Y ahora bodega

Con lo grande que es la plaza, ¿no había otro lugar para poner lo del pimple que no fuese la fachada de un edificio protegido, a saber, el arzobispado? O simplemente: amontonarla a la puerta del bar al que le están suministrando la mercancía. Ahora a esperar que el propietario tenga a bien levantarse de la cama para retirarlo.