Academia Dominicana de la Lengua

La Academia Dominicana de la Lengua fue creada en 1927 por iniciativa del arzobispo de Santo Domingo, monseñor Adolfo Alejandro Nouel, quien, con la colaboración de once personalidades de la sociedad dominicana, puso las bases de la corporación que actualmente tiene su sede en la casa de la calle Mercedes, número 204, en la zona colonial de la capital de la República. Su lema es “La lengua es la patria”.

A ese hermoso edificio, otrora residencia del presidente Ulises Hilarión Heureaux Lebert, se lo conoce también como Casa de las Academias, pues en él tienen su domicilio social, junto a la de la Lengua, también la de la Historia y la de Medicina.

La Academia Dominicana de la Lengua es, desde 1931, correspondiente de la Real Academia Española y, desde 1960, miembro de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), a la que pertenecen otras veintidós, entre las que figuran, fuera del continente americano, la española, la filipina y la ecuatoguineana.

La Dominicana cuenta, en la actualidad, según el Boletín de la Academia del pasado mes de febrero, con veinticuatro académicos de número y cincuenta y siete correspondientes, treinta y siete nacionales y veinte extranjeros. Hay, en ambas categorías, varios españoles. Entre los correspondientes extranjeros se halla el asturiano Víctor García de la Concha, ex director de la Real Academia Española y promotor de determinantes labores realizadas conjuntamente por las academias que componen la ASALE.

Desde sus inicios, la Academia Dominicana de la Lengua se trazó el objetivo de cultivar el estudio del español como fundamento de la cultura nacional y el fomento de una literatura local imaginativa, excelente, vigorosa y múltiple en sus modalidades y formas. A esta línea fundamental se ha añadido la vigente hoy en casi todas las academias: la de la valoración del léxico propio del país como legítima variedad de la lengua española. 

En 2013, la Academia publicó el “Diccionario del español dominicano”, con cerca de once mil voces, casi catorce mil acepciones y más de cuatro mil locuciones. Una obra magna que fue posible gracias a la meticulosa indagación y sistematización de palabras por parte de buenos filólogos y el mecenazgo de una entidad plenamente comprometida con el idioma en la República Dominicana y, por ende, con la Academia: la Fundación Guzmán Ariza Pro Academia Dominicana de la Lengua.

Bajo su patrocinio se han confeccionado y editado otros dos diccionarios: el de frases y el de refranes. Contribuye, además, con partidas económicas, a la financiación de premios a lingüistas, la adquisición de libros para la biblioteca, la dotación de recursos electrónicos, el asesoramiento gramatical a instituciones del Estado o a la creación de programas de ayuda a empresas o a medios de comunicación social con el fin de que hagan un buen uso del español.

La obra que la Academia realiza es admirable y puedo atestiguar, porque he conocido otras de la Lengua fuera de España, que la Dominicana es de las más activas y constantes en el servicio a nuestro idioma, así como a sus expresiones locales. Tiene por guía al doctor Bruno Rosario Candelier, su director, y cuenta con la colaboración de un extraordinario equipo de lingüistas, filólogos, lexicógrafos y literatos, que se dedican cualificada y amorosamente a conocer, preservar y glosar todas y cada una de las palabras que conforman la Lengua española en Quisqueya.

Jorge Juan Fernández Sangrador

Miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua

La Nueva España, domingo 6 de marzo de 2022, p. 44