«Aquella esfinge maragata«, Tercera de ABC (29 de julio de 2022), por Martín-Miguel Rubio Esteban, escritor:
«Si Concha Espina no hubiese llevado el más acendrado cristianismo en el alma y sí hubiese sido una patente ‘roja’, ‘La esfinge maragata’ hubiera sido el libro pionero de la novela social en España, y primera muestra de un espléndido feminismo combativo.
Toda la novela es en sí apasionado homenaje a la mujer maragata que, entregada su belleza y juventud al trabajo esclavo incesante y desagradecido, conseguía convertir trozos de las tierras del páramo, en donde aún resuenan los cascos guerreros de la batalla terrible en que el godo Teodorico destruyó las tropas del rey suevo Rechiario, en pequeños edenes de centeno y flores, como este de Valdecruces, topónimo literario bajo el que quizás se esconda el corónimo actual de Castrillo de los Polvazares, aunque no siempre se puede identificar automáticamente la geografía de un universo literario con la realidad ésta por la que andamos.
Es así que es necio buscar, por ejemplo, La Mancha universal de Don Quijote en la de Emiliano García-Page. ‘La esfinge maragata’ es la novela de la dignidad triunfante en medio de la desoladora pobreza y desgracias colaterales.
El párroco de Valdecruces, don Miguel, es el reverso santo del diabólico don Fermín de Pas, de Vetusta, siendo verdadero y humilde apóstol de Jesús y hermano mayor de la aldea. Por otro lado, su relación de amistad con Rogelio Terán, hidalgo montañés, el amor de Mariflor, lo hace elemento fundamental e imprescindible en la trama amorosa, lo mismo que el franciscano fray Lorenzo en ‘Romeo y Julieta’.
Don Miguel es ejemplo del cura que se arruina procurando que no se arruinen sus parroquianos.»
