«Son pocos aquellos que saben penetrar en el espíritu del Precursor. Uno se siente atraído más fácilmente por el espíritu del Discípulo Amado, el que descansó sobre el corazón de Jesús y de cuyo gozo uno desearía tener parte, ¿quién de nosotros no lo ha deseado? Sin embargo, el Bautista permanece a menudo solo. No se entienden ni su fuerza, ni su dulzura, ni su ternura. Están demasiado escondidas y vividas sufridamente. Se pasa a su lado sin conocerlo, porque él mismo se retrae. Pero penetrar en el misterio de su corazón y amarlo… Juan Bautista no descansó sobre el corazón del Maestro, pero lo comprendió e intuyó en su soledad. Lo mostró a otros. No quiso disfrutar de él sólo para sí, sino compartirlo en su delicadeza. Su personalidad era demasiado fuerte; habría turbado la dulce intimidad de Jesús y del Discípulo Amado. Desapareció, contento con su secreto, el de haber intuido el corazón del Maestro, sobre el que otro, menos roto por la vida, pudo descansar.»
Un cartujo
