Recojo el texto en su integridad, tal como aparece en el periódico:
El último viaje de sir John Elliott
Oxford despidió con un bello y solemne memorial al gran hispanista
- ABC (11 de Junio de 2022), firmado por MANUEL LUCENA GIRALDO
OXFORD
Acostumbrados como estamos en España y el mundo hispánico a los funerales que conllevan una operación amnésica inmediata sobre el recién fallecido, se nos olvida que nos referimos a un ser humano, con luces y sombras, que vivirá en nuestra memoria, personal y colectiva. Nada más, ni nada menos. La muerte no es el final, señala la famosa marcha militar española, también una conmovedora oración por los caídos. El tránsito al más allá no supone un salvoconducto. En este sentido, una de las grandes diferencias ante el hecho de la muerte en el norte y el sur de Europa, reside en el sentido del humor.
En Inglaterra, los funerales no solo pueden ir acompañados de sonrisas. Estas deben producirse. Alguien que, con independencia de un paso más o menos feliz por esta tierra, no logre rescatar en la memoria de quienes lo conocieron un recuerdo feliz, no merece, seguramente, semejante esfuerzo por parte de sus deudos. El funeral celebrado ayer en la iglesia de Santa María Virgen de la Universidad de Oxford en memoria del historiador sir John Elliott fue muy inglés. También muy español, por la magnitud, imposible de esconder, de su huella sobre un pasado hispánico que nos afecta y determina.
A las dos y media de la tarde, ni un segundo antes, ni un segundo después, tras unos minutos de música sacra al órgano, el coro formado por 15 estudiantes de los cinco continentes interpretó ‘Tiento de diez tonos de mano derecha’ y ‘Tiento de falsas de cuarenta tonos’, de los compositores barrocos Pablo Bruna, aragonés, y Juan Cabanilles, valenciano. En orden de jerarquía universitaria, los miembros de la facultad y el colegio de Oriel, del cual el profesor Elliott era miembro honorario, desfilaron por el pasillo central. Música protagonista
Familia –en lugar prominente su esposa Oonah, con quien ha vivido un matrimonio feliz de 64 años–, colegas y discípulos, algunos llegados de lejos, llenaban los bancos. Muchos lucían la preceptiva toga universitaria oxoniense. En Gran Bretaña todavía es frecuente en las iglesias católicas la posibilidad de asistir a una misa tridentina. El papel determinante jugado en ella por la música encamina la celebración, que fue cristiana en lo particular, ecuménica en su espíritu. Himnos, cantos, oraciones, consumieron más de la mitad de las casi dos horas que duró el funeral, de modo que, como a él le hubiera gustado, la apelación a lo visual y auditivo formó parte integral de la experiencia de su recuerdo personal. Intentar comprender
En Oxford, las rememoraciones de la figura del fallecido a cargo de catedráticos y profesores son parte sustancial de ceremonias que celebran una vida y una obra que han terminado, pero dejan rastro. Sir Keith Thomas, amigo de Elliott desde la juventud, miembro del colegio de ‘Todas las almas’, puso en valor las decisiones bizarras que tomó, entre ellas dedicarse a estudiar España, lo que fue un severo riesgo para quien quería, en la Gran Bretaña de 1950, vivir de su trabajo. El siguiente ‘Tributo’ a la figura de Elliott lo impartió la actual catedrática regia de Historia moderna de Oxford, Lyndal Roper, que recalcó, con gran acierto, lo que supuso su regreso desde Estados Unidos en 1990 para la renovación local de los estudios históricos. Fernando Cervantes, en el último tributo, recordó con gracia e ironía que leer tan solo un libro de Elliott, ‘La España imperial’, le había evitado, cuando era estudiante, tener que leerse otros treinta. Antes de acabar con la interpretación sublime de una fuga de Bach, sus palabras evocaron el más importante mandato que transmitió a sus discípulos. Ser humano es, al final, mantener la curiosidad, e intentar comprender.
En Inglaterra, los funerales van siempre acompañados de sonrisas. Si alguien no dejase al menos un recuerdo feliz, no merecería tan hermoso esfuerzo por parte de sus deudos
