Luca Lorenz es un joven de dieciséis años que vive en las afueras de Berlín. Se dedica desde hace algún tiempo a la captura de instantáneas fotográficas de la Naturaleza.
Optó, junto a más de mil setecientos fotógrafos, que enviaron dieciséis mil fotografías, al Premio “Memorial María Luisa”, que se otorga en el homónimo certamen internacional de “Fotografía y Vídeo de Montaña, Naturaleza y Aventura”. Luca lo hizo en la categoría de fotógrafos menores de diecinueve años.
Y el jurado decidió concederle el galardón por la fotografía con la que concursó. En ella figura una gaviota, durante una tormenta, en medio de una bandada de estorninos.
La obtuvo en la costa del mar del Norte, en donde se hallaba en compañía de otros jóvenes: «Me concentré en una gran bandada de estorninos que buscaban comida en la orilla. Cuando comenzó a llover de nuevo, la bandada de estorninos voló frente a un acantilado que estaba a la sombra», refiere Luca.
Y prosigue: «Yo los seguía desde el visor de mi cámara cuando, de repente, apareció la gaviota entre ellos. Destacaba perfectamente por el plumaje brillante. Además, el sol ayudaba a iluminar las alas de los estorninos y cada gota de lluvia en un ángulo desde atrás». Y con el contraste del acantilado, haciendo de fondo a los volátiles, hizo la foto que resultó ganadora del “María Luisa”.
Otro observador del vuelo de los estorninos es el italiano Giorgio Parisi, Premio Nobel de Física en 2021, quien se ha concentrado en el estudio del llamado “vidrio de espín”, un sistema magnético sumamente desordenado y, valga la expresión, carente del estado de equilibrio estable.
Y esto es lo que Parisi ha declarado acerca de las coreografías de los estorninos: «Puede servir para entender otras cosas relacionadas. La idea originaria era que el vuelo de estos pájaros tuviera que ver con la idea de “moda”. Como hemos podido averiguar, unos pocos pájaros empiezan a dar la vuelta, y los demás los siguen. Más o menos la misma manera en la que empieza una nueva moda».
Este científico, que nació en Roma en 1948, recurrió en varias ocasiones, para explicar la interacción entre el desorden y las fluctuaciones en los sistemas físicos, desde la escala atómica hasta la planetaria, al vuelo de los estorninos, en que un individuo, a la vista de un predador, cambia el rumbo y, con él, simultáneamente, toda la bandada, que se reorganiza de inmediato y dibuja en el cielo bellísimas y variadas formas geométricas.
Se cree que funciona a base de una comunicación eficacísima, de un bajo rumor que un estornino hace llegar a sus siete vecinos más próximos y éstos a los siete que vuelan junto a cada uno de ellos, hasta alcanzar a los últimos de la colonia, que reaccionan casi al unísono con el primer emisor.
Así que cuando veamos a los estorninos realizar, en el cielo, sus acrobacias impredecibles, sincronizadas, rápidas y gráciles, consideremos que son así también las relaciones de la materia, que estudian los físicos, y las humanas, en las que nos hallamos involucrados todos, y que en donde parece que reina el desorden, la mutabilidad y la improvisación existe igualmente, a su manera, orden, estabilidad y método.
Y, en no pocas ocasiones, sucede, en los movimientos sociales, lo mismo que en esas bandadas de pájaros: uno da la voz y todos cambian de rumbo inopinadamente. Son las consignas.
No es de extrañar, pues, que quienes extrajeron derivadas de la observación de las coreografías aéreas de los estorninos, las asociasen primeramente a la moda, de la que Oscar Wilde decía que, como es de una fealdad tan intolerable, nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses.
Y las modas no son solamente las que se refieren al vestir, al comer o al viajar, sino también a otros hábitos, inducidos por el casi inaudible rumor que no dejan de proferir los instigadores de nuevas ideologías, construidas para desbancar a las anteriores y con voluntad de permear la integridad de un sistema, así como de sus correspondientes relatos.
Jorge Juan Fernández Sangrador
La Nueva España, domingo 20 de marzo de 2022, p. 22-23



Fotografía realizada por Luca Lorenz y ganadora del Premio «Memorial María Luisa» para fotógrafos menores de diecinueve años