Desde que la escuche por primera vez, la canción “Nomadi” (Nómadas), de Franco Battiato, no ha dejado de acompañarme. La tengo incluso en el perfil de wasap: «Nómadas que buscan los ángulos de la tranquilidad en las nieblas del Norte y en los tumultos de la civilización, entre los claroscuros y la monotonía de los días que pasan. Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo, la encontrarás al final de tu camino».
Y en una tarde brumosa de agosto, en 2017, en el convento de monjas carmelitas de la calle Bovenstestraat 48 de Echt, Holanda, del que santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) y su hermana Rosa salieron para ser llevadas a un campo de concentración en otro mes de agosto, de 1942, escuché con gran sentimiento, a través del smartphone, la canción “Il Carmelo di Echt”, que, compuesta por Roberto Juri Camisasca, interpretó y grabó Battiato:
«Y para vivir en soledad, en la paz y en el silencio, en los confines de la realidad, mientras en Auschwitz soplaba fuerte el viento y ventilaba la piedad, has dejado las cosas del mundo, el pensamiento profundo de los vuelos insondables, por una luz que sentías dentro, las verdades invisibles. ¿En dónde estará Edith Stein?».
Y hace unas semanas, durante el viaje del Papa a Iraq, muchos recordamos aquella actuación de Franco, en 1992, en el Teatro Nacional Iraquí de Bagdad, cuando cantó en árabe “L’ombra della luce” (Sombra de la luz): «Defiéndeme de las fuerzas contrarias, por la noche, en el sueño, cuando no soy consciente, cuando mi sendero se hace incierto. ¡Y no me abandones nunca!».
Y tal vez por el enunciado del título, en esta hora del despertar a una nueva vida, tras su muerte, acaecida en la mañana del lunes, no deja de circular por las redes el vídeo en el que Battiato se emocionó ante Juan Pablo II, en el Aula Pablo VI del Vaticano, en 1989, al cantar “E ti vengo a cercare” (Vengo a buscarte): «Y te vengo a buscar, aunque sólo para verte o hablar, porque necesito tu presencia para entender mejor mi esencia».
En aquella actuación en presencia del Papa, el momento de mayor intensidad fue cuando entonó la estrofa: «Emanciparme del ensueño de las pasiones, buscar el Uno por encima del bien y del mal, ser una imagen divina de esta realidad». Llegado a este punto, le resultó imposible proseguir. Hasta que recuperó el aliento.
Y cuando hizo la presentación de la primera grabación discográfica de la “Messa arcaica”, confesó: «Más allá de las diferencias formales, aquello que encuentro invariablemente presente en todos mis trabajos, desde los más vanguardistas, en los años setenta, hasta mi ‘Misa arcaica’, es la búsqueda constante de la belleza, la armonía, la fluidez de las soluciones que se mueven dentro del lenguaje previamente elegido».
Porque, para poder comunicar tantas irisaciones como se contenían en su interior, Franco Battiato necesitó, en efecto, recorrer todo un camino de belleza, «nell’attesa del risveglio», esperando el momento del despertar, que, al fin, le ha llegado, a los 76 años de edad, en Villa Grazia, su casa de Milo, en el Parque del Etna.
Jorge Juan Fernández Sangrador
La Nueva España, domingo 23 de mayo de 2021, p. 37
