Nuestro admirado don Gabino Díaz Merchán, arzobispo emérito de Oviedo, manifestó el deseo de que, después de su fallecimiento, se orase por él al Salvador, hacia cuya imagen, cerca del altar de la catedral, se halla orientado el sepulcro en el que espera la resurrección de la carne.
Jesucristo fue el centro de su vida y de su predicación, como puede apreciarse en el rico magisterio pastoral que nos ha dejado por escrito. Bien podría aplicársele aquello que santa Teresa dijo de san Pablo: «que no parece se le caía de la boca siempre Jesús, como quien le tenía bien en el corazón» (Vida 22,7).
De su amor a Cristo emanaba la exigencia de la conversión a la que constantemente nos exhortaba, porque sin purificación y regeneración interior no podría haber jamás autenticidad en nada de cuanto hiciésemos, nos advertía don Gabino.
La reproducción de su retrato, obra, en 2003, del pintor José Pantaleón, acompaña a una oración a Cristo Salvador y Pontífice único de los bienes que esperamos (Hebreos 9,11), para que le conceda, perdonadas sus faltas, estar por siempre con Él, con el Padre y con el Espíritu Santo, en la gloria eterna (Juan 17,24).

«Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo» (Juan 17,24)
Que esté en donde estás Tú.