«Pero donde se inició mi verdadera inclinación hacia la música fue en Covadonga, y eso que casi no me quedo. Tras la selección preliminar por los pueblos de la región había una semana de pruebas donde se confirmaba quiénes se quedaban y quiénes no. El director no me escogió ya que por aquel entonces yo tenía nódulos en las cuerdas vocales, mi voz no funcionaba, aunque el oído y la destreza rítmica parece ser que sí. Con la maleta ya subida en el coche mi padre predijo: ‘Si no selecciona a este niño usted se arrepentirá toda su vida’. No sé qué efecto tuvieron estas palabras pero lo siguiente que oí fue al director decir: ‘Chaval, baja esa maleta’. Y así me quedé. Sin esta crucial decisión yo no podría haber disfrutado durante esos cinco años de cantar la música de Palestrina o de Victoria, ni haber empezado a tocar el violín o conocer a Bach o Beethoven. Pues bien, el año pasado el obispado asturiano se cargó la Escolanía tras ¡80 años de historia!».» (La Nueva España, 8 de junio de 2024).
¿Y no le dará el caletre para entender que, a base de acoger y mantener a quien no valía para cantar, como fue su caso, se ha venido la escolanía abajo? Tenía oído, eso sí, y ritmo, pero no voz para cantar, que es lo que se espera de una escolanía.
Con todo, la Iglesia le dio una aceptable formación musical. Culpa, por otra parte, al obispado sin saber de qué está hablando. El caso es intoxicar. Aunque tal vez tenga razón: igual habría sido mejor cerrar la escolanía antes, total …
Con su coro actúa y hace grabaciones en las iglesias, sin preguntar si se debe algo para poder pagar la luz, y luego promociona con ellas su propio negociado, creyendo, para colmo, que le hace un favor, dándole publicidad, al monumento luciéndose en él.

