¡Oh, luz gozosa de la tarde! ¡Oh, luz inmortal! ¡Oh, luz de la santa gloria!
Y al caer de la tarde, la luz que entra por la puerta de la catedral de Oviedo nos inunda de claridad, de gozo y de esperanza. Allí quedará en reserva, como agua recogida en el pozo, para que no nos entristezcamos. No estaremos, durante la noche, solos, desasistidos, tristes. El que ha dicho «¡Yo soy la Luz!», vive entre nosotros, con nosotros, en nosotros, … en la Iglesia:

La luz entra en nosotros por una puerta ancha, por un ventanal, por una saetera o por una rendija, pero ella sabe cómo abrirse paso.
Tres rayos de la divina Trinidad:

Y nada que ver con esto de ayer en la «Noche blanca»:
