La fe de Patti Smith (Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026)

Patti Smith visitó hace unos días el Oriente de Asturias. Venía de La Coruña, en donde había actuado en el Festival Noroeste Estrella de Galicia 2019. Allí, la “madrina del punk” interpretó algunas de las canciones que la elevaron, en los años 70, a lo más alto de la escena musical y la convirtieron en icono de la contracultura en todo el mundo.

En Riazor cantó, como se esperaba, “Gloria”, del álbum “Horses” (1975), cuya letra dice así: «Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos». Ella misma declaró en cierta ocasión que esto no lo había escrito, innovando la versión de Van Morrison, por ser atea o intencionadamente blasfema, sino porque creía que la muerte de Cristo era algo muy grande y que sus errores de adolescencia, que eran muchos, no merecían que nadie hubiese padecido por ellos de la manera en la que lo hizo Jesús.

Mas con el transcurso del tiempo, fue teniendo una percepción totalmente distinta de la vida y de la muerte de Cristo. Algo tuvo que ver en ello la película “El Evangelio según san Mateo”, de Pasolini, por una parte, y el disgusto que se lleva una de las hermanas de Patti, que es muy religiosa, cada vez que la cantante sube a un escenario y acomete “Gloria”, por otra.

Ahora, Patti se expresa de manera diferente: «Gracias, gracias, Jesús, porque tu sacrificio salva a las personas que tienen necesidad de ti y te buscan». Y aunque cree que no existe un único sistema religioso, para ella, sin embargo, que sólo acepta el del amor, la plenitud de este se halla en el de Jesús.

No es católica, pero desearía serlo para poder recibir el Cuerpo de Cristo. Considera que las palabras más sublimes de la Biblia son las de la última Cena: «Tomad y comed: esto es mi Cuerpo y esta es mi Sangre, que se ofrecen en sacrificio por vosotros». Estando en París, entró casualmente en la iglesia de Saint Germain des Prés. Celebraban a esa hora la Eucaristía. Patti sintió unos deseos enormes de acercarse a comulgar, pero no lo hizo, por respeto a las normas de la Iglesia. Y descubrió entonces que podía unirse a Jesús, aun sin recibirlo en la boca, por medio de la comunión espiritual, tan recomendada por los místicos cristianos.

Lo de París le ha sucedido en otras ocasiones. Lo cuenta ella misma: «Entro con frecuencia en la iglesia y veo a muchas personas que reciben la Eucaristía. Una parte de mí desea hacerlo, pero respeto las normas de la Iglesia. Para mí, la comunión eucarística es el símbolo de Cristo que se entrega por nosotros y el cuerpo de Cristo está en la hostia consagrada. Encuentro muy bello el ritual de la santa Misa y que se pueda entrar en contacto con Él también espiritualmente, incluso no pudiendo recibir la comunión».

Patti se hallaba en Europa cuando Albino Luciani fue elegido Papa. Siguió el acontecimiento a través del televisor: «Su amor y su humanidad me hicieron llorar y me iluminaron. Cuando sonrió, sentí amor hacia él y la esperanza de que iba a ser un hombre grande. Pensé que era puro de corazón y que se podía sentir esa pureza. Mirándolo, me sentía salvada y supe que podían acaecer cosas maravillosas, y que sería un gran Papa. Cuando murió prematuramente, mi corazón se rompió como si hubiese fallecido alguien de mi propia familia». Piensa en él cuando canta “Wave”.

Y en el Papa Francisco cuando entona “These are the Words”. Patti lo adora: «Le entrego como un don mi amor y mis lágrimas. Le doy las gracias porque cuida de cada uno de nosotros, como se espera de una persona que pertenece a una institución religiosa que aspira a imitar a Cristo. Vigila para que la caridad de san Francisco llegue a los necesitados y en especial a los mendigos. Es el modo más noble de ser imitador de Cristo. Deseo solamente darle las gracias. Estaré con él siempre».

Esas lágrimas de las que Patti Smith habla son de amor y las vierte por Cristo, que murió para salvarla; por su Iglesia, en la que se hace presente en la Eucaristía; y por sus vicarios en la tierra: el Papa, al que venera, y los pobres, a los que Patti ha defendido toda su vida escribiendo y cantando.

Jorge Juan Fernández Sangrador

La Nueva España, domingo 1 de septiembre de 2019, p. 25

«Empecé a estudiar la Biblia cuando era pequeña, en el colegio. Tuve una buena educación religiosa. A los 13 años decidí que no quería una religión en particular ni quedarme atrapada en sus dogmas, pero siempre me ha atraído desde niña el arte religioso, especialmente el del catolicismo, como las pinturas de Giotto de la vida de San Francisco o el San Juan Bautista de Caravaggio. Y sigue teniendo un gran significado para mí. Básicamente, soy cristiana. Me criaron como cristiana, sigo los pasos de Cristo y me interesa lo mejor de cada religión, y me encanta la época de Pascua, pero a mi manera, en mi propia cosmología».

(Patti Smith, en «El Mundo» del sábado, 27 de mayo de 2023)