníficos recursos literarios, a desear la libertad y la luz, a mirar de frente nuestro lado oscuro, a vencer los miedos, a reconocer a los verdaderos maestros y a dejarse guiar por ellos cuando la mente está ofuscada, a no decaer ante las vicisitudes que surjan en el particular itinerario vital, a tener esperanza, a descubrir el amor «que mueve el sol y las demás estrellas» y a estar inmensamente agradecidos por el hecho de que, en el cielo, alguien se ocupa de nosotros.

Y es la “Divina Comedia”, por todo esto, una obra que, en una parroquia, ayuda a prepararse para las celebraciones pascuales, a reflexionar sobre las grandes cuestiones que nos afligen, como son las del mal, los fracasos personales y la muerte, y a gozarnos en las que nos reconfortan, como son las de la gracia, el perdón y la bienaventuranza eterna.

La Nueva España, domingo 27 de marzo de 2022, p. 22

Ilustración de Gabriele dell’Otto

«Divina Comedia», Canto I de «El Purgatorio», versos 120-129

Estorninos

Luca Lorenz es un joven de dieciséis años que vive en las afueras de Berlín. Se dedica desde hace algún tiempo a la captura de instantáneas fotográficas de la Naturaleza.

Optó, junto a más de mil setecientos fotógrafos, que enviaron dieciséis mil fotografías, al Premio “Memorial María Luisa”, que se otorga en el homónimo certamen internacional de “Fotografía y Vídeo de Montaña, Naturaleza y Aventura”. Luca lo hizo en la categoría de fotógrafos menores de diecinueve años. 

Y el jurado decidió concederle el galardón por la fotografía con la que concursó. En ella figura una gaviota, durante una tormenta, en medio de una bandada de estorninos.

La obtuvo en la costa del mar del Norte, en donde se hallaba en compañía de otros jóvenes: «Me concentré en una gran bandada de estorninos que buscaban comida en la orilla. Cuando comenzó a llover de nuevo, la bandada de estorninos voló frente a un acantilado que estaba a la sombra», refiere Luca.

Y prosigue: «Yo los seguía desde el visor de mi cámara cuando, de repente, apareció la gaviota entre ellos. Destacaba perfectamente por el plumaje brillante. Además, el sol ayudaba a iluminar las alas de los estorninos y cada gota de lluvia en un ángulo desde atrás». Y con el contraste del acantilado, haciendo de fondo a los volátiles, hizo la foto que resultó ganadora del “María Luisa”.

Otro observador del vuelo de los estorninos es el italiano Giorgio Parisi, Premio Nobel de Física en 2021, quien se ha concentrado en el estudio del llamado “vidrio de espín”, un sistema magnético sumamente desordenado y, valga la expresión, carente del estado de equilibrio estable.

Y esto es lo que Parisi ha declarado acerca de las coreografías de los estorninos: «Puede servir para entender otras cosas relacionadas. La idea originaria era que el vuelo de estos pájaros tuviera que ver con la idea de “moda”. Como hemos podido averiguar, unos pocos pájaros empiezan a dar la vuelta, y los demás los siguen. Más o menos la misma manera en la que empieza una nueva moda».

Este científico, que nació en Roma en 1948, recurrió en varias ocasiones, para explicar la interacción entre el desorden y las fluctuaciones en los sistemas físicos, desde la escala atómica hasta la planetaria, al vuelo de los estorninos, en que un individuo, a la vista de un predador, cambia el rumbo y, con él, simultáneamente, toda la bandada, que se reorganiza de inmediato y dibuja en el cielo bellísimas y variadas formas geométricas.

Se cree que funciona a base de una comunicación eficacísima, de un bajo rumor que un estornino hace llegar a sus siete vecinos más próximos y éstos a los siete que vuelan junto a cada uno de ellos, hasta alcanzar a los últimos de la colonia, que reaccionan casi al unísono con el primer emisor. 

Así que cuando veamos a los estorninos realizar, en el cielo, sus acrobacias impredecibles, sincronizadas, rápidas y gráciles, consideremos que son así también las relaciones de la materia, que estudian los físicos, y las humanas, en las que nos hallamos involucrados todos, y que en donde parece que reina el desorden, la mutabilidad y la improvisación existe igualmente, a su manera, orden, estabilidad y método.

Y, en no pocas ocasiones, sucede, en los movimientos sociales, lo mismo que en esas bandadas de pájaros: uno da la voz y todos cambian de rumbo inopinadamente. Son las consignas.

No es de extrañar, pues, que quienes extrajeron derivadas de la observación de las coreografías aéreas de los estorninos, las asociasen primeramente a la moda, de la que Oscar Wilde decía que, como es de una fealdad tan intolerable, nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses.

Y las modas no son solamente las que se refieren al vestir, al comer o al viajar, sino también a otros hábitos, inducidos por el casi inaudible rumor que no dejan de proferir los instigadores de nuevas ideologías, construidas para desbancar a las anteriores y con voluntad de permear la integridad de un sistema, así como de sus correspondientes relatos.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 20 de marzo de 2022, p. 22-23

Fotografía realizada por Luca Lorenz y ganadora del Premio «Memorial María Luisa» para fotógrafos menores de diecinueve años

Doctoras

“Doctoras de la Iglesia y Patronas de Europa en diálogo con el mundo de hoy” ha sido el título del congreso celebrado, hace unos días, en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, promovido por la Universidad Católica de Ávila en colaboración con la mencionada Universidad Urbaniana y el Instituto Superior de Estudios sobre la Mujer del Pontificio Ateneo “Regina Apostolorum”, también de Roma.

Las doctoras son Teresa de Jesús, Catalina de Siena, Teresa del Niño Jesús e Hildegarda de Bingen. Las patronas, Catalina de Siena, Brígida de Suecia y Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein). Todas ellas, según la organización del congreso, tienen mucho que aportar, desde los respectivos contextos históricos, culturales y religiosos, a las grandes cuestiones que preocupan a nuestro tiempo, siendo, por ello, plenamente actuales.

Repárese en que, de las seis, dos eran carmelitas e hijas espirituales, por tanto, de Teresa de Jesús: Teresa del Niño Jesús y Teresa Benedicta de la Cruz. Y es que era mucha Teresa la de Ávila. Con ella se rompió la tradición de que solo hombres fueran doctores. Había de ser el gran Papa Pablo VI quien, al proclamarla Doctora, el 27 de septiembre de 1970, abriese esa nueva vía, que él mismo continuó al declarar también Doctora, el 3 de octubre de 1970, a Catalina de Siena.

A Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, conocida como Teresa de Lisieux, le fue conferido el título, el 20 de octubre de 1997, por Juan Pablo II, y a Hildegarda de Bingen, el 7 de octubre de 2012, por Benedicto XVI. Con Hildegarda fue proclamado Doctor un sacerdote español: Juan de Ávila, inigualable maestro de santos. Entre ellos, Teresa de Jesús.

Hay, hasta el presente, 37 doctores de la Iglesia, cuya designación se ha llevado a efecto tras haber sido acreditada su santidad de vida y la eminencia de la doctrina que han enseñado y legado a la posteridad. El último, en enero de este año, Ireneo de Lyon.

¿Cuál es la doctrina eminente que la Iglesia ha apreciado en estas cuatro mujeres como digna de ser declarada de valor universal? Pues nada más y nada menos que Dios mismo, conocido y testimoniado en ellas y por ellas en una experiencia personal, singular e inequívocamente real y auténtica en lo más íntimo de su ser.

Y me explico. No fue por el sistema teológico que alumbraron, aunque su discurso se atuvo rigurosamente a los principios de la razón y su versión escrita a la más alta y bella expresión literaria, sino que las cuatro, manteniéndose muy unidas a Dios, se dejaron ilustrar por Él, que las allegó al insondable, inasible e inefable misterio de su Ser, infundiéndoles un conocimiento interior, directo y verdadero Suyo. Y acertaron a referirnos algo de todo lo que estaba aconteciendo en ellas valiéndose de su ágil pluma y de su fino estilo descriptivo.

No han sido las únicas a lo largo de la historia. Mas, con la proclamación de su doctorado universal, la Iglesia da garantías de que, en sus escritos, el lector de todos los tiempos podrá encontrar un camino seguro que lo lleve al encuentro con Dios. Y de ahí el que el magisterio de Hildegarda de Bingen (siglo XII), Catalina de Siena (siglo XIV), Teresa de Jesús (siglo XVI) y Teresa del Niño Jesús (siglo XIX) no se haya apagado jamás, perdure por los siglos, siga siendo actual y funja como galvanizador de mociones interiores en almas capaces de Infinito.

La organización del congreso de Roma ha colgado un libro de acceso gratuito en internet, para que quienes lo deseen puedan acercarse a la vida y a la obra de las doctoras de la Iglesia y de las patronas de Europa. Está en italiano, inglés, español y francés:

https://congresomujeresdoctoras.es/descargas/Donne_Dottori_della_Chiesa_e_Patrone_d_Europa_WEB_FINAL.pdf.

Y en estos días de guerra feroz, la Iglesia eleva oraciones a aquellas a cuyo patronazgo ha sido confiado nuestro continente, a santa Catalina, santa Brígida y santa Teresa Benedicta de la Cruz, para que, junto a san Benito, san Cirilo y san Metodio, copatronos de Europa, por sus ruegos ante Dios, cese la violencia destructora y reine la paz.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 13 de marzo de 2022, p. 25

Academia Dominicana de la Lengua

La Academia Dominicana de la Lengua fue creada en 1927 por iniciativa del arzobispo de Santo Domingo, monseñor Adolfo Alejandro Nouel, quien, con la colaboración de once personalidades de la sociedad dominicana, puso las bases de la corporación que actualmente tiene su sede en la casa de la calle Mercedes, número 204, en la zona colonial de la capital de la República. Su lema es “La lengua es la patria”.

A ese hermoso edificio, otrora residencia del presidente Ulises Hilarión Heureaux Lebert, se lo conoce también como Casa de las Academias, pues en él tienen su domicilio social, junto a la de la Lengua, también la de la Historia y la de Medicina.

La Academia Dominicana de la Lengua es, desde 1931, correspondiente de la Real Academia Española y, desde 1960, miembro de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), a la que pertenecen otras veintidós, entre las que figuran, fuera del continente americano, la española, la filipina y la ecuatoguineana.

La Dominicana cuenta, en la actualidad, según el Boletín de la Academia del pasado mes de febrero, con veinticuatro académicos de número y cincuenta y siete correspondientes, treinta y siete nacionales y veinte extranjeros. Hay, en ambas categorías, varios españoles. Entre los correspondientes extranjeros se halla el asturiano Víctor García de la Concha, ex director de la Real Academia Española y promotor de determinantes labores realizadas conjuntamente por las academias que componen la ASALE.

Desde sus inicios, la Academia Dominicana de la Lengua se trazó el objetivo de cultivar el estudio del español como fundamento de la cultura nacional y el fomento de una literatura local imaginativa, excelente, vigorosa y múltiple en sus modalidades y formas. A esta línea fundamental se ha añadido la vigente hoy en casi todas las academias: la de la valoración del léxico propio del país como legítima variedad de la lengua española. 

En 2013, la Academia publicó el “Diccionario del español dominicano”, con cerca de once mil voces, casi catorce mil acepciones y más de cuatro mil locuciones. Una obra magna que fue posible gracias a la meticulosa indagación y sistematización de palabras por parte de buenos filólogos y el mecenazgo de una entidad plenamente comprometida con el idioma en la República Dominicana y, por ende, con la Academia: la Fundación Guzmán Ariza Pro Academia Dominicana de la Lengua.

Bajo su patrocinio se han confeccionado y editado otros dos diccionarios: el de frases y el de refranes. Contribuye, además, con partidas económicas, a la financiación de premios a lingüistas, la adquisición de libros para la biblioteca, la dotación de recursos electrónicos, el asesoramiento gramatical a instituciones del Estado o a la creación de programas de ayuda a empresas o a medios de comunicación social con el fin de que hagan un buen uso del español.

La obra que la Academia realiza es admirable y puedo atestiguar, porque he conocido otras de la Lengua fuera de España, que la Dominicana es de las más activas y constantes en el servicio a nuestro idioma, así como a sus expresiones locales. Tiene por guía al doctor Bruno Rosario Candelier, su director, y cuenta con la colaboración de un extraordinario equipo de lingüistas, filólogos, lexicógrafos y literatos, que se dedican cualificada y amorosamente a conocer, preservar y glosar todas y cada una de las palabras que conforman la Lengua española en Quisqueya.

Jorge Juan Fernández Sangrador

Miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua

La Nueva España, domingo 6 de marzo de 2022, p. 44

Virgen Odigitria

Este icono de la Virgen, que se conserva en el Vaticano, fue regalado al Papa Juan Pablo II en Leópolis, durante su visita a Ucrania, en 2001. Debe de ser del siglo XVII o del XVIII.

Estaba escondido en un armario abandonado en un campanario, en el pueblo ucraniano de Popeliv, para que no fuera capturado ni destruido por el régimen comunista.

Se encuentra, a pesar de todo, es ese mal estado de conservación que aparece en la foto. Y no se ve al Niño.

Tal vez pensando en que ahora son todos los niños de Ucrania quienes están en los brazos de la Madre del cielo, es por lo que el Papa Francisco ha colgado esta imagen en twitter para pedir por la paz:

«Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre De Dios; no desoigas las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro ¡oh, Virgen gloriosa y bendita».

Tantur

Al conmemorar el centésimo vigésimo aniversario del nacimiento de Oscar Cullmann, teólogo luterano, el 28 de febrero de 1902, en Estrasburgo, se ha recordado aquella comida a la que, en diciembre del 1965, fue invitado, junto con el pensador Jean Guitton y el teólogo jesuita Padre Henri de Lubac, por Pablo VI.

Eran días de Concilio Vaticano II aún no clausurado. Y el Papa, que fue quien llevó principalmente la conversación, traslucía la gran alegría que le había producido la lectura de la versión definitiva del texto del levantamiento de mutuas excomuniones por parte de las Iglesias Católica y Ortodoxa.

El coloquio en la mesa giraba en torno el ecumenismo. Oscar Cullmann manifestó al Papa su deseo de ver ya pronto en funcionamiento el Instituto de Teología Ecuménica en Jerusalén, del que se había hablado, junto a otros proyectos de naturaleza interconfesional, en el contexto de las sesiones conciliares, a la que asistieron, como observadores, figuras importantes del protestantismo.

Y es que Oscar Cullmann había sido designado para formar parte del comité de asesores internacionales que debía acompañar con su saber y experiencia el nacimiento e inicial desarrollo de ese Instituto, que iba a ser erigido en una parcela, que se encontraba entre Jerusalén y Belén, y que el Vaticano compró a la Soberana Orden de Malta.

En realidad, las actuaciones concretas para la adquisición del terreno y la creación de las instalaciones las inició Pablo VI en 1964, al confiar al Padre Theodore Hesburgh y a la universidad norteamericana de Notre-Dame la misión de obtener el dinero que se precisaba para la construcción del edificio, ofrecer la cobertura institucional que se requería para que fuese una realidad sólidamente fundada y conducir a puerto el plan.

Las obras comenzaron en 1967, aunque, a causa de la Guerra de los Seis Días y otras circunstancias sobrevenidas por el conflicto árabe-israelí, la inauguración del Instituto Ecuménico de Tantur se demoró hasta 1972, año en el que finalmente pudieron comenzar a convivir, como deseaban los promotores de la creación del Instituto, unos treinta investigadores de diferentes confesiones cristianas, con sus familias, una comunidad de seis monjes benedictinos de Montserrat y algunos funcionarios.

La finalidad que se le trazó al Instituto Ecuménico de Estudios Teológicos de Tantur fue la de trabajar por la unidad de los cristianos, favorecer las relaciones de cordial entendimiento entre los que se confiesan hijos de Abrahán en la fe y mediar en los conflictos y desavenencias que dividen y enfrentan a los pueblos.

Y todo ello sustentado por la plegaria constante. Por eso fueron enviados al Instituto, en representación de los católicos, los benedictinos. Con el padre Adalbert Franquesa Garrós a la cabeza. ¡Qué buen monje! Estuvo en Tantur hasta su retorno a Montserrat en 1983. Falleció en 2005.

El mismo padre Franquesa me comentó, cuando tuve la oportunidad de saludarlo una vez que fui a visitar al padre Cebrià María Pifarré i Clapés, que estaba pasando una temporada en Tantur, el porqué de su presencia allí: puesto que la unidad es un don del Espíritu Santo, decía Pablo VI, hay que pedirle, por medio de la oración, que la conceda, y por eso quiso que hubiera permanentemente en el Instituto una comunidad monástica.

Los benedictinos de Montserrat se fueron de Tantur hace unos años y regresaron a su monasterio. Pero el espíritu de oración no se ha agotado. Se perpetúa en la Iglesia, que ora continuamente para que los seguidores de Cristo estén unidos, las distintas religiones se respeten unas a otras y prevalezca la concordia entre los pueblos.

Y hoy ora especialmente por Ucrania, para que sean depuestas las armas, cesen los sufrimientos, se restablezcan las libertades y la caridad evangélica, predicada y vivida heroicamente durante siglos en aquellas tierras de hondas raíces cristianas y venerables tradiciones litúrgicas, aliente en el corazón de quienes pueden detener la guerra e instaurar la paz.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 27 de febrero de 2022, p. 24

Las benedictinas de Zhytomyr

En Zhytomyr, ciudad situada a 150 kilómetros de la frontera con Bielorrusia, se halla el monasterio de la Inmaculada Concepción, en el que hay diez monjas, que, a causa de los bombardeos, han debido refugiarse en el sótano de la casa.

A oscuras, cantan el Oficio Divino y dicen no sentirse en absoluto solas, ya que tienen una píxide con la Eucaristía, que han retirado de la iglesia, por lo que pudiera suceder. Saber que Jesús está allí abajo con ellas les da fortaleza y serenidad.

Han enviado a las hermanas enfermas a Leópolis, pero las que se valen bien por sí mismas han decidido permanecer en el monasterio. Pasan la noche en oración, con el temor de que caiga sobre ellas un misil, pero, aun así, no pierden la calma.

Han acogido con ellas a dos familias, que no tienen a dónde ir, al igual que las monjas benedictinas de Leópolis, que están recibiendo en su monasterio a quienes huyen del país con el propósito de llegar a Polonia.

Y, en ese oscuro sótano de Zhytomyr, unas monjas, de las cuales dos son rusas y otras dos son bielorrusas, tratan, sabiéndose esposas de Cristo, de mantenerse en el espíritu de oración, en la estabilidad y en la fraternidad que distinguen a quienes siguen la Regla de san Benito.

Fashion & Religion

Hace ochocientos cincuenta años que fue consagrada la catedral de Tournai (Bélgica). En el marco de las celebraciones conmemorativas se mostraron públicamente los ornamentos litúrgicos más preciosos del templo y se montó una pasarela sobre la que desfilaron varias personas, que no eran modelos profesionales, ni tampoco sacerdotes, sino voluntarios que se prestaron a recorrerla luciendo las vestiduras artísticas de la sacristía catedralicia.

Antes de la exposición, el TAMAT (Musée de la Tapisserie et des Arts Textiles de la Fédération Wallonie-Bruxelles), con el apoyo de los Amigos de la catedral de Tournai y la Universidad católica de Lovaina, realizó una meticulosa labor de cosido y reparación de desperfectos en las telas y en los bordados.

Además de por razones estéticas, los promotores de esta gran obra de recuperación de los textiles litúrgicos, poco vistos por estar siempre guardados en calajes de la sacristía, la han llevado a cabo sobre todo por la estima que les merece su sacralidad: «Pertenecen a la esfera de lo sacro en el mismo grado que las oraciones, las palabras y los gestos que componen los ritos de las ceremonias religiosas. Si admiramos su belleza, debemos igualmente emplearnos en reinscribirlos en el corazón de la liturgia, que es en la que verdaderamente cobran sentido pleno». De aquí el título de la muestra: “Habiller le culte. Les fastes du textile liturgique de la cathédrale de Tournai”.

Esta exposición, sin embargo, no ha tenido el eco de la del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, en The Met Fifth Avenue y The Met Cloisters, en 2018: “Heavenly Bodies. Fashion and the Catholic Imagination». Fue acompañada de bastante alboroto mediático, debido a que, además de las piezas históricas, se exponían vestidos confeccionados bajo inspiración de ropajes de imágenes religiosas, de ornamentos litúrgicos y de atuendos eclesiásticos, lo que le confirió un aura de irreverencia para con las realidades sagradas a las que hacían referencia, que acabó siendo ofensiva para el sentir religioso. Algo parecido a lo que sucedió con la película “Roma”, de Federico Fellini, en 1972. Fue la exposición más visitada de cuantas se han organizado en el Metropolitan Museum of Art (1.659.647 visitantes), superando a la de “Treasures of Tutankhamun”, en 1978, que, hasta ese momento, era la que figuraba como número uno (1.360.957 visitantes).

Para la Iglesia, la importancia de los tejidos, no solo para los usos litúrgicos sino también para el embellecimiento de los templos y de las estancias en las que discurren las horas de cada día, está asociada a la obra creadora de Dios, pues, en el libro bíblico del Génesis, fue él mismo quien confeccionó, en el paraíso, el primer vestido de la humanidad, el de Adán y Eva, que ocultaron su vergüenza tapándose con hojas.

Más aún, el ser humano fue formado, en las entrañas maternas, con primor y amor por Dios, como se lee en el salmo 139: «Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno». Basándose en estas palabras del salmo y en el pasaje del Génesis arriba mencionado, a la Virgen María se le da, en la iglesia siria, el título de “Tejedora”, porque en ella fue tejido el cuerpo humano de Cristo, siendo revestida así, nuestra naturaleza, de gloria.

Y esto es lo que se ha hecho durante siglos en la Iglesia: crear. De los monasterios han salido los paños cosidos y bordados más hermosos que han circulado por el mundo, trabajados con paciencia, un gusto exquisito y una técnica de altísima precisión, siendo los talleres monásticos una suerte de paraísos en la tierra, en los que, además de obras de gran belleza, inapagable aunque pase el tiempo, se tejen relatos.

Relatos distintos de vidas que se encuentran y se unen para escribir un texto (“textus” = tejido), en el que hilos de distintos colores se combinan, de acuerdo con las antiguas tradiciones recibidas, hasta conformar un inmenso y bellísimo tapiz al que luego añadirán su arte otras manos. Y así es como se va desarrollando y embelleciendo también ese ya de por sí extraordinariamente hermoso Tapiz que es la Iglesia.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 20 de febrero de 2022, p. 24

La iglesia de Wotruba

En el Museo Belvedere de Viena se ha clausurado la exposición dedicada a la iglesia de la Santísima Trinidad, que Fritz Wotruba (1970-1975), en colaboración con el arquitecto Fritz Gerhard Mayr, construyó, entre 1974 y 1976, en Georgenberg, en el distrito de Viena Mauer.

Fritz Wotruba (1907-1975) fue uno de los más representativos escultores europeos del modernismo clásico y una figura importante en la reconstrucción de la vida artística y cultural de Viena en las décadas siguientes a la Segunda Guerra Mundial.

En torno a 1960 comenzó a realizar esos diseños tan suyos, en los que, en una combinación de escultura y arquitectura, adquirieron gran preponderancia las formas cúbicas, tubulares y cilíndricas.

La construcción de iglesia de la Santísima Trinidad se debió a la iniciativa de Margarethe Ottillinger, que deseaba, en una Europa que dice haber dejado de creer en Dios, provocar un impacto y mostrar a todo el mundo que aún existen fuerzas resistentes ante la incredulidad.

La verdad es que, en lo que parece un gran desorden, los elementos singulares (152 bloques de concreto) encajan uno encima de otro y acaban por componer un conjunto en el que se integran las distintas posibilidades.

Desde 2019 hay un nuevo rector de la iglesia, el sacerdote Harald Mally, que anima una comunidad muy activa y que visibiliza a los ojos del mundo, también en un templo de formas tan poco convencionales, y tal vez precisamente por ello, lo que es la iglesia peregrina, en la que tiene cabida todos, y que es precisamente en su vitalidad como comunidad cristiana, en la pobreza de los medios y de los materiales, de donde emana su verdadera belleza.